No cabe duda, la desigualdad en el acceso a la salud es un problema que afecta a todas las naciones. De acuerdo a cifras de la OMS, cerca de la mitad de la población mundial carece de acceso integral a servicios de salud básicos, y alrededor de cien millones de personas son arrastradas cada año a la pobreza extrema tratando de hacer frente a sus gastos médicos. Parece increíble, pero es cierto, lo que para muchos es parte de una rutina para otros es sencillamente inalcanzable, derivando en sufrimiento innecesario, enfermedades evitables y muertes prematuras.

Si bien esta problemática siempre ha estado en el debate a nivel de opinión pública, nunca había tenido el protagonismo del último año a raíz de la crisis por el COVID-19, que vino a poner en evidencia las carencias que venían construyéndose hace años. Es una tendencia mundial, de la cual Chile no escapa. Sólo para graficar: el promedio de días que una persona debe esperar por atención médica supera los 480 y la lista de espera para una atención médica bordea los 2,3 millones de personas, con un incremento cercano al 20% los últimos meses del 2020. Tomando estándares internacionales, si nos comparamos con la OCDE, nuestro sistema puede demorar hasta cuatro veces más en ciertos tipos de especialidades.

En vista de estos antecedentes, tanto el diagnóstico como el desafío están claros: debemos avanzar en lograr un acceso más igualitario. Y en ese reto hoy existe un gran aliado: la tecnología aplicada en salud, que contribuye, en palabras de la OMS, a “trabajar de manera más eficiente y efectiva, y para proporcionar un mayor acceso a los servicios de salud para las personas a las que sirven”. Bajo esa premisa fue que en septiembre de 2020 iniciamos un inédito movimiento social llamado “Contagiemos Salud” que, paradójicamente, motiva el contagio, pero esta vez con algo positivo.

A través de esta inédita iniciativa trabajamos en alianza con los servicios de salud y las municipalidades para llegar a los hogares más vulnerables, con un dispositivo tecnológico que examina corazón, pulmones, garganta y ritmo cardíaco, entre otros, para que el médico a distancia examine al paciente con grado clínico, tal como lo haría de forma presencial en una consulta física, entregando así un diagnóstico certero y un tratamiento adecuado en tiempo real. Así, con mucho esfuerzo y motivación, hemos diagnosticado de forma remota a más de 2 mil familias, descomprimiendo el sistema y evitando que las listas de espera sigan creciendo, por medio de atenciones que se concretan a un costo 9 veces menor del usual en el sistema primario de salud.

Claramente las brechas y deficiencias del sistema son enormes, y no podremos resolverlas del todo con lo que hagamos en “Contagiemos Salud”. Aun así, queremos aportar, poniéndonos la gran meta de impactar a 350.000 personas en 2021, lo que equivale al 15% de la Lista de Espera No Ges de Chile. Y lo hacemos porque hemos visto en terreno la enorme satisfacción del paciente y sus familiares al recibirnos en sus casas y sentirse valorados y cuidados, como quizás nunca antes había ocurrido. Por eso, seguiremos tocando puertas, generando alianzas en el sector público y aplicando un modelo de atención sanitaria con un enorme impacto social. Estamos seguros que ese es el camino, porque si todos nos motivamos podemos contagiar alegría, esperanza y traer algo de luz en momentos de tanta oscuridad.

David Batikoff
Fundador de Contagiemos Salud