Nuestro sistema de negociación, válido para la OIT y para la OCDE, ha tenido resultados positivos para el mundo sindical, el cual ha acrecentado su poder negociador.

Desde la presentación de la iniciativa de negoción multinivel (“ramal”) Gobierno y sectores aledaños han insistido sobre las bondades de este sistema de negociación y han atacado duramente la negociación por empresa, vigente desde hace más de tres décadas.

El problema es que nadie ha presentado evidencia concreta sobre el impacto que este cambio traería a nuestro sistema de relaciones laborales, ni sus efectos en el empleo, en la productividad y sobre todo en las PYMES. Y peor aún, se han ocultado los importantes avances que el país ha experimentado en materia de sindicalización y cobertura de la negociación colectiva desde el retorno a la democracia y las continuas reformas laborales.

En fin, sólo hemos visto aspiraciones, voluntarismo, añoranzas de épocas pasadas e ideologismos, acudiendo, además, a la siempre citada OCDE y a lo que sucede en los países nórdicos, pero nada hay sobre los varios modelos de empresa en países que son parte de tal organismo.

Pero veamos los datos duros que muestra Chile desde el inicio de los gobiernos democráticos. Según datos oficiales de la DT, Chile tiene un 21,5% de sindicalización (5,6 puntos más que el 2019), y muy por sobre el 15% de la OCDE (en 1980 tenía el 35%).

A diferencia de lo dicho por el diputado Luis Cuello en este medio, los datos de la encuesta ENCLA de la DT del 2023, indican que la tasa de cobertura real de la negociación colectiva alcanza un 31,5%, sólo 2 puntos bajo el promedio de la OCDE (en 1985 era del 47%). Ello, porque los datos de la DT son parciales, pues no miden el porcentaje de cobertura por extensión de beneficios.

También la DT señala que en el año 2000 negociaron 123.675 personas y en el 2024, fueron 452.082 trabajadores. Sobre la cantidad de sindicatos son actualmente 11.772, pero allí se cuentan unos 3.000 sindicatos independientes que no negocian.

Adicionalmente, hablar de alta atomización sindical también es un mensaje engañoso, porque según un estudio de la DT del 2025, Chile posee actualmente un promedio de 110 trabajadores por sindicato, siendo que el promedio histórico medido desde 1932 arroja un promedio cercano a 120 socios. Entonces, el pasado no dista tanto del presente como algunos lo presentan, amén de que en el mundo las tasas de sindicalización han tenido una baja notable desde la década de los 80.

En otro orden de cosas, el proyecto presentado es muy rígido, pues somete a todo tipo de empresas, grandes, medianas y pequeñas a un salario único, obviando la realidad productiva y de ventas de las distintas empresas de un sