Todos nuestros actos son, en definitiva, una búsqueda de algo que nos hace falta. ¿Por qué llamamos por teléfono, mandamos mensajes, nos visitamos, nos hablamos, emprendemos proyectos, queremos aprender? La razón es que sentimos en nuestras vidas una ausencia, un vacío muy profundo, cuyo origen desconocemos que nos hace estar siempre en movimiento.

Esa búsqueda es de plenitud, de felicidad, de alegría, es decir de un “estar bien”, de serenidad y tranquilidad con nosotros mismos, con los demás y con la naturaleza. Esa búsqueda es de nunca acabar. El finito busca al infinito. Ese infinito es Dios porque es la suma verdad, el sumo bien, el sumo amor.

Recuerdo que fui a visitar a una mujer con un cáncer muy agresivo por lo que le quedaban pocas horas de vida. Me pidió, por favor, que le cerrara la ventana de su pieza porque entraba viento y se podía resfriar.

Al final nos pasamos la vida buscando y no siempre encontramos el sosiego que quisiéramos en nuestras vidas. Muchas veces estamos llenos de contradicciones y llegamos, incluso a pensar ilusionados, que encontraremos aquello que intuimos que nos hace falta en los excesos de todo tipo y que tanto mal nos hacen.

La frustración es terrible y dolorosa. Así se explican los compradores compulsivos, los ludópatas, los avaros y las adicciones de todo tipo.

¿Cuántas veces hemos estado ilusionados esperando que nos llegue un bien de cualquier tipo y cuando llega al par de días ya no nos interesa? ¿Cuántas cosas que se supone “iban a hacernos tan felices” o nos “iban a cambiar la vida”, están arrumbados en una bodega y no sabemos como deshacernos de ellas?

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Gato por liebre Domingo 26 Noviembre, 2023 | 10:00

Muchas veces creemos que es cosa de seguir buscando hasta encontrar. Así llegamos a viejos y vemos que poco o nada ha pasado. ¡El ser humano no se puede dar plenitud a sí mismo! De ahí la relevancia de Navidad.

Navidad es el regalo de Dios al mundo, el regalo definitivo que le da pleno sentido a nuestra vida, que nos dice quiénes somos y el camino a seguir para ser felices, bienaventurados, dichosos.

Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre y se constituye en la respuesta definitiva a todas nuestras inquietudes y preguntas. Él es una luz que nos ilumina el camino sin encandilarnos. Él, Jesús en el pesebre es la gran novedad que Dios le trae al mundo, pues Su persona, Su vida y Su enseñanza nos abre un nuevo modo de vivir y de pensar.

Su horizonte es trascendente y paradójico a la vez. En efecto, nos dice que es mejor dar que recibir. El hombre se realiza como tal cuando se descentra y da la vida por los demás y vive siempre con la conciencia de hacerle a los demás lo que quisiera que le hicieran.

Y sobre todo, nos dice que la muerte ha sido vencida, pues Jesucristo al dar la vida por cada uno de nosotros venció la muerte y nos ofrece vida eterna. En Él encontramos la plenitud del amor que tanto buscamos porque Dios es amor.

Es lamentable que este hermoso y potente mensaje de Navidad esté tan contaminado por un consumo exacerbado cuando el gran regalo que necesitamos hoy en Chile es más amor, más fraternidad, más capacidad de entender al otro sin prejuicios, más sentido de la vida y sentido de comunidad.
No caigamos en la trampa y quedémonos con lo mejor de Navidad, el nacimiento de Jesús y compartiendo esta buena noticia con la familia con sencillez y mucho amor.

Les deseo a todos una feliz Navidad. Pidámosle a Jesús nos regale más humildad y más profundidad para comprender a los demás, no juzgar y siempre ser un constructor de justicia y de paz.
Que nos regale también vivir en paz, ser más felices y solidarios. En definitiva ser auténticamente humanos porque para eso hemos sido creados.