Ucrania no ha perdido: sus fuerzas siguen cohesionadas, la sociedad civil mantiene su apoyo a la resistencia y sus capacidades militares continúan infligiendo daños asimétricos.
El 12 de febrero, el portal BioBioChile publicó una columna firmada por Gustavo Poblete titulada «Represión al interior de Ucrania: una contradicción de valores», en la que el autor centra sus argumentos en las violaciones de los derechos humanos cometidas por el Gobierno de Zelenski durante la resistencia de Ucrania a la invasión y agresión rusa.
El autor hace afirmaciones que, según él, están sustentadas en informes de Naciones Unidas. Sin embargo, al comparar la información de la columna con la de fuentes como la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos (OHCHR por sus siglas en inglés), Human Rights Watch y Amnistía Internacional, se detectan falacias, sesgos, exageraciones y mentiras en el artículo, que se exponen a continuación.
Los informes mencionados en el artículo existen. OHCHR ha publicado varios documentos sobre violaciones de los derechos humanos en Ucrania desde febrero de 2022, incluidas detenciones arbitrarias y torturas, pero Poblete manipula, falsea y realiza una selección sesgada de la información contenida en ellos.
Las cifras del artículo no coinciden exactamente con los datos de los informes sobre abusos por parte de Ucrania, y el autor omite que esos mismos informes señalan cifras mucho mayores de abusos por parte de Rusia contra los ucranianos (por ejemplo, 864 detenciones arbitrarias por parte de Rusia en 2023, de las cuales el 91% implicó tortura, o 215 entrevistados en 2025, de los cuales el 92% reportó tortura).
Un detalle importante que se le escapa a Poblete es que los informes citados en su columna enfatizan que las violaciones sistemáticas y generalizadas son cometidas por parte de Rusia, mientras que los casos de Ucrania están documentados, pero han sido puntuales, se han registrado en mucha menor escala y han sido abordados por Kyiv con esfuerzos de sanción, corrección y reparación que están ausentes en el caso ruso.
A lo largo del artículo, Poblete afirma en varias ocasiones que las fuerzas ucranianas han cometido torturas y detenciones. En una de ellas asevera que se han producido «más de 200 detenciones de civiles desde febrero de 2022 bajo acusaciones de colaboración con Rusia, y que la mayoría de esas detenciones se han llevado a cabo bajo tortura, violencia física y presión psicológica». Si bien es cierto que los informes consultados documentan detenciones llevadas a cabo por autoridades ucranianas de ciudadanos sospechosos de colaborar con Moscú, las cifras no coinciden y, mucho menos, confirman las torturas, la violencia física y psicológica.
El número de ciudadanos detenidos bajo cargos de espionaje es de 170, no «más de 200», como afirma Poblete, y en ningún informe consultado se constata que la mayoría de estas detenciones hayan incluido tortura sistemática. La discrepancia entre la columna y la información de las fuentes nos indica que Poblete ha exagerado y seleccionado de forma sesgada los datos. El artículo también ignora que muchas de estas detenciones se producen en el contexto de la ley marcial decretada por el Gobierno ucraniano debido a la invasión rusa. Esto no justifica los abusos, pero sí los contextualiza en el marco de una invasión moscovita que a Poblete parece no molestarle ni influir en su análisis.
Los informes de la propia OHCHR enfatizan que las violaciones de los derechos humanos son más generalizadas por parte de las fuerzas rusas contra los ucranianos, pues se han verificado y comprobado cientos de casos de tortura a prisioneros de guerra y civiles ucranianos. Sin embargo, Poblete no menciona este hecho en ninguna parte de su columna ni tampoco recuerda (como sí lo hace Amnistía Internacional) que el gobierno ucraniano ha procesado penalmente casos de abusos internos cometidos por militares ucranianos bajo la ley marcial, lo que demuestra una falta de honestidad intelectual por parte del autor de la columna.
En otro apartado se afirma que «la ONU documentó tortura o maltrato en más de 190 detenidos civiles (152 hombres, 35 mujeres y 3 menores), ninguno de los cuales estaba relacionado con el conflicto», y que esta cifra es solo una fracción de la realidad. El informe de la OHCHR citado en el artículo menciona 170 casos desde 2022, no 190, y los describe como «detenidos relacionados con el conflicto», y aclara que la mayoría de los datos sobre tortura se refieren a abusos de soldados ucranianos contra prisioneros de guerra rusos (y no contra civiles, como afirma Poblete). La descripción que ofrece OHCHR es clara al señalar que todas esas personas han sido detenidas en relación directa con el conflicto. ¿A qué se debe esta distorsión intencional?
Poblete habla de «persecuciones por la distribución de ayuda humanitaria en territorios controlados por Rusia y por la información sobre civiles heridos», pero el informe de la OHCHR no menciona específicamente persecuciones por actividades humanitarias. Si bien es cierto que los informes de Amnistía Internacional y Human Rights Watch documentan algunos y puntuales abusos por parte de los ucranianos contra sospechosos de colaboración, estos no se vinculan directamente con la ayuda humanitaria. Aquí, de nuevo, Poblete tergiversa la información de los reportes que señala. Poblete tampoco señala la ilegalidad de la ocupación rusa de dichos territorios ucranianos lo que apunta a una normalización de la ocupación.
Poblete afirma que, en abril de 2024, «el comandante de “Resistencia Jersón” (pro Zelenski) admitió que el SBU tortura sistemáticamente a civiles sospechosos de tener lazos con Moscú». Sin embargo, no encontré ninguna referencia creíble y corroborable sobre este hecho, ni en fuentes independientes ni en los informes de la ONU, Amnistía Internacional o Human Rights Watch. El término «Resistencia Jersón» parece referirse a una red partisana, pero no hay registros públicos y oficiales de su existencia como agrupación siendo más bien una resistencia orgánica local. Aquí, Poblete basa su argumento en rumores no verificados y/o fabricados por la maquinaria propagandística y desinformación moscovita.
Poblete afirma que «los aliados occidentales (UE, Reino Unido, OTAN) ignoran las violaciones porque saben que en lo militar el conflicto está perdido». Sin embargo, no solo no hay ninguna prueba de que estos países consideren que el conflicto (que, en realidad, es una invasión rusa) esté perdido, sino que, desde un punto de vista estrictamente militar, la misma afirmación de Poblete de que el conflicto está «perdido» para el bando ucraniano es una exageración significativa y no se corresponde con un análisis militar situado y especializado en relación con la situación actual sobre el terreno.
Evaluaciones independientes de centros especializados como el Institute for the Study of War (ISW) y el Center for Strategic and International Studies (CSIS) definen la situación militar como un estancamiento prolongado de alta intensidad, con avances rusos lentos y costosos. No obstante, Ucrania mantiene una defensa sólida, contraataques efectivos y un flujo continuo de apoyo occidental que le impide ser derrotada de forma definitiva.
Es cierto que Rusia ha logrado avances militares limitados, pero a un ritmo extremadamente lento: entre 15 y 70 metros por día en sus principales ofensivas desde febrero de 2024 hasta enero de 2026. Este avance es más lento que cualquier ofensiva importante en las guerras del siglo XX y equivaldría a una media de 350 km² al mes, por lo que, al ritmo actual, Rusia necesitaría 38 meses adicionales para conquistar solo Donetsk y Zaporizhia.
Ucrania, por su parte, ha llevado a cabo contraataques focalizados con éxito, como en la frontera de Dnipropetrovsk y Zaporizhia. El ISW calcula que Rusia está muy lejos de romper líneas clave como la defensa fortificada ucranianas alrededor de Slovyansk o Kramatorsk.
Se trata de una guerra de desgaste en la que Rusia está pagando un precio desproporcionado por avances territoriales marginales. Habría que recordar a Poblete y a los lectores que Rusia, la potencia invasora, ha sufrido alrededor de 1,2 millones de bajas entre muertos, heridos y desaparecidos desde febrero de 2022 hasta la fecha.
Para diciembre de 2025, más de 325.000 invasores rusos habían muerto en Ucrania, y solo en enero de 2026, las bajas rusas confirmadas alcanzaron las 31.700 (muertos y heridos graves), lo que supera con creces la capacidad de reclutamiento mensual de Moscú, estimada en 9.000 personas.
No hay duda de que Ucrania enfrenta desafíos en reclutamiento y cansancio de tropas, pero ha mitigado este factor con rotaciones, entrenamiento occidental y técnicas de combate innovadoras. Rusia, en cambio, depende de reclutas mal entrenados y mercenarios, lo que degrada su efectividad.
Ucrania no ha perdido: sus fuerzas siguen cohesionadas, la sociedad civil mantiene su apoyo a la resistencia y sus capacidades militares continúan infligiendo daños asimétricos. ¿Qué evidencia verificable permite a Poblete sostener que el conflicto está decidido en favor de la potencia invasora?
En contextos de guerra, y más ante una invasión colonialista como la que Moscú ha desatado en Ucrania desde el 2014, el rigor en el uso de fuentes no es un detalle menor: es una exigencia ética. Cuando se manipulan cifras, se descontextualizan informes y se omiten deliberadamente los datos que contradicen una tesis, no estamos ante un análisis crítico, sino ante una construcción narrativa orientada a reforzar un posicionamiento ideológico como el texto de Poblete demuestra.
Manuel Férez
Profesor de Medio Oriente y Cáucaso.
Doctor en Sociología por la Universidad Alberto Hurtado.
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