En esencia se trata del aumento de actores y polos de influencia en la arena mundial, que abre nuevas oportunidades para los intereses de cada Estado independientemente de su tamaño, posición política, económica o geográfica.

El 10 de febrero en Rusia se celebra el Día del Diplomático y esa fecha tradicionalmente abre espacios para reflexionar sobre la historia, el presente y el futuro de esta profesión. Curiosamente, la mayoría de las opiniones coinciden en que la IA jamás reemplazará ni en parte el trabajo de los diplomáticos. Todo lo contrario, la demanda de la diplomacia aumentará considerablemente en los próximos años.

A diferencia de lo que plantea Francis Fukuyama en el “Fin de la Historia”, cuando a principios de los 1990 parecía que desde un solo centro se iban a dirigir los destinos de todo el planeta y, lógico de suponer, que en este caso la diplomacia se pondría definitivamente al servicio de los intereses coloniales, hoy día aquella tendencia se revirtió.

La buena noticia es que la configuración multipolar del mundo que se tachaba por años desde la élite occidental llegó para quedarse y es aceptada incluso por los representantes estadounidenses, entre otros, como un hecho consumado. Esta realidad, que permite la coexistencia de varios polos de desarrollo, da más chances para que la diplomacia nacional y regional pueda defender y promover sus propios intereses en el concierto de los Estados.

El auge a ritmo acelerado del potencial político, económico y cultural de toda una serie de países, que se configuran en torno al BRICS y otros foros globales, define objetivos cada vez más importantes ante las diplomacias de cada uno de ellos alineándose a sus propios intereses.

En esencia se trata del aumento de actores y polos de influencia en la arena mundial, que abre nuevas oportunidades para los intereses de cada Estado independientemente de su tamaño, posición política, económica o geográfica.

El futuro de la diplomacia en esta situación actual ha sido resumido por el presidente Putin en el Foro Valday de la siguiente forma: “Estoy seguro de que nosotros con ustedes seremos testigos de una suerte de renacimiento, de resurgimiento del alto arte diplomático. Su naturaleza reside en la capacidad de dialogar y llegar a un acuerdo con los vecinos, con las personas que comparten las mismas ideas y -lo que no es menos importante, pero sí más difícil- con los oponentes”.

En tal sentido, hablando de América Latina el canciller Lavrov destacó recientemente que Rusia está dispuesta a profundizar al máximo las relaciones con sus Estados en la medida en que los propios países latinoamericanos estén interesados en hacerlo. Agregando que estas relaciones se basan en la igualdad, los beneficios mutuos y el respeto recíproco, donde no hay ideologías ni doctrinas.