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"16 hueones contra 2": los chats y testimonios que hicieron caer a acusados del homicidio de Cristóbal

Miércoles 07 enero de 2026 | 17:26
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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Durante el funeral de Cristóbal en el Parque San Pedro, a 14 km de distancia, dos de sus agresores eran formalizados por homicidio simple. Los abogados alegaban una simple riña, pero las pruebas de momento muestran una planificación en un grupo de Instagram para "dejarlos vegetales". Cristóbal sufrió golpes brutales, resultando en lesiones cerebrales irreparables. Los agresores eliminaron los mensajes, pero uno los entregó a la policía. Finalmente, Luciano Gutiérrez y Agustín Saavedra fueron formalizados por homicidio calificado.

La Unidad de Investigación de Bío Bío accedió a los testimonios que reconstruyen los hechos de la madrugada del 1 de enero en el Espacio Marina, en Talcahuano. Esa noche Cristóbal Miranda de 20 años murió golpeado por un grupo que había juramentado cobrar venganza en su contra. "Hoy día quedan vegetales", expone uno de los mensajes. Entre el cúmulo de evidencias también figuran chats que intentaron ser borrados por los implicados pero que ahora reproduce íntegramente este medio. Hoy, su familia y amigos lloran la pérdida de "un hombre de fe", como lo reconocían. Esta es su historia.

—Hoy nos reunimos para dar el último adiós terrenal a Cristóbal, un joven de tan solo 20 años, nacido en Coronel y vecino de San Pedro de la Paz (…) Conforme a la fe evangélica que nos recuerda que la muerte no es el final, sino el comienzo de la vida eterna junto a Dios.

Con esas palabras daban inicio al funeral de Cristóbal Miranda Olivares en el Parque San Pedro. La iglesia estaba llena. Algunas personas tuvieron que quedarse afuera. La ceremonia arrancó con una reflexión bíblica: Juan 11:25. “Yo soy la resurrección y la vida”. Lo siguiente, fueron las palabras. Sus amigos, su mamá y hasta su pastor contaron un poco de él.

Todos coincidieron en que Cristóbal era un ser de luz y que su presencia llenaba cualquier lugar de alegría. Su fe inquebrantable marcaba la vida de quien se cruzara en su camino. Carlos Gallardo rememora. La primera vez que se topó con él fue el 4 de febrero de 2025, cuando ambos ingresaron a la escuela de Carabineros.

—Él era el ejemplo de la fe en la escuela. Yo lo veía arrodillarse a la orilla de su cama antes de ir a dormir o antes de exámenes importantes —cuenta a Bío Bío Investiga.

Ignacio Vera también fue su amigo. Los dos estudiaban en el Colegio Concepción. Recuerda que desde un principio les confesó que era “un hombre de Dios”. Siempre tenía su cruz y oraba por ellos. Cuando sus amigos le contaban sobre los problemas de salud de su familia, Cristóbal los ponía en sus oraciones.

—Cristóbal es muy bacán. Es de esos amigos que siempre te quieres juntar con él, que siempre está en los planes porque nunca te imaginas un ambiente bacán sin él. Es un amigo de los cuales siempre voy a admirar, el amigo que uno quiere ser.

Lo que la mayoría destacó fueron sus valores y convicciones claras. Era apasionado y defendía con ímpetu sus opiniones. Era risueño. Cuando su madre Carolina Olivares habló de él, dijo que “se hacía notar sin esfuerzo”.

—Como mamá, puedo decir que él me enseñó más de lo que yo logré enseñarle. Me enseñó paciencia, valentía, entrega y también humildad. Me mostró que el amor verdadero no se exige. Que la presencia vale más que cualquier palabra, que para vivir feliz debo estar tranquila. Mi hijo fue luz, fue risa, fue amistad, fue aprendizaje, fue desafío y fue orgullo —narró en el funeral.

El VIP

El 31 de diciembre de 2025 Cristóbal cenó con su familia. Tenía planeado irse después de las doce con su hermano y un grupo de amigos a la fiesta Lion Dubai en Espacio Marina. Era un plan que tenían de hace rato.

T., uno de los testigos y amigo de Cristóbal, contó que llegaron cerca de las 02:00 de la madrugada. Se habían juntado antes en casa de un amigo para hacer la previa.

El Espacio Marina estaba dividido en dos: el área común y el VIP. Fue en este último punto donde Luciano Haroldo Gutiérrez Romero y Agustín Pablo Saavedra Opazo se encontraron con Cristóbal, en un piso de tierra y con escasa luminosidad.

Arrodíllate y pídeme perdón —le ladró Agustín, según contó T. Luciano, que estaba a su lado, lo respaldó.

