Sociedad
Nueva investigaci√≥n echa por tierra el Trastorno por D√©ficit Atencional: “No existe”
Publicado por: Eduardo Woo
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Volviendo a la normalidad” se denomina un pol√©mico libro que viene a desmitificar -con una serie de referencias bibliogr√°ficas- la ocurrencia en ni√Īos del Trastorno por D√©ficit Atencional, con o sin Hiperactividad (TDAH).

Marino P√©rez, uno de los tres autores, convers√≥ con el diario espa√Īol ABC, donde entreg√≥ parte de los argumentos que vienen a echar por tierra este supuesto mal que es diagnosticado en diversos ni√Īos en edad escolar.

P√©rez, quien es especialista en Psicolog√≠a Cl√≠nica y catedr√°tico de Psicopatolog√≠a y T√©cnicas de Intervenci√≥n en la Universidad de Oviedo, es categ√≥rico al referirse a este problema: “No existe. El TDAH es un diagn√≥stico que carece de entidad cl√≠nica, y la medicaci√≥n, lejos de ser propiamente un tratamiento es, en realidad, un dopaje“.

No existen pruebas cl√≠nicas ni de neuroimagen (como TC, RM, PET, etc) ni neurofisiol√≥gicas (EEG, ERP) o test psicol√≥gicos que de forma espec√≠fica sirvan para el diagn√≥stico. Lo que nosotros decimos en esta obra, con toda seguridad, es que no hay ning√ļn biomarcador que distinga a los ni√Īos TDAH. No se niega que tengan problemas, pero son ni√Īos, que tienen curiosidad y quieren atender a lo que sea, moverse… “, comenta el especialista.

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A su juicio, la detecci√≥n de este mal “no se establece sobre criterios objetivos que permitan diferenciar el comportamiento normal del supuestamente patol√≥gico, sino que se basa en apreciaciones subjetivas, en estimaciones de los padres del tipo de si ‘a menudo’ el ni√Īo se distrae y se mueve mucho. M√°s que nada, el diagn√≥stico es tautol√≥gico. Si un padre preguntara al cl√≠nico por qu√© su hijo es tan desatento e inquieto, probablemente le responder√≠a porque tiene TDAH, y si le preguntara ahora c√≥mo sabe que tiene TDAH, le dir√≠a porque es desatento e inquieto”.

Lo anterior lo reafirma, indicando que “no existe ninguna condici√≥n neurobiol√≥gica ni gen√©tica indenficada, y s√≠ muchas familias donde no se asume que la educaci√≥n de los ni√Īos es m√°s dif√≠cil de lo que se pensaba“.

El acad√©mico es cr√≠tico adem√°s con los tratamientos que son utilizados en los ni√Īos, ya que que no se est√°n “corrigiendo supuestos desequilibrios neuroqu√≠micos causantes del problema, como se da a entender, sino a que el propio efecto psicoactivo de la droga estimulante puede aumentar la atenci√≥n o concentraci√≥n, como tambi√©n lo hacen el caf√© o las bebidas tipo Red Bull”.

La medicaci√≥n para el TDAH no es, en rigor, un tratamiento espec√≠fico, sino un dopaje: es la administraci√≥n de f√°rmacos o sustancias estimulantes para potenciar artificialmente el rendimiento”, explica el co-autor, que advierte que en cuanto a la salud “estas anfetaminas lo que producen es un efecto inmediato (si es continuado) de aumento de la presi√≥n sangu√≠nea y card√≠aca, que les puede llevar a tener a la larga m√°s riesgos cardiovasculares. Tampoco les deber√≠a sorprender su efecto sobre el retraso del crecimiento. La cuesti√≥n es saber que pasa tras a√Īos de medicaci√≥n”.

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¬ŅQu√© se hace entonces con estos ni√Īos dif√≠ciles de controlar? Marino P√©rez comenta que “estudios hechos y publicados en la versi√≥n americana de Mente y Cerebro con ni√Īos peque√Īos abocados o candidatos a recibir el diagn√≥stico, se les ense√Īaba a los padres a realizar diversas tareas con esos peque√Īos, con el objeto de educar la atenci√≥n y su impulsividad. Y se ha comprobado que con estas actividades consistentes en juegos tipo ‘Simon dice’, donde uno tiene que esperar a responder cuando se le pide algo, se ha logrado que los ni√Īos mejoren y controlen la impulsividad o los comportamientos que les abocaba al TDAH.

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