Artes y Cultura
Miércoles 16 mayo de 2018 | Publicado a las 17:17 · Actualizado a las 14:33
Desde Cannes: Andrew Garfield descifra conspiraciones en medio de fiestas taquilleras
Publicado por: René Naranjo
¬ŅEncontraste alg√ļn error? Av√≠sanos visitas

El director y guionista estadounidense David Robert Mitchell se reveló en 2014 como un cineasta independiente original y prometedor con It Follows. Por eso, su tercer largometraje, Under the Silver Lake (Bajo el lago Silver), que constituye además su debut en la competencia del Festival de Cannes, era muy esperado.

Y la pel√≠cula despega muy bien, con un Andrew Garfield impecable en el rol de Sam, tipo despreocupado que vive en un condominio con piscina en Los Angeles, California, y pasa el d√≠a fumando y observando a sus vecinas con binoculares. Una de ellas, Sarah (Riley Keough, la nieta de Elvis Presley) lo fascina especialmente. Sam no trabaja ni estudia, es un ‚Äėslacker‚Äô, y como tiene bastante tiempo libre, logra trabar una breve amistad con Sarah y con otras chicas que la circundan.

El asunto cambia de improviso cuando Sarah desaparece de escena y nadie parece saber de ella. Sam comienza entonces una b√ļsqueda muy especial, basado en la asociaci√≥n de hechos a primera irrelevantes que parecen sugerir pistas que nadie m√°s ve. Pistas asociadas con la cultura pop, con los anuncios publicitarios, con las pel√≠culas clase B y con las canciones melosas que esconden mensajes cuando son escuchadas al rev√©s.

Se inicia ah√≠ un atractivo recorrido por Los Angeles, como un seguimiento al estilo detectivesco de las huellas de la realidad m√°s cotidiana y banal, que capta bien la onda Melrose Place, del ‚Äėlaissez faire‚Äô y el carpe diem, la manera de vivir de j√≥venes que no se preocupan por nada que no sea el placer en el aqu√≠ y el ahora; hombres y mujeres hedonistas que van de fiesta en fiesta y que tienen relaciones amorosas y sexuales a la r√°pida y sin preguntar mucho, y que dejan la b√ļsqueda del sentido de la vida para otro d√≠a.

Es la entrada de Sam a un mundo desconocido que √©l indaga siguiendo los principios de la teor√≠a conspirativa, en la que conecta de modo enrevesado a un asesino de perros con un extra√Īo mito sobre la Laguna Silver (lo que da el t√≠tulo a la pel√≠cula), con un mapa que viene de regalo en una caja de cereales y con antiguos c√≥digos revelados en un manual de vagabundos.

La indagaci√≥n consume cada vez m√°s el tiempo y la mente de Sam, quien ‚Äďcomo Alicia en el Pa√≠s de las Maravillas- entra definitivamente en este microuniverso de celebridad, moda colorida, placer y decadencia cuando llega a una fiesta que, como contrase√Īa, le pide llevar una galleta que en realidad es un alucin√≥geno. El portero le pide que le d√© un mordisco antes de ingresar y Sam se la coma toda, con la consiguiente alucinaci√≥n y posterior descalabro.

David Robert Mitchell dirige bien esta primera parte de Under the Silver Lake. Le gui√Īa el ojo a Hitchcock a trav√©s de la imitaci√≥n que hace Sam de los personajes de James Stewart en V√©rtigo y La ventana indiscreta, convierte a la actriz del cine mudo (y primera ganadora del √ďscar) Janet Gaynor en una referencia en el relato, y filma con una mirada inteligente y contempor√°nea siempre provista de humor, traza un recorrido muy especial por parques, cerros y calles de la ciudad.

Con los nudos de la pel√≠cula ya planteados, la resoluci√≥n de estos se hace m√°s dificultosa para el realizador. A su vez, las preguntas que propone el filme ‚Äďsiempre en la l√≠nea de la conspiraci√≥n- se ampl√≠an: ¬ŅY si todas esas canciones que nos gustan, que bailamos y que atesoramos ligadas a emociones relevantes de nuestras vidas fueran un producto falsificado desde su origen, pensado para dominarnos y hacernos creer que vivimos una supuesta libertad que no es m√°s que un enga√Īo? ¬ŅY si la rebeld√≠a del rock fuera solo una argucia dise√Īado por una mente maquiav√©lica que quiere tener nuestras emociones en su poder?

Estas inquietudes, amplificadas hasta el filo del desquiciamiento en la mente de Sam, hacen que en la segunda parte de sus 139 minutos la película se desmorone y se alargue. Entra también un relato un subtexto apocalíptico y amargo sobre la desolación de la vida humana en el siglo XXI, que poco aporta. Queda, sin embargo, la impresión de que David Robert Mitchell tiene una voz y que puede seguir subiendo escalones en la escena independiente del cine estadounidense.

Para la próxima vez, tendrá que acotar mejor el discurso y no tratar de sacar conclusiones sobre alguna verdad revelada.

URL CORTA: http://rbb.cl/k6vf
Tendencias Ahora