Según testigos, lo que vino después ocurrió muy rápido. Luciano y Agustín agredieron a Cristóbal. Un golpe lo arrojó al suelo. Luego vinieron otros amigos de los agresores para patearlo en el piso. Cristóbal estaba en el suelo sin poder defenderse. Lo único que logró hacer, a duras penas, fue cubrirse la cara.

Luciano —según explicó su abogado en la audiencia de este martes— reconoció haber golpeado a Cristóbal, pero negó que esto le causara la muerte. Fueron tres golpes en el mentón, según su versión.

T. relató que cuando intentó separar la pelea, Cristóbal estaba todo ensangrentado. Lo ayudó a levantarse y lo sentó en una silla.

—Ayuden a mi hermano Vicente —dijo Cristóbal antes de desvanecerse completamente.

L. fue otro testigo. Llegó con su polola y se encontró con amigos que se fueron al VIP cerca de las 3:15. Mientras estaba en la fila vio que dos personas estaban discutiendo.

—Vi que sorpresivamente le llegó un palmetazo en la cara —declaró respecto de Cristóbal.

Y aunque no reconoció quiénes habían causado la agresión, coincidió en que la víctima perdió el equilibrio tras ese primer golpe. Lo que vino —según su testimonio— fue lo mismo: patadas y combos mientras Cristóbal estaba en el suelo.

El origen

De acuerdo con información recabada por la Unidad de Investigación de Bío Bío, el origen de la pelea se remonta al 19 de diciembre recién pasado. Hay voces que apuntan a que ese día en Foret, una conocida disco de Concepción, Cristóbal y su hermano Vicente tuvieron un encontrón con sus posteriores agresores. Si bien la razón no está clara, conocedores de la materia sostienen que se pudo deber a que la víctima defendió a una mujer que estaba siendo molestada por el grupo de los imputados.

En su declaración ante la fiscalía, Vicente Miranda Olivares, hermano de Cristóbal, confirmó la existencia de ese pleito discotequero. Eso sí, contó que desde entonces Cristóbal había intentado aclarar que no tenía ningún problema personal con Agustín.

Ese día en la fiesta de año nuevo se toparon por primera vez en la entrada del recinto. Vicente contó que ni siquiera se saludaron. Después, en la barra de tragos del VIP, Luciano y Agustín lo encararon, contó. Según el hermano de la víctima, lo confrontaron en manada: entre 10 a 15 personas, quienes le “hablaban prepotentemente”. Querían obligarlo a que se arrodillara y que le pidiera perdón.

Tokyo Manji

A la toma de declaración de testigos, el OS9 y el Ministerio Público sumaron el levantamiento de información desde redes sociales. Según descubrieron los investigadores, liderados por el fiscal Juan Yáñez Martinich, los imputados compartían un grupo de Instagram bautizado como Tokyo Manji. El nombre del chat hace alusión al anime homónimo (también conocido como Tokyo Revengers) que narra la vida de un grupo de pandilleros dedicados a golpear y cobrar venganza contra una banda contraria.

Y si bien los implicados intentaron borrar los mensajes alojados en la conversación, uno de sus participantes —quizá asustado de verse involucrado en el homicidio— envío pantallazos de estos a Carabineros. Lo hizo a través de la Comisaría Virtual. Su contenido más tarde sería ratificado a través del levantamiento del celular de otro de sus participantes, quien, en calidad de testigo, se ofreció para ayudar.

—Wn. Ustedes dicen dónde y yo voy de Hualqui a pegarle. Y me pido un Uber para allá desde el centro —escribió la noche de los hechos uno de los participantes.

Cuando los veamos en la disco 16 hueones contra los dos. No toi ni ahí (sic) —retrucó otro.

—Y yo soy hijo de ratti y ex fach así q no webee —opinó un tercero.

—Hoy día quedan vegetales, agregó el usuario “vichooms” antes de enviar una foto de Cristóbal y otra de su hermano al grupo.

El intercambio de mensajes terminó con uno de los involucrados diciendo “hoy nos pitiamos a los Miranda.”

—Hoy va a salir uno del team Miranda —expone el último pantallazo.

“¿Puede matar a alguien?”

En la sala del tercer piso del juzgado, Luciano y Agustín estaban acompañados solo por sus abogados. En la explanada del primer nivel, en tanto, familiares esperaban nerviosos el resultado. Pedían que “se investigara bien”. Aseguraban que hubo una “exageración” de los antecedentes”. Que los imputados que allí estaban detenidos, en realidad, no causaron la muerte de Cristóbal, sino que fueron “otros”. Otros que no están engrillados en el banquillo de los imputados.

