Notas
Damnificados por el terremoto: una realidad congelada
Publicado por: √ďscar Valenzuela
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El siguiente es un relato con personajes ficticios en una situaci√≥n real. Una recopilaci√≥n de los testimonios y penurias que se viven d√≠a a d√≠a en los campamentos de las zonas m√°s afectadas por el terremoto en la Regi√≥n del B√≠o-B√≠o. Una historia cuyos protagonistas lejos de ser inventados, podr√≠an ser cualquiera de los damnificados que a√ļn permanecen en las aldeas de nuestras costas.

Mat√≠as es un ni√Īo de 6 a√Īos. Va en primero b√°sico y asiste en forma entusiasta todos los d√≠as a una escuela en Talcahuano. Todas las ma√Īanas muy temprano busca su uniforme y prepara sus cosas mientras su mam√°, Patricia, le prepara el desayuno. A√ļn no deja la mamadera, pero en fin, a qui√©n no le sucedi√≥.

Sale muy abrigado por las ma√Īanas. Se pone un cuello color lila que le regalaron unas ni√Īas de cursos mayores y un gorro amarillo con el que destaca cuando camina por la calle mientras recorre la comuna puerto. Guantes, usa s√≥lo en una mano, el otro se le perdi√≥ por ah√≠ mientras jugaba.

Mat√≠as est√° de cumplea√Īos el 26 de febrero y todos los a√Īos lo celebra junto a sus amigos del barrio. Este a√Īo no fue diferente, pero en su mesa s√≥lo se sentaron amigos nuevos.

En 2010 celebr√≥ su cumplea√Īos un viernes por la tarde. La gran mayor√≠a de sus amigos lo fue a visitar y jugaron a la pelota hasta muy tarde porque no hac√≠a fr√≠o. Sus t√≠as le regalaron √ļtiles escolares por dos razones; primero, le encanta pintar, y segundo, iba a entrar a la escuela, a Kinder, luego de haber hecho p√°rvulo desde la sala cuna.

Mat√≠as estaba contento. Iba a ir al colegio y entraba el mi√©rcoles 3 de marzo… pero no se concret√≥ el ansiado sue√Īo.

Mientras Mat√≠as dorm√≠a en su casa ubicada en el sector llamado Caleta Tumbes, despert√≥ de improviso, ten√≠a ganas de ir al ba√Īo y como su mam√° le hab√≠a ense√Īado a ver la hora, prendi√≥ la luz de su velador y mir√≥ el reloj digital. Marcaba las tres de la ma√Īana con 28 minutos. Y en la parte de abajo del reloj dec√≠a ‚Äú27 / FEB / 2010‚ÄĚ.

Corriendo, porque las ganas de ‚Äúhacer pip√≠‚ÄĚ como le llamaba en ese tiempo eran intensas, prendi√≥ todas las luces en su recorrido al ba√Īo, la de la pieza, la del pasillo y por √ļltimo, la del ba√Īo. De pronto mientras estaba en el ba√Īo, sinti√≥ un ruido. Pens√≥ que era un cami√≥n y, de pronto, todo comenz√≥ a moverse.

Mat√≠as no sab√≠a que hacer. Nunca hab√≠a vivido ni siquiera un temblor, pero esto super√≥ todo lo que hab√≠a imaginado. El ni√Īo corri√≥ hasta la pieza de su mam√° y muy asustado se aferr√≥ a sus brazos, quien lo puso sobre la cama y lo cubri√≥ con su cuerpo mientras la tierra descargaba su furia.

Cayeron los cuadros. El de los abuelos, el de la Última Cena que estaba tras la puerta de la cocina. La tele nueva se hizo pedazos y las sillas quedaron ahí, botadas por la fuerza del movimiento. Patricia, la mamá de Matías no sabía que hacer. No había luz y sólo se escuchaban caer las cosas mientras la tierra seguía ondulándose por las constantes réplicas.

Se vistieron r√°pidamente con lo que encontraron y como Patricia, una mujer de 25 a√Īos, sab√≠a que si no se pod√≠a mantener en pie luego de un sismo hab√≠a que correr a los cerros, tom√≥ a su hijo, agarr√≥ un bolso y meti√≥ un poco de comida, sac√≥ una frazada y con zapatillas de levantarse, camin√≥ r√°pidamente hacia uno de los cerros de Tumbes.

