La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, encara las elecciones anticipadas del domingo con un panorama económico complejo en el país, que tras dejar atrás décadas de deflación encara el problema opuesto, una inflación persistente que supera a las subidas salariales, a lo que se suma un yen debilitado por su postura fiscal expansiva que añade presión.
Takaichi, que llegó al cargo el pasado mes de octubre tras un relevo en la cúpula del gobernante Partido Liberal Democrático (PLD) a raíz de la dimisión de su antecesor, Shigeru Ishiba, anunció poco después un paquete de estímulo de 21,3 billones de yenes (unos 115.700 millones de euros) para abordar la subida de precios, mientras busca reconducir la economía nipona hacia el crecimiento.
La inflación del país asiático se situó durante los meses de 2025 alrededor del 3%, mientras que los salarios reales cayeron en el último año, pese a que patronal y sindicatos pactaron en los últimos años las mayores subidas salariales en décadas, superiores al 5%, que no han llegado a materializarse entre las Pymes.
Las Pymes son clave
Las pequeñas y medianas empresas constituyen más del 99% del total del país y emplean al 70% de su fuerza laboral, según datos de la Organización de Comercio Exterior de Japón (JETRO), de ahí que su sostenibilidad sea clave para el crecimiento del archipiélago.
El paquete de estímulos de la primera ministra nipona destaca el aumento salarial de las Pymes como uno de sus pilares, pero plantea el aumento de la productividad a través de subsidios para las firmas que aumenten inversiones y contratación de directivos como el elemento central, un giro respecto a administraciones como la de Ishiba, que buscó aumentar el salario mínimo interprofesional.
Las pequeñas y medianas empresa japonesas atraviesas dificultades para aumentar los salarios debido al aumento de los costes por la inflación y también la debilidad del yen, una tendencia que encarece las importaciones de un país altamente dependiente de las compras en lo que respecta a las materias primas y la energía.
La debilidad del yen
La divisa japonesa se ha depreciado fuertemente desde la llegada de Takaichi, partidaria de una política fiscal expansiva que ha generado preocupación por la salud financiera del país asiático, la potencia desarrollada más endeudada, con una deuda pública que representa en torno al 230% de su producto interior bruto (PIB).
Pese a este contexto, los principales partidos japoneses han propuesto durante la campaña electoral en curso reducir el impuesto al consumo, suspenderlo temporalmente o incluso suprimirlo, una decisión que haría perder a Japón una gran cantidad de ingresos en un momento de aumento del gasto en seguridad social y pensiones ante su envejecida demografía, lo que ha generado preocupación.
Takaichi ha propuesto reducir a cero durante dos años el impuesto al consumo de los alimentos, actualmente de entre el 8% y el 10%, mientras que la recientemente creada Alianza Reformista Centrista, el mayor bloque opositor, promete reducirlo de forma permanente.
La medida ha sido recibida con cautela entre la población, que se muestra dividida entre los que dan la bienvenida a las propuestas, los que se preguntan por qué sólo cubren a los alimentos pese a que otros productos básicos también se han encarecido, y quienes consideran que el restablecimiento de la tasa sería una subida de impuestos en la práctica más adelante que dañaría el bolsillo.
Las encuestas de intención de voto preliminares vaticinan que el partido de Takaichi lograría la mayoría absoluta en los comicios del próximo domingo, día 8, y que junto a su socio de coalición se asegurarían dos tercios de la Cámara Baja, una representación suficiente para plantear y sacar adelante sus políticas.