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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Chile tuvo su peor desempeño en la prueba PISA 2025, con bajos resultados en Matemáticas y Lectura. Se destaca que seis de cada diez estudiantes no alcanzan el nivel mínimo de competencias en Matemáticas. Expertos señalan que el uso recreativo de dispositivos digitales, cambios en hábitos de lectura, problemas estructurales del sistema educativo y la segregación son factores clave. La masificación de los smartphones afecta la atención de los estudiantes, mientras que las redes sociales impactan en la capacidad de concentración y en el desarrollo de habilidades evaluadas por PISA. La pandemia agravó problemas preexistentes. Es necesario priorizar la profundidad sobre la amplitud en la enseñanza, fortalecer capacidades docentes y abordar de forma integral la educación media. Se requiere un plan a largo plazo con inversión y compromiso estatal para mejorar el desempeño educativo en Chile.

Chile obtuvo uno de los peores resultados de su historia en la prueba PISA, según se reveló en el informe 2025 que salió a la luz este 8 de septiembre. En Matemática, los estudiantes de 15 años alcanzaron el registro más bajo del país desde que participan en esta medición internacional y nueve puntos menos que en el 2022. En Lectura, el resultado tuvo una caída de 12 puntos, siendo el segundo peor desempeño histórico de Chile en esta área.

Un dato preocupante es que en Matemática seis de cada diez estudiantes chilenos no alcanzan el nivel mínimo de competencias considerado necesario para participar de manera efectiva y productiva en la sociedad actual.

Pero si bien el retroceso es global, los especialistas consultados por BioBioChile advierten que en Chile existen factores propios que ayudan a explicar la profundidad y persistencia del problema más allá del confinamiento de la pandemia del covid-19 que sacó a los estudiantes de las aulas.

Entre ellos aparecen la pérdida de atención asociada al uso recreativo de dispositivos digitales, los cambios en los hábitos de lectura, las dificultades para sostener el esfuerzo cognitivo, problemas estructurales del sistema educativo, la segregación, el clima dentro de las salas de clases y una deuda pendiente con la educación media.

¿Qué hay detrás de los resultados de PISA en Chile?

Al respecto, la académica, coordinadora del Magíster en Psicología Educacional, e investigadora en política educativa y cultura escolar de la Universidad de Chile, Paulina Contreras, plantea como primera advertencia que no existe una sola explicación para el deterioro.

“Lo que dice el propio informe y lo que dice toda la investigación es que las explicaciones acerca de los resultados de aprendizaje son multifactoriales, que las variables están relacionadas entre sí de manera compleja”, aseguró.

Aun así, identifica un elemento que se repite en los distintos sistemas educativos. “Pareciera que el factor común es la masificación de los smartphones”, sostiene, aunque recalca que todavía se necesita más investigación para establecer una relación causal definitiva.

Sobre esto, dice que “lo que se observa es que los smartphones se van apoderando progresivamente de buena parte del tiempo de los niños y de los adolescentes, tanto dentro como fuera de las aulas”.

La especialista explica además que este fenómeno “hace muchos años que la investigación está mostrando que el uso recreativo de dispositivos digitales correlaciona negativamente con los resultados del aprendizaje”.

La razón, agrega, tiene que ver con la atención. “Estos dispositivos le roban la atención a los estudiantes en la sala de clase y eso hace que el profesor tenga que dedicar más tiempo a restablecer el orden y, por ende, tener menos tiempo para dedicar a enseñar”.

El problema también estaría en el cambio en la manera en que los jóvenes consumen información. “Las redes sociales funcionan con textos cortos, con hipervínculos, y entonces los niños tienen menos oportunidades en su vida cotidiana de tener actividades que requieren atención sostenida, que es requisito para poder profundizar, sobre todo en lectura”.

Eso puede afectar precisamente algunas de las habilidades que PISA busca medir. “Hace más cuesta arriba algunas tareas que mide la prueba, como el pensamiento crítico inferencial, la integración, la identificación de sesgos, etcétera”.

Problemas estructurales que Chile arrastra desde hace años

“La pandemia no parece tener mayor efecto explicativo por sí sola. Más bien acentúa un fenómeno que viene desde mucho antes”, añade la académica, que agrega que a este factor se suman problemas estructurales que Chile arrastra desde hace años, particularmente la falta de profesores y la segregación escolar.

Esto último implica que estudiantes de menores niveles socioeconómicos tienden a concentrarse en determinados establecimientos, mientras los alumnos de mayores recursos se agrupan en otros. “Esto es súper importante para Chile, porque ahora estamos discutiendo la modificación del tema de acceso a la escolar, el SAE, que apunta precisamente a tener algunas medidas que favorecerían la desegregación”.

Por otro lado, “también tenemos problemas con el clima escolar, que está súper estudiado, que afecta significativamente el aprendizaje. En Chile hay más bullying y más problemas de disciplina que en el promedio de la OCDE, lo que también está relacionado con el tema de los dispositivos digitales”.