Todo estaba oscuro. Era imposible ver cualquier cosa hasta que de pronto, comenzó a escuchar, junto a su hijo Matías y a otros vecinos que llegaron al cerro, el sonido de madera al quebrar. Y agua, mucha agua. Y así varias veces.

Amaneció y sólo entonces, lo que vieron fue impactante: gran parte de la caleta fue arrasada por el terremoto y también por el tsunami. Intentaron bajar hasta su casa, pero de aquella vivienda que heredaron de los abuelos maternos ya nada quedaba.

Durante días, casi dos semanas en realidad, Matías y su mamá debieron compartir una carpa con un vecino, hasta cuando un día llegó un camión que llevaba carpas donadas por China. Recién ahí pudieron, al menos, tener algo de privacidad y otro par de frazadas como abrigo.

Cuando estaba a punto de llegar el 27 de marzo de ese a√Īo, una asistente social pas√≥ por su carpa y les dijo que pod√≠an optar a una mediagua, la que ser√≠a instalada en una de las quebradas que hay en los cerros de Tumbes. Un lugar h√ļmedo por sus caracter√≠sticas, alcanzado por el sol a eso de las 10 de la ma√Īana y ocult√°ndose a eso de las 16:30 en invierno producto de los cerros. Pero no hubo reparos: la aceptaron.

As√≠ pas√≥ el primer a√Īo… Mat√≠as y su mam√° Patricia, viven en una mediagua. A pesar de que tuvieron que empezar de cero otra vez pues perdieron absolutamente todo, no se echaron a morir y en abril, gracias al aporte de un colegio particular de la Armada, Mat√≠as por fin pudo entrar a clases, a Kinder, como √©l quer√≠a.

Mat√≠as se ve√≠a contento en su primer d√≠a de clases. Seg√ļn cont√≥ entusiasmado, hab√≠a gente muy importante ese d√≠a en el gimnasio del “colegio nuevo” como le llama √©l. Cont√≥ adem√°s que los marinos tocaron el himno nacional con una banda y que su Colegio se llamaba Arturo Prat y que quedaba, literalmente “en la punta del cerro”.

Con mucho esfuerzo, su mam√° compr√≥ otra tele y de vez en cuando, en ella escuchaban decir al presidente de la Rep√ļblica, Sebasti√°n Pi√Īera, que no iban a pasar otro invierno en una “aldea”, como le llama a ese lugar el Gobierno.

Sin embargo siguen ah√≠. Por mucho tiempo tuvieron que sacar agua para hacer la comida desde una vertiente y, hasta hoy, Mat√≠as tiene que salir de su casita para ir al ba√Īo. A √©l no le gusta salir porque dice que le da mucho fr√≠o. Obvio que es as√≠. El lugar es h√ļmedo y, cuando llueve, el agua corre como un r√≠o bajo su casa.

A pesar de todo el ni√Īo est√° aprendiendo a leer y es de los mejores de su curso. Eso s√≠, con frecuencia recuerda con temor la noche en que se levant√≥ al ba√Īo y todo se movi√≥ fuerte, pero eso no le ha quitado su esp√≠ritu de ni√Īo. Sigue igual, juega con amigos nuevos, se divierte y va a la escuela.

Mat√≠as a√ļn mantiene el sue√Īo de regresar a una casa como la que ten√≠a antes del terremoto. Mientras, su mam√° Patricia nunca ha dejado de trabajar para volver a rehacer, en parte, la vida que llevaban antes del 27 de febrero del a√Īo del Bicentenario. Esperan que se cumplan los compromisos.

Y es así para muchos otros en el Bío-Bío. Miles en realidad que viven una realidad congelada en los distintos campamentos habilitados tras el terremoto. Quienes sólo desean ser escuchados en vez de quedarse a un lado. Igual que Matías y su mamá.

Oscar Valenzuela es periodista egresado de la Universidad Católica de la Santísima Concepción y actual editor de prensa durante fines de semana en Radio Bío-Bío de Concepción. Desde el día del terremoto, ha cubierto la situación en que se encuentran los pobladores de las zonas más afectadas como Arauco, Concepción, Talcahuano, Penco o Tomé.

Aldea Tumbes | Oscar Valenzuela

Aldea Tumbes | Oscar Valenzuela

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