Estos avances no implican que la tarea esté cumplida ni autorizan lecturas parciales de los resultados.

Esta semana el Estado de Chile presentó los resultados de la Encuesta Casen 2024, el principal instrumento con que el país mide la pobreza y las condiciones de vida de su población.

El resultado central es claro: la pobreza en Chile ha disminuido, incluso bajo una metodología más exigente. En concreto, la pobreza por ingresos se ubicó en 17,3% en 2024, lo que implica que cerca de 600 mil personas salieron de la pobreza respecto de la medición anterior.

Esta actualización metodológica eleva el estándar con el que Chile decide mirarse y busca contar con mejores datos para orientar mejores políticas públicas.

Medir la pobreza es una decisión relevante de política pública, porque expresa qué entendemos por una vida digna y qué responsabilidades asumimos como Estado frente a las desigualdades.

Estos resultados deben leerse en su contexto. Tras la pandemia, un período de alta inflación y un escenario internacional adverso, el país logró estabilizarse, recuperar el crecimiento y retomar una trayectoria de reducción de la pobreza. La evidencia que entrega la Casen muestra que este avance no se explica por un solo factor. El crecimiento económico es fundamental para enfrentar la pobreza, pero por sí solo no basta.

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La encuesta confirma que el fortalecimiento de las políticas sociales ha sido igualmente decisivo. Crecimiento económico y protección social no son dimensiones contradictorias, sino complementarias.

La evidencia de la Encuesta Casen muestra que una protección social robusta permite que el crecimiento se traduzca en bienestar efectivo, especialmente en contextos de mayor vulnerabilidad. En coherencia con lo anterior, la encuesta muestra una disminución de la pobreza multidimensional, que se reduce de 20% a 17,7%, reflejando mejoras en diversos grupos de la población.

La medición también revela un cambio en la composición del primer decil de ingresos, hoy con mayor presencia de personas mayores.

En este tramo, la menor incidencia de ingresos laborales se explica, en buena medida, por la existencia de apoyos del Estado como la Pensión Garantizada Universal, que aseguran ingresos sin obligar a las personas mayores a seguir trabajando para subsistir. Este efecto debiera profundizarse en el tiempo, considerando que esta medición aún no alcanza a reflejar plenamente el impacto de la reforma de pensiones.

Estos avances no implican que la tarea esté cumplida ni autorizan lecturas parciales de los resultados. Persisten brechas que exigen seguir fortaleciendo la protección social y cuidando la Casen como patrimonio estadístico del país, condición necesaria para sostener en el tiempo la reducción de la pobreza y traducir el crecimiento en bienestar para las personas.