Las leyes forestales de las últimas décadas, inspiradas en la Ley de Bosques, han permitido consolidar esta política centenaria, y hoy Chile tiene más bosques, más áreas protegidas y con ello más biodiversidad que hace 100 años.

El 17 de octubre pasado, se cumplieron 100 años de la dictación del Decreto-Ley número 656, que se pública posteriormente con su texto definitivo el 30 de junio 1931 como el Decreto Supremo Nº 4363 del Ministerio de Tierras y Colonización, firmado por don Carlos Ibáñez del Campo, y conocido desde entonces como la “Ley de Bosques”.

La historia comenzó siglos antes. El país había sufrido siglos de “desmonte”, desde Coquimbo a Tierra del Fuego, extrayendo bosques nativos para combustible doméstico y uso en minería, maderas para construcción y despeje de tierras para ganadería y agricultura.

En los lomajes de la Cordillera de la Costa, la precordillera de Los Andes, el valle central y la Patagonia, quedaron tierras despobladas de bosques, con regímenes de lluvia más intensos que los actuales y el uso del arado, todo lo que provocó grandes escurrimientos de aguas con sedimentos a los ríos, embancamientos y formación de dunas en desembocaduras de ríos.

Frente a este panorama desolador, se despertaron voces que advertían las terribles consecuencias de estas acciones. Se acudió a asesoría de científicos europeos, entre ellos don Federico Albert, el veredicto fue que “Chile era como un terrón de azúcar que se disolvería”, la única solución era “revegetar de bosques las tierras deforestadas, regular la tala de bosque nativo y terminar con el uso del fuego para “desmontar” el bosque”.

Así nació esta ley y una política forestal de cuidar el bosque nativo y plantar o “revegetar” con bosques las tierras descubiertas, la que ha durado casi un siglo, pasando por todo tipo de Gobiernos y modalidades.

Pero esta no es una conmemoración como para pasar por alto, el contexto y circunstancias que se daban en el país no podían ser menos propicias. Entre 1925, el año que se concibió este cuerpo legal, y 1935, hubo en el país dos Juntas Militares, un breve gobierno de don Arturo Alessandri Palma y el primer gobierno de don Carlos Ibáñez del Campo.

El Decreto Supremo que conforma la Ley de Bosques lo firmaron el propio don Carlos Ibáñez y su ministro de Tierras y Colonización don Edecio Torrablanca. Don Edecio fue profesor y político que en el período señalado se desempeñó sucesivamente como ministro de Propiedad Austral, de Agricultura y de Economía y Comercio, así como funcionario en otras áreas del Estado.

Lo notable de todo este desarrollo, es que, pese a las turbulencias políticas y la sucesión de jefes de Estado, el Decreto Ley Nº 656, que regula los temas relativos a los bosques, pone los bosques bajo la tuición de la Subsecretaría de Tierras y Colonización, dependiente del recién creado Ministerio de Agricultura, Industria y Colonización, y con ello la virtud, entre otras, la de colocar los bosques en el foco del interés público. Así, la legislación reconoce la obligación y responsabilidad del Estado en el uso y aprovechamiento de la riqueza forestal.

Pero no sólo eso, y sí quizá lo más importante y que es lo que motiva estas líneas: En materia de fomento forestal fue señera al eximir del impuesto a las contribuciones, global complementario y de herencia por 30 años a los bosques ubicados o establecidos en tierras reconocidas como tierra forestal, sino que además estableció un incentivo por hectárea plantada, reconociendo de este modo la necesidad de un apoyo por parte del Estado para promover el establecimiento de bosques.

Sin duda las condiciones globales, nacionales y en particular el estado de cosas en materia forestal desde 1931 a esta parte han cambiado. Sin embargo, lo que sigue inamovible es que, reconociendo el largo período de producción y la cuantía de la inversión inicial de cualquier emprendimiento forestal, no se puede realizar sin algún apoyo estatal.

La Ley de Bosques fue pionera en identificar algunos instrumentos de fomento, cuya validez siguen siendo igualmente relevantes en la actualidad y que otros cuerpos legales han recogido.

La lección que se ha aprendido de la aplicación de estos instrumentos es que el Estado ha recuperado con creces los valores invertidos a través de los impuestos pagados por la actividad forestal, ampliando significativamente las exportaciones hasta colocarlas como la segunda o tercera actividad exportadora, ha ampliado varias veces la ocupación y ha protegido tierras que de otra forma hubieran llegado al mar.

En resumen, las leyes forestales de las últimas décadas, inspiradas en la Ley de Bosques, han permitido consolidar esta política centenaria, y hoy Chile tiene más bosques, más áreas protegidas y con ello más biodiversidad que hace 100 años.

Sin duda, la Ley de Bosques iniciada el 17 de octubre de 1925, cambió la concepción y el devenir de la actividad forestal en el país. Esta gran labor de científicos y profesionales extranjeros, de ingenieros forestales chilenos formados en el exterior y de la ingeniería forestal presente en Chile desde 1954, no ha terminado, aún quedan suelos deforestados y bosques nativos que se deben manejar para revitalizar el desarrollo forestal de Chile.

Eduardo Vial
Ing. Forestal

Eduardo Morales V.
Ing. Forestal

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