Asimismo, Juan Pablo Catalán, académico e investigador de Educación de la Universidad Andrés Bello, pone el foco en un cambio cultural que, según plantea, el sistema escolar todavía está intentando comprender. “Los estudiantes leen menos por placer, pasan más tiempo frente a pantallas, procesan información de manera más rápida y fragmentada y muestran mayores dificultades para sostener la atención frente a tareas complejas”.

A su juicio, el problema se observa también en la forma en que los estudiantes enfrentan los textos. “La OCDE advierte incluso que prácticamente se duplicó la proporción de estudiantes que responde textos apresuradamente y de forma incorrecta desde 2018”.

Catalán coincide en que la pandemia no debe convertirse en la explicación principal, porque “fue un acelerador, pero no el origen único del problema. Cerró escuelas, debilitó vínculos, profundizó desigualdades y alteró hábitos de aprendizaje. Pero debajo de esa tormenta ya existía una erosión”.

El académico apunta directamente a una dificultad del sistema educativo chileno: la diferencia entre escolarizar y conseguir que los estudiantes efectivamente aprendan.

Según Catalán, Chile enfrenta “un currículo extenso, presión por cubrir contenidos, evaluaciones que muchas veces certifican más que retroalimentan y una cultura escolar donde avanzar de curso puede terminar confundido con haber aprendido”.

“PISA 2025 es explícita al señalar que los sistemas educativos necesitan privilegiar profundidad sobre amplitud: menos contenidos abordados superficialmente y más tiempo para comprender, practicar, equivocarse, recibir retroalimentación y volver a intentar”, añade.

También advierte que las condiciones dentro de la sala de clases dificultan el aprendizaje. “En Chile, el 43% de los estudiantes señala que el ruido y el desorden interrumpen la mayoría o todas las clases de Ciencias, mientras el promedio OCDE es 31%”.

Mucha pantalla, pocas ganas de aprender

En su análisis, las pantallas y la inteligencia artificial forman parte de un mismo desafío: la disposición de los estudiantes a realizar un esfuerzo prolongado para comprender. “No elegiría un único culpable porque sería una mala lectura de la evidencia. Pero sí pondría en el centro la pérdida de atención sostenida y de esfuerzo cognitivo”, concluye.

“Pantallas, menor lectura por placer, redes sociales e inteligencia artificial pueden parecer fenómenos distintos, pero todos confluyen en una pregunta: ¿cuánto tiempo y esfuerzo estamos dispuestos a dedicar a comprender algo que no entrega una respuesta inmediata?”, cuestionó.

El impacto de los dispositivos aparece con especial fuerza en los datos chilenos.

“El 48% de los estudiantes afirma que sus compañeros se distraen frecuentemente con dispositivos digitales durante las clases de Ciencias, frente al 28% promedio OCDE”, aseguró, y dijo que a ello se suma el uso de inteligencia artificial. “El 51% utiliza chatbots de inteligencia artificial para aprender al menos una vez por semana”.

Para Catalán, el problema aparece cuando la tecnología “sustituye el razonamiento, la lectura o el esfuerzo personal”.

Por otro lado, Xavier Vanni, investigador del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile, también afirma que “no se puede decir con total certeza en este momento (cuál es la causa), porque para eso se requieren investigaciones y análisis más profundos y rigurosos”.

Vanni ubica en primer lugar los efectos de la pandemia y el cierre prolongado de las escuelas, aunque advierte que los resultados de PISA todavía no permiten establecer cuánto de la caída se explica directamente por ese factor.

Un segundo elemento que considera relevante es el fenómeno de los llamados “lectores apresurados”. “La OCDE ha señalado que entre 2018 y 2025 casi se duplicó la proporción de estudiantes que leen superficialmente y responden de forma rápida e incorrecta, lo que impacta negativamente en habilidades críticas como evaluar fuentes múltiples y contrastar información”.

Así, coincide con los demás expertos y afirma que “un tercer posible factor es la distracción en clases por el uso excesivo de dispositivos móviles con fines recreacionales”.

En la misma línea, apunta directamente a una deuda de política educativa. “En educación media, arrastramos un problema estructural que ningún gobierno en la última década ha sido capaz de abordar de manera decidida y sustantiva”.

“Chile enfrenta una paradoja educativa”

El investigador plantea que “Chile enfrenta una paradoja educativa: es el sistema de América Latina con mejores resultados, pero continúa muy lejos del promedio de la OCDE, que debiera ser la meta de mediano plazo a la que debiéramos apuntar”.

Para revertir la situación, considera necesario modificar las prácticas pedagógicas y fortalecer las capacidades de profesores y equipos directivos. “Necesitamos pasar de una lógica basada en programas y proyectos aislados a una política comprensiva y sustantiva de desarrollo de capacidades en los liceos”.

En Matemática, “nuestro gran talón de Aquiles” donde se concentra el peor resultado chileno, propone una intervención de largo plazo. “Se debiera convocar a una comisión de expertos de alto nivel para la construcción de un plan a 10 años, con medidas concretas, inversión, responsables, que coloque la enseñanza de las matemáticas como una prioridad país, no de un gobierno, sino una política de Estado”, concluye.