¿Qué huella económica dejará la gestión de Nicolás Maduro en Venezuela, tras casi 13 años de chavismo sin Hugo Chávez y la intervención militar de Estados Unidos para su “captura”?
Maduro “fue la oportunidad perdida del chavismo para hacer las cosas distintas”, afirma a DW el doctor en ciencia política venezolano Andrés Cañizalez.
“No tuvo la valentía o el poder para hacer los cambios que requería el país, aprovechando la muerte de Chávez”, evalúa. Y se refiere a una rectificación a fondo, tanto del modelo económico como del político.
En un escenario internacional marcado por la crisis en los precios del petróleo y el enfriamiento del apoyo regional, junto a un contexto nacional de creciente deterioro económico y social (devaluación monetaria, inflación, desabastecimiento y protestas ciudadanas), Maduro asumió una “posición reactiva”, “cada vez más agresiva” para compensar el déficit de gobernabilidad.
Y esa realidad no cambió mientras el hijo político de Chávez se mantuvo en el poder.
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, el 17% de todas las probadas, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), concentradas principalmente en la Faja Petrolífera del Orinoco. Sin embargo, la mayoría de su crudo es extrapesado y requiere diluyentes y tecnología específica para su producción y venta. Es ahí donde Estados Unidos quiere invertir e introducir su capacidad tecnológica y de inversión.
Hiperinflación y diáspora
A Maduro se le vincula ya en el imaginario venezolano con la hiperinflación, especialmente feroz en torno al 2015. Con el éxodo masivo de más de 8 millones de venezolanos en la última década. Y con posibles crímenes de lesa humanidad (ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, torturas y detenciones arbitrarias) investigados por la Corte Penal Internacional, enumera Cañizalez.
Su legado es muy “pobre” y “negativo” en materia económica, social y de derechos humanos, resume. No hay leyes, políticas o siquiera obras públicas innovadoras que asociar a su nombre.
“Es un legado de horror y destrucción maquillado con petrodólares y economías ilícitas”, sentencia, por su parte, el periodista y defensor de derechos humanos venezolano Luis Carlos Díaz, quien denunció haber sufrido en carne propia detención y torturas en su país.
Saqueo de recursos públicos
Para Díaz, se trata de un legado conjunto de Maduro y Chávez, que tomará varias generaciones superar y que incluye tanto “el mayor saqueo de recursos públicos que haya sufrido un país en este continente” como “prácticas de terrorismo de Estado que no se veían en América Latina desde las dictaduras del Cono Sur”, dice a DW.
El comunicador venezolano resalta, además, el apoyo recibido por ambos dirigentes de parte de “un sector de la izquierda internacional, a la que han financiado con dinero público que necesitaba el país”, que actualmente vive una crisis humanitaria y recibe asistencia del Programa Mundial de Alimentos.
Maduro insistió hasta el cansancio en llamarse “presidente obrero”. Pero parte de su legado es también “la destrucción del salario y las pensiones”, subraya Cañizalez, pues el salario mínimo y las pensiones están hoy, en Venezuela, por debajo de un dólar al mes.
En casi 13 años de chavismo sin Chávez, tras tres elecciones presidenciales, siempre ajustadas o controvertidas, Nicolás Maduro se convirtió en uno de los mandatarios latinoamericanos de más cuestionada legitimidad de la última década, incluso frente a sus aliados de la izquierda regional.
Para muchos dentro y fuera de Venezuela, a más tardar tras el internacionalmente denunciado “fraude electoral” del 28 de julio de 2024, claramente “un dictador”.
Castigado con sanciones por Estados Unidos, acusado de “narcotraficante” y amenazado por meses con una intervención militar, Maduro fue “capturado y sacado” de Venezuela este 3 de enero por el Ejército estadounidense, después de lanzar un “ataque a gran escala” contra el país.
Más allá del significado de este día para el derecho internacional, “Maduro, de alguna manera, labró esto que ha ocurrido”, concluye Cañizales, “con un costo muy alto para la sociedad venezolana”.
EEUU y el petróleo
El Gobierno de Donald Trump -después de capturar a Maduro- clamó que necesita “acceso total” al petróleo de la nación suramericana.
Fue el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, quien especificó que uno de los principales intereses de su Administración es refinar el crudo pesado de Venezuela, el país con mayores reservas de petróleo del mundo, según la OPEP, en las refinerías estadounidenses.
“Nuestras refinerías en la Costa del Golfo de EEUU son las mejores para refinar este crudo pesado. De hecho, ha habido escasez de crudo pesado en todo el mundo, por lo que creo que habría una enorme demanda e interés por parte de la industria privada si se les diera la oportunidad de hacerlo”, explicó en ABC News.
Marco Rubio también subrayó que Estados Unidos no necesita el petróleo venezolano: “Tenemos petróleo de sobra”, declaró. Sin embargo, insistió en que Washington no quiere permitir que “la industria petrolera de Venezuela esté controlada por los adversarios de Estados Unidos” como China, Rusia e Irán.
“Estamos bastante seguros de que habrá un interés sustancial de compañías occidentales” en invertir en la industria petrolera venezolana, opinó Rubio.
El mandatario de EEUU, Donald Trump, dijo por su parte que “vamos a hacer que nuestras grandes compañías petroleras estadounidenses, las más grandes del mundo, entren, inviertan miles de millones de dólares, reparen la infraestructura petrolera gravemente dañada y comiencen a generar ganancias para el país”.
Trump consideró que el negocio petrolero en Venezuela ha sido un “fracaso total” durante mucho tiempo: “Estaban extrayendo casi nada, en comparación con lo que podrían haber estado extrayendo”.
Hasta el momento, la gestión de los recursos petroleros está encomendada a la empresa estatal Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), adscrita al Ministerio del Poder Popular para la Energía y Petróleo.