Los felinos domésticos tienen comportamientos y hábitos muy especiales debido a su particular dualidad ancestral de ser animales cazadores y de presa.

La relación con sus propietarios, la crianza y cuidados son aspectos críticos en el desarrollo de la personalidad de un gato, ya que pueden moldear o exacerbar conductas que pudiesen llegar a generar problemas de convivencia o conductuales.

Los gatos son animales capaces de aprender y comprender su entorno, esto quiere decir que relacionan tanto los eventos positivos como negativos, por lo que es esencial que podamos proveerles experiencias positivas desde que son muy pequeños, para evitar una sobrerreacción a situaciones nuevas o, incluso hostilidad a situaciones determinadas.

Estas experiencias positivas pueden involucrar premios o golosinas para gatitos lo que puede ayudar a la aceptación de nuevos contextos, disminuyendo su “desconfianza” o temor a nuevas circunstancias. Un ejemplo, podría ser la habituación a la caja de transporte para que durante su uso se sientan seguros y cómodos dentro de ella, pues el introducirlo a la fuerza podría producir una mala experiencia, generando el rechazo permanente a su uso. También, socializar a nuestra mascota con distintas personas de manera tranquila, logrará que las acepte de forma menos reactiva cuando sea adulto.

En contraste con sus rasgos de cazadores, se les debe ofrecer superficies para trepar y plataformas en altura, además, generar un juego activo por medio de juguetes para evitar que cacen las manos o salten sobre las personas. La elección del juguete varía para cada gato (cajas de cartón, objetos en movimiento o con sonidos), en tanto, el juego aumenta el vínculo con el felino y mejora el nivel de actividad estimulando su capacidad de resolver problemas.

Contrario a la creencia de que son animales independientes, los gatos se caracterizan por ser muy sociables, capaces de establecer vínculos con las personas u animales con los cuales conviven. Por esto, es fundamental para su felicidad dedicar tiempo para jugar o acariciarlo.

Otro aspecto relevante es la conducta reproductiva de los felinos, la cual se observa marcadamente durante el mes de agosto y septiembre, asociado al aumento de horas de luz en el día, lo que genera que las hembras no esterilizadas entren en celo. De esta manera es común escuchar gatas maullando para atraer a los machos y, también, peleas entre machos para atraer a las hembras. Durante este periodo, sufren de estrés por el periodo reproductivo, se les puede ver con heridas, contagiar enfermedades o extraviar por días. Debido a esta situación, se recomienda que machos y hembras sean esterilizados, evitando así la vagancia o su desaparición durante este mes, mejorando notablemente su bienestar.

Jacqueline Zavala
Docente Escuela de Medicina Veterinaria Universidad de Las Américas