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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El inicio del año escolar trae consigo la crucial elección de la mochila y los zapatos del colegio, elementos que pueden impactar la salud de los niños más allá de su diseño. La mochila no debe superar el 10% al 15% del peso corporal del niño, preferiblemente con espalda acolchada, tirantes anchos y ajustables. Se sugiere que quede apoyada en la zona media de la espalda. Respecto al calzado, debe ajustarse al pie sin apretar, ser flexible y transpirable con suela antideslizante y soporte en el talón. Se aconseja revisar el número cada tres o cuatro meses. Dolores en la espalda, pies o rodillas, desgaste irregular del calzado o posturas encorvadas al caminar pueden ser señales de alerta.

El inicio del año escolar implica también una de las compras más importantes para las familias: la mochila y los zapatos del colegio. Sin embargo, más allá del diseño o la marca, la elección de estos elementos puede tener un impacto directo en la salud de los niños.

Rodrigo Beltrán, Director de Carrera de Kinesiología de UDLA Sede Viña del Mar, señala que la selección de estos artículos debe considerar criterios funcionales asociados a la salud. “Es importante optar por implementos que permitan un uso correcto y armónico, que resulten cómodos y que contribuyan a prevenir molestias o dolencias a largo plazo”, explica.

Una mochila mal ajustada o un calzado inadecuado pueden generar molestias que, con el tiempo, se transforman en problemas posturales o alteraciones del desarrollo musculoesquelético. Por eso, el Dr. Juan Fuenzalida, traumatólogo pediátrico de Clínica Universidad de los Andes, recomienda fijarse en algunos aspectos claves antes de comprar.

Características que debe tener una mochila para el colegio

El peso total de la mochila, incluyendo libros y útiles, no debe superar el 10% al 15% del peso corporal del niño. Una carga excesiva puede provocar dolor lumbar, torácico o contracturas. Se sugiere preferir mochilas con espalda acolchada, tirantes anchos y ajustables, y, si es posible, con cinturón de sujeción en la cintura o el pecho, que ayudan a distribuir mejor el peso.

La mochila debe quedar cerca del cuerpo, apoyada en la zona media de la espalda, sin sobrepasar la línea de la cintura. Los modelos con ruedas pueden ser una buena alternativa, siempre que el niño pueda manipularlos sin forzar la postura ni levantar peso al subir escaleras. En el caso de estudiantes que llevan colación o almuerzo, se sugiere integrar la lonchera a la mochila, evitando el traslado de pesos separados que puedan generar compensaciones musculares con el tiempo.

“El uso prolongado de mochilas inadecuadas o una mala distribución del peso puede derivar en alteraciones posturales, como la escoliosis y molestias persistentes en hombros y espalda. Ante la presencia de dolor recurrente, cansancio constante o cambios posturales evidentes, el llamado es a consultar con un especialista para una evaluación oportuna”, dice el kinesiólogo.

Elige zapatos flexibles y que acompañen el crecimiento

En cuanto al calzado, es fundamental que se ajuste bien al pie, pero sin apretar, y que permita el movimiento natural de los dedos. Se recomienda revisar el número, al menos, cada tres o cuatro meses, ya que los pies de los niños crecen rápidamente.

El calzado en general y a toda edad, es un “protector” para el pie. El objetivo al ponernos calzado a diario es cuidar los pies, evitar que duelan, se mojen, se quemen, se enfríen, se ensucien, etc.

El pie, además de ser un efector del transporte y desplazamiento humano, es un efector del sistema de equilibrio, es decir, se adapta a las irregularidades del terreno, y mantiene la verticalidad corporal. Es un órgano dinámico, flexible y móvil.

Por tanto, el mejor calzado es el que mejor protege y más se parece a caminar descalzo, pudiendo mover intrínsecamente el pie. “Blando, flexible, amplio y cómodo. A mi parecer, la zapatilla deportiva es la que mejor cumple con esas características”, añade el traumatólogo.

La estructura del zapato no debe comprimir el pie y la zona de los dedos debe ser amplia, permitiendo un movimiento natural.

Para las zapatillas de uso escolar o deportivo, estas deben contar con una holgura adecuada, sistemas de ventilación, refuerzo en talón y tobillo y una planta flexible que facilite una caminata equilibrada y la práctica de actividad física. “La aparición de dolor plantar, inflamación, sudoración excesiva o lesiones cutáneas tras una jornada prolongada de uso del calzado son señales que requieren atención profesional”, advierte el kinesiólogo.

¿Cuáles son las señales de alerta?

Dolores frecuentes en la espalda, pies o rodillas, desgaste irregular del calzado o posturas encorvadas al caminar pueden ser señales de que algo no está bien. En esos casos, se recomienda consultar a un especialista en traumatología.

“El llamado es a elegir con conciencia. Una buena mochila y un calzado adecuado no solo previenen molestias, sino que también contribuyen a un crecimiento sano y a una postura correcta” añade el Dr. Fuenzalida.