Nuestra fortuna es extraordinaria en lo referido a recursos mineros, y pésima en lo referido a posición en la cadena de producción de baterías, muy concentrada en el este de Asia.

Hace algunas semanas se formalizó lo que ya sabíamos hacía rato: quedaron sin efecto los dos proyectos seleccionados por Corfo para agregar valor a partir de litio de SQM vendido a precio preferencial, adjudicados en 2023 a las empresas chinas BYD y Tsingshan. Adiós a US$523 millones de inversión y unos mil empleos.

Las multinacionales acusaron la caída en el precio del litio (aunque ha repuntado desde entonces) y las conocidas trabas burocráticas de nuestro paisaje productivo.

¿Fue buena idea intentarlo? Algunos sostienen que si es que un mercado no nace en forma espontánea es porque simplemente no están las condiciones, y que cualquier intento por presionar artificialmente su aparición está condenado al fracaso. No importa cuántas rebajas tributarias ofrezcas, un puesto de helados en Groenlandia nunca despegará.

Pero casos de éxito hay. Por ejemplo, en las décadas de 1970 y 1980, el gobierno de Taiwán razonó que los semiconductores eran estratégicos. El Estado financió con fondos públicos la I+D, subvencionó la formación de talento y absorbió el riesgo inicial. Hoy la isla es la gran usina mundial de chips. Casos similares hay en la industria electrónica surcoreana, en la solar alemana, etcétera.

Así que no es necesariamente descaminado intentarlo. Pero, ya está, lo intentamos, fracasamos, y es suficiente. No dediquemos más recursos y energía a esto.

Nuestra fortuna es extraordinaria en lo referido a recursos mineros, y pésima en lo referido a posición en la cadena de producción de baterías, muy concentrada en el este de Asia.

Le regalo una curiosidad ilustrativa: la antípoda de la faena de SQM se ubica al sur de China, y ¿sabe cuál es la gran ciudad más cercana? La conurbación Cantón – Shenzhen, sede de la casa matriz de, fíjese usted las coincidencias de la vida, BYD. En todo el mundo no hay una sola faena de litio más lejana. Dado que el litio representa del orden del 2% del peso de una batería (depende de la tecnología específica) y que el resto proviene de una canasta diversa de múltiples rincones del globo, es muy requeté difícil que Antofagasta pueda competir.

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Nuestra verdadera oportunidad está en abrir nuevas operaciones mineras, algo que no hemos logrado en 30 años a causa de una regulación anacrónica.

Es de esperar que el nuevo ciclo político deje atrás ese doble fetiche de valor agregado forzado y rol preferente del Estado en el desarrollo del litio y en lugar de eso abra la cancha para que las mejores empresas, con los mejores estándares ambientales y las mejores tecnologías, aterricen en nuestros salares para activar el ciclo de exploración y producción del oro blanco que el mundo demanda.

En palabras de Stella Li, presidenta de BYD Américas, “deseamos que el Gobierno pueda ser más agresivo para abrir más licitaciones para la extracción de litio”.