Es deseable que el aprendizaje adquirido nos haga transitar hacia una coherencia estratégica, comprendiendo que prevenir siempre será más eficiente que tratar y anticiparse puede ser más costo-efectivo que reaccionar.

Las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadísticas no son solo un dato demográfico, son una alerta estructural y social para nuestra sociedad.

Sí, Chile se está envejeciendo más rápido de lo previsto: caen los nacimientos, aumenta la esperanza de vida y crece sostenidamente la proporción de personas mayores de 60 años. Para el año 2070, este segmento de edad representará el 50,7% de la población total de casi 17 millones de personas proyectada para ese año, de acuerdo con datos del INE.

¿Afectará esto al sistema sanitario? Por supuesto. Más envejecimiento significa más enfermedades crónicas, más medicamentos, más hospitalizaciones, mayor uso de camas críticas, más dependencia y, por supuesto, mayor presión fiscal. La manera en que abordemos como sociedad este nuevo escenario requiere de inteligencia y capacidad estratégica para anticiparnos, entendiendo que más presupuesto no será la solución.

Lecciones sanitarias aprendidas

Y si bien, hablar de envejecimiento poblacional y poner como ejemplo una estrategia enfocada en recién nacidos podría parecer paradójico a primera vista, es justamente ahí donde está la lección para nuestro país: si queremos contar con un sistema sanitario sostenible y dotado de políticas públicas exitosas, debemos entender la prevención no como un gasto, sino como una inversión.

En ese contexto, Chile dio una señal potente con la implementación universal del anticuerpo monoclonal Nirsevimab para prevenir el Virus Respiratorio Sincicial (VRS) en recién nacidos y lactantes.

Una política pública, destacada de manera reciente en la prestigiosa revista científica The Lancet Regional Health – Americas, que ha logrado proteger la vida de más de 300.000 recién nacidos y lactantes durante sus dos años de implementación, reduciendo a cero las muertes en menores por VRS. La estrategia también disminuyó las hospitalizaciones, los ingresos a unidades críticas y le quitó presión al sistema de salud durante el siempre tan desafiante periodo invernal.

Junto con esto, se generó otro componente muy relevante para el país: el ahorro fiscal. De acuerdo con estimaciones del Instituto Sistemas Complejos de Ingeniería (ISCI), la implementación de Nirsevimab y su excelente cobertura, permitió disminuir los costos asociados a urgencias, hospitalizaciones, días cama UCI, entre otros. El resultado: un beneficio neto de 17 millones de dólares en 2024, incluso después de considerar el costo total de la estrategia del anticuerpo monoclonal. En 2025, el efecto sería aún más significativo con 23 millones de dólares.

En términos simples: la incorporación del Nirsevimab al Programa Nacional de Inmunizaciones (PNI) no solo salvó vidas, también generó un ahorro sanitario y un retorno económico positivo para el Estado. Los próximos pasos de esta implementación deben apuntar a evaluar la ampliación de los grupos objetivos ya priorizados en la estrategia y revisar resultados/efectividad de la vacunación materna contra el VRS.

La pregunta inevitable: ¿y los adultos mayores?

En adultos mayores de 60 años el VRS también es una causa relevante de hospitalización tal como lo es en lactantes, pudiendo provocar neumonías graves, bronquiolitis, descompensaciones de enfermedades crónicas, ingresos a UCI y aumento de mortalidad.

En un país que envejece aceleradamente, el VRS en adultos mayores no es un problema que se acota sólo al invierno, es un factor que tensiona las camas críticas del sistema público, retrasa las cirugías programadas y eleva el gasto hospitalario, entre otras consecuencias.

Lee también...

Chile ya demostró, de manera elocuente, que puede liderar en la región estrategias de prevención basadas en evidencia. Hoy corresponde analizar seriamente la incorporación progresiva de la vacunación contra VRS en adultos mayores dentro del sistema público, enfocándose de manera inicial en grupos de mayor riesgo, aplicando el mismo rigor técnico: evidencia robusta, evaluación de la carga de la enfermedad, el impacto en hospitalizaciones, su costo-efectividad y potencial ahorro en días cama crítica.

Es deseable que el aprendizaje adquirido nos haga transitar hacia una coherencia estratégica, comprendiendo que prevenir siempre será más eficiente que tratar y anticiparse puede ser más costo-efectivo que reaccionar.

Porque en un Chile que envejece (qué duda cabe), la sostenibilidad del sistema no dependerá solo de cuánto gastamos, sino de cómo decidimos invertir. La transición demográfica ya comenzó y nos obliga a preguntarnos si tendremos la misma audacia preventiva con nuestros adultos mayores.