Al mismo tiempo, dentro de la sala, los defensores privados también argumentaban que si bien sus representados iniciaron la gresca, nunca hubo una agresión planificada. Menos que se tratara de un ataque sobreseguro, como planteó el fiscal Yáñez en su alocución. Más bien, expusieron, fue una pelea entre grupos. Una riña.

Andrés Cruz, el abogado de Agustín, sostuvo que su cliente estaba ahí sólo por la necesidad del Ministerio Público de “mostrar resultados”. Que todo se trataba de una investigación apresurada y desprolija. Citó las mismas y otras declaraciones contenidas en el expediente judicial. Por ejemplo, la del organizador de la fiesta, Marco Bofi, quien aseguró que “constató un altercado entre un grupo de individuos”. Ergo, no hubo un ataque orquestado con antelación, dijeron los abogados.

En esa línea, ambas defensas alegaron que sus clientes también fueron golpeados. Y agregaron que la expresión “matar” de los chats en realidad se refería a “golpear”. Por lo demás, acotaron, los imputados han ayudado en la investigación.

En su intervención, el abogado de la familia de la víctima, Remberto Valdés, contratacó. Pidió desestimar una colaboración sustancial de los implicados:

—Han entregado medias verdades o mentiras absolutas. Este es el silencio propio de una organización. Si no, habrían entregado los nombres de los otros involucrados —cuestionó.

¿Los vamos a mandar a clases de ética, su señoría? —retrucó por su parte el fiscal Yáñez.

El persecutor sostuvo que están buscando a los agresores que quedan por identificar. Ellos, dice Yáñez, “deberían estar esperando el avance de la investigación del Ministerio Público”.

Lenguaje de jóvenes

Pese a los argumentos de los letrados, la jueza Andrea Rodríguez Ferrada resolvió dejar a Luciano Gutiérrez y Agustín Saavedra en prisión preventiva. Consideró que la libertad de los imputados constituye un peligro para la seguridad de la sociedad y para el éxito de la indagatoria.

Eugenio Arriagada, defensor de Luciano, calificó como “una exageración” las evidencias presentadas durante la instancia que se extendió por más de seis horas:

—Quiero ser franco con ustedes. Hay, tal vez, media docena o más personas que en este momento no están respondiendo ante la justicia (…) Han pintado a estas personas como si fueran los integrantes un grupo gansteril, un grupo mafioso de gente que produce problemas y comete delitos y causa daños. Creo que eso es tan exagerado como proponer que es un homicidio calificado. Había un grupo de Instagram, pero no son neonazis, para nada.

Para Andrés Cruz, defensa de Agustín, tienen que existir distintos elementos para afirmar que existió premeditación. A juicio de él, esos elementos, en este caso, no existen. Respecto del lenguaje que ellos usaron por Instagram, sostuvo que hace alusión a “expresiones que usan los jóvenes”.

—Agustín no intervino en los golpes que le ocasionaron un traumatismo craneoencefálico que le provocaron la muerte. Esa noche hubo muchas personas que se golpearon entre ellas —aseguró.

Un ángel por veinte años

Requerido por esta Unidad de Investigación, Marco Bofi, organizador de la fiesta que prometía seguridad con Inteligencia Artificial, respondió que todo lo que tuviera que decir, lo diría a las “instancias pertinentes”.

“Todos nuestros antecedentes se han entregado desde el primer momento al OS-9 de Carabineros y lo que ellos necesiten, ahí estaremos para ayudar en este doloroso problema efectuado por un par de ex amigos que venían hace días con esta rencilla. No me cabe la menor duda que la fiscalía hará su trabajo y determinará la responsabilidad de quienes correspondan”, dijo.

Uno de los amigos de Cristóbal presente en la fiesta relata que el recinto no contaba con camilla, ni ambulancia, ni primeros auxilios. De hecho, afirma que los guardias del sector comenzaron a agredirlo a ellos.

—El local se portó pésimo. El guardia jefe se portó horrible, le preocupaba más que sacáramos a Cristóbal del local para que no interfiriera con la gente y con la fiesta —critica.

Cristóbal después de desvanecerse en la silla, fue llevado por sus propios amigos a la clínica Bío Bío. Personal médico intentó por todos los medios salvarle la vida, pero murió casi 72 horas después del ataque.

—Yo no lo vi… pero mi niño fue un ángel por veinte años. Un ángel con uniforme, con sueños, con fe. Un ángel que caminó por este mundo haciendo el bien, hasta que Dios decidió llamarlo de vuelta —reza una carta que su abuela, Elsa Sagredo Villagrán, compartió con Radio Bío Bío.

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