Las personas que utilizan su voz por tiempos prolongados tienen mayor disposición a generar problemas en ella, pues el exceso de uso de la voz hablada, es sin duda una característica de la actividad docente y de otras ocupaciones como los abogados y telefonistas.

El contexto pandémico, también ha acrecentado otros factores perjudiciales para la salud, entre ellos reflujo gastroesofágico, estrés y falta de descanso, que sumados generan un conjunto de elementos que pueden gatillar una disfonía. Los síntomas más comunes de un problema vocal son ronquera que perdura en el tiempo, dolor y sensación de esfuerzo al hablar, cansancio durante o después hablar, pérdida de la voz y carraspera o tos. Si la persona se encuentra con uno o más de estos síntomas, es importante consultar a un fonoaudiólogo o médico otorrinolaringólogo para que pueda ayudar a mejorar el uso de su voz, y así no transformar esto en un problema permanente.

Para prevenir la aparición de patologías vocales, se recomienda tomar al menos dos litros de agua al día a temperatura ambiente, evitar el excesivo consumo de café y bebidas gaseosas o azucaradas, mantener una postura adecuada para permitir que fluya de forma natural la voz (espalda, hombros y caderas alineadas, ubicar la pantalla a la altura del los ojos y apoyar los codos cuando usa el teclado) y evitar carraspear o toser. Es importante realizar pausas vocales, eso significa descansar la voz sin ocuparla luego de haber hablado por tiempos prolongados.

Asimismo, una alimentación equilibrada y saludable ayuda a evitar el reflujo gastroesofágico que irrita las cuerdas vocales, y descansar adecuadamente nos ayuda también, ya que libera nuestra musculatura de tensión. El autocuidado es fundamental para sobrellevar todos los cambios que la pandemia ha traído a nuestras vidas, cuidar nuestra voz también es importante.

Pamela Carrasco
Académica Escuela de Fonoaudiología Universidad de Las Américas.