Este jueves 5 de febrero marca el fin de una era en la arquitectura de seguridad global. A las 00:00 GMT (21:00 hrs de Chile del miércoles) expiró oficialmente el tratado Nuevo START, el último acuerdo de no proliferación nuclear vigente entre Estados Unidos (EEUU) y Rusia, dejando a las dos mayores potencias atómicas del planeta sin límites jurídicamente vinculantes sobre sus arsenales estratégicos.
Con el término del acuerdo, Moscú y Washington dejan de estar obligados a respetar topes al número de ojivas nucleares desplegadas y a los mecanismos de verificación mutua que habían sido pilares del control de armamentos desde el final de la Guerra Fría. Ambos países concentran más del 80% de las armas nucleares existentes en el mundo.
El secretario general de la ONU, António Guterres, calificó la expiración del tratado como un “momento grave para la paz y la seguridad internacional”, advirtiendo que el riesgo de uso de un arma nuclear es hoy “el más alto en décadas”. En un comunicado, instó a Estados Unidos y Rusia a volver “sin demora” a la mesa de negociaciones para acordar un marco sucesor que evite una escalada estratégica.
Firmado en 2010, el Nuevo START limitaba a 1.550 las ojivas nucleares estratégicas desplegadas por cada parte, lo que supuso una reducción cercana al 30% respecto de los límites fijados en 2002. El acuerdo también contemplaba inspecciones in situ, aunque estas quedaron suspendidas en 2023 en medio del deterioro de las relaciones bilaterales, según destaca Deutsche Welle.
La posibilidad de una prórroga quedó definitivamente atrás pese a señales previas. En septiembre de 2025, el presidente ruso, Vladímir Putin, propuso extender el tratado por un año, iniciativa que su par estadounidense, Donald Trump, calificó entonces como una “buena idea”, pero que no tuvo continuidad desde Washington.
Este miércoles, Rusia dio por terminada formalmente su vinculación al acuerdo. “Asumimos que las partes del Nuevo START ya no están ligadas a ninguna obligación”, señaló el Ministerio de Relaciones Exteriores ruso. No obstante, el Kremlin intentó matizar el mensaje: tras una conversación con el presidente chino, Xi Jinping, Putin aseguró que Moscú actuará “con prudencia y responsabilidad” y que sigue abierta a negociar para garantizar la estabilidad estratégica.
Desde Estados Unidos, la reacción ha sido cautelosa. El secretario de Estado, Marco Rubio, evitó adelantar la postura que adoptará la Casa Blanca, aunque reiteró que para la administración Trump cualquier nuevo esquema de control de armas debe incluir a China, cuyo arsenal nuclear —según Washington— crece de forma rápida y sostenida.
Las alertas se multiplicaron a nivel internacional. El papa León XIV advirtió sobre el riesgo de una “nueva carrera armamentística” y llamó a no dejar caer el tratado sin un reemplazo “concreto y eficaz”. En Europa, Francia —la única potencia nuclear de la Unión Europea— instó a Estados Unidos, Rusia y China a trabajar por un sistema internacional de control de armamentos, aunque responsabilizó directamente a Moscú por el deterioro del marco normativo.
Desde la sociedad civil, la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN) emplazó tanto a Washington como a Moscú a comprometerse públicamente a respetar los límites del Nuevo START mientras se negocia un nuevo acuerdo.
La expiración del tratado nuclear entre EEUU y Rusia no solo cierra un capítulo clave del desarme nuclear, sino que deja al mundo ante un escenario inédito en décadas: por primera vez desde los años setenta, no existe ningún acuerdo que limite las armas nucleares estratégicas de las dos principales potencias del planeta.