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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La escritora argentina Leticia Martin protagonizó una llamativa protesta al denunciar públicamente en una columna en el diario Perfil el no pago de sus remuneraciones por su trabajo en el matutino. Bajo el título "Nadie lee nada", reveló la falta de revisión de sus propias columnas y la eliminación temporal de la versión digital de la publicación tras su publicación. Martin expresó su descontento por la falta de pago durante seis meses y la ausencia de aumento salarial, lamentando la discriminación que percibe.

Una llamativa protesta protagonizó la escritora argentina Leticia Martin (“El vacío después”, “Vladimir”), quien para evidenciar el no pago de sus remuneraciones por parte del diario Perfil, publicó una columna denunciando el hecho en las mismas páginas del matutino.

Bajo el título “Nadie lee nada”, la autora no sólo hizo eco de sus reclamos, sino también comprobó una premisa que deslizaba el texto: la no revisión, por parte de sus editores, de las columnas que publicaba.

Tras la publicación de “Nadie lee nada” el sábado pasado, la versión digital del texto fue inmediatamente eliminada de sus plataformas, para luego ser republicada en vista de la controversia que generó.

Columnista argentina denunció no pago de su trabajo en las mismas páginas donde escribía
(X)

“‘Se viralizó. ¡Conseguiste tu objetivo!’. Vivimos en una sociedad de logros medidos a partir de un término médico. Lo que identifica al éxito es la capacidad de contagio: que algo se difunda con gran rapidez en las redes”, se lee al inicio, casi como un aviso premonitorio.

Luego, agrega: “Estaba a punto de escribir sobre esa desafortunada coincidencia entre el verbo adosado al éxito actual con el verbo que usamos para dar cuenta de una enfermedad cuando, de pronto, me asaltó una idea material y primigenia. ¿Por qué hago esto? ¿Se hará viral escribirlo?”.

“Ya hace más de un año que escribo esta columna semanal para Perfil; un trabajo que implica compromiso, un deadline, tener palabra y encontrar una forma. Que también creí implicaba cierta trayectoria. Pero hace seis meses que no recibo el pago por mis servicios. Ni el pago ni un aumento, como si los servicios o el costo de vida no hubieran aumentado”, añade.

Columnista argentina denunció no pago de su trabajo en las mismas páginas donde escribía
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“Valoro el espacio, el que me hayan abierto las puertas en un lugar prestigioso, la voz de alguien formado como el propietario de este grupo editorial, un profesional al que escucho como si no
fuera el último responsable de la discriminación de la que soy parte. ¿O quizá no es por ser mujer que no me pagan? Ni idea. De eso no sé aunque me duele y con eso me pelee. A eso me respondo: ‘No te hagas la victima, Leticia, y ponete a escribir"”.

La columna continúa: “Sin embargo, cada jueves recuerdo a Fogwill levantando el teléfono para exigir su honorario antes de enviar la columna semanal para al fin cobrar. No soy Fogwill y tal vez no exista -como se empeñó en señalarme sin que le tiemble la voz Gustavo Wald, el funcionario que el albertismo bancó hasta el último segundo-. Lo asumo, entonces. Si quieren, no soy, no sé, no existo. Pero acá estoy, y si escribo columnas que tal vez no me paguen, las escribo como si a alguien le importara leerlas, como si fueran un trabajo y recibiera a tiempo la remuneración por ser eficiente y responder, como si no me hicieran sentir que les da igual, que cualquiera estaría dispuesto a reemplazarme mañana mismo”.

El cierre del texto es más que contundente: “Pero hoy estoy demasiado triste y no tengo ganas de ir a votar mañana, ni ganas de conservar este trabajo, y quiero contar que hace siete meses que hago esta estupidez y que mañana por fin no voy a poner el despertador a las seis am para escribir los 2500 caracteres sin espacios de esta columna que ya escribí y que sigo honrando solo porque otros que me precedieron la han escrito, solo porque de esos otros algo he aprendido, y no me quiero rendir”.

“Cincuenta mil pesos de honorarios por mes con seis meses de demora. Cincuenta mil”, se lee al final del texto.

Las repercusiones de la columna y la trastienda en Perfil

Tras la viralización de la columna, Martin ofreció entrevistas y se refirió en redes sociales a las motivaciones para escribir “Nadie lee nada”.

“Creí que nunca saldría. Esa creencia explica el título (‘Nadie lee nada’). También creo que una cofradía de colegas puso el cogote para que se lea. Solo deseo no haber perjudicado a otro trabajador que tenga que pagar materialmente x mi reclamo y gusto por el uso de la palabra”, detalló en su cuenta en X.

En diálogo con el podcast de Radio Universidad Olavarría, Martin recordó: “Se me ocurrió levantar el tema que no cobro y mandé la columna con tiempo: la mandé el jueves, porque pensé: quizás me pagan y me dicen: ‘mañana manda la buena, no seas boluda’, pero no”.

Sobre la publicación, agregó: “(La columna) no la leyeron, evidentemente. Cuando tuve la idea, se me ocurrió poner ese título, porque si pasa, pasa y es un papelón. Y si no pasa, bueno, es un ultimátum”, añadió.

Agustín Colombo, periodista y delegado del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA) en Perfil, entregó más antecedentes del caso. “Ahora es Leticia, pero son decenas los que cobran mal y tarde (…). Leticia Martin reemplazó hace un año a otro columnista, Rafael Spregelburd, que cansado de la mierda que le pagaba Perfil, le inició juicio. Los dos, en definitiva, dejaron de escribir por lo mismo: les pagaban mal y encima con demoras insólitas”, escribió en su cuenta en X.

“Por eso es una canallada cuando Milei habla de periodistas ensobrados. La mayoría de los periodistas no llegamos a fin de mes por lo que pagan los empresarios de medios y también porque su Gobierno (y los anteriores) pulverizaron el poder adquisitivo de los laburantes. ¿La columna de Leticia salió por esa precarización? En alguna medida, sí. Aunque es falso que nadie la leyó. Salió también porque en Perfil vivimos de conflicto en conflicto. Y eso también atenta contra los procesos y la cadena de trabajo”.

Sobre este punto, agregó: “El viernes, cuando se hizo la edición del sábado, fue un día agitado en Perfil. A Jorge Fontevecchia se le ocurrió que la redacción del diario -achicada a la mínima expresión- debía venir el domingo a hacer una edición electoral impresa. Trabajar en nuestro franco GRATIS. Fontevecchia dice que hay que venir por vocación. El problema es que la comida no se paga con eso. Esta vez le dijimos que no: editores, redactores, correctores y todo el diario (menos Diseño) expresó que solo trabajaría si se nos pagaba una jornada extra. Lo que corresponde”, recordó.

“Esas idas y vueltas generaron problemas y reuniones que atrasaron y complicaron, aún más, los contenidos del diario. No hubiese habido columna si a Leticia le pagaban como corresponde. Tampoco hubiese habido columna si el dueño de Perfil respetara nuestros derechos”, añadió.