A estas alturas, el nuevo porno resulta provinciano y constituye una actividad plenamente burguesa en manos de estos "disidentes" que ya rondan los cuarenta o cincuenta años.

El artista visual y activista Felipe Rivas San Martín ha decidido personificar las críticas contra el festival de nuevo porno Excéntrico en la figura de la periodista María José Olea. Es un movimiento reduccionista: no es solo una periodista, es medio país el que manifiesta su indignación al verse obligado a financiar, con más de 60 millones de pesos públicos, una instancia de esta naturaleza.

Resulta incluso cobarde que Rivas San Martín recurra a epítetos como “cuica y pechoña”; una violencia simbólica evidente de un hombre hacia una mujer, típica de ciertos activismos hiperventilados que ya han acaparado suficiente atención y recursos. Ante tal actitud, cabe preguntarse: ¿sería “Arribista San Martín” un mote igualmente adecuado?

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Lo que Rivas “olvida” deliberadamente es el fondo del cuestionamiento de Olea: la participación de figuras como Wincy Oyarce y José Carlo Henríquez.

Ambos saltaron a la esfera pública —esa masa de “tontos” que supuestamente no comprendemos el “alto arte”— debido a un video donde hacían apología de la explotación y el abuso sexual infantil, contenido que volvió a la palestra a raíz del festival.

La conexión no es fortuita: aunque Oyarce no fue parte orgánica del CUDS, es un colaborador estrecho del círculo de Rivas San Martín y Henríquez, quienes sí dirigieron dicho colectivo por más de una década.

Rivas pretende convencernos de que este “nuevo porno” —una supuesta expresión reflexiva de cuerpos “no normativos” realizando las mismas prácticas sadomasoquistas de siempre— es equiparable a “El origen del mundo” de Courbet. Sin embargo, la comparación es espuria: la obra de Courbet fue una ruptura realista y crítica, no la rancia repetición de fórmulas viejas presentadas como vanguardia para beneficio de los mismos de siempre.

Resulta imperativo desplazar el foco de la “teoría académica” hacia la realidad material: existe hoy un grupo de personas trans jóvenes que están siendo reclutadas en actividades pornográficas extremas, bajo el alero de plataformas como Erotida Films y la Putifiesta.

Es ahí, en la vulnerabilidad de esas nuevas generaciones captadas por estos circuitos, donde debemos poner la atención y el cuidado, en lugar de validar estéticamente prácticas que rozan la degradación bajo el rótulo de disidencia.

A estas alturas, el nuevo porno resulta provinciano y constituye una actividad plenamente burguesa en manos de estos “disidentes” que ya rondan los cuarenta o cincuenta años.

Como exintegrante del movimiento social trans, enfocado en el trabajo sociocomunitario, puedo afirmar con propiedad que Rivas, Henríquez, Cabello y Díaz —la plana mayor del CUDS— solo han practicado la autocelebración y el escalamiento en puestos de poder, becas y fondos estatales. Casi todos ellos viven hoy fuera del país gracias a esos beneficios.

El porno y su imposición institucional no es una demanda de la comunidad; es un interés personal de un grupo privilegiado que poco o nada tiene que ver con las urgencias del resto de la población trans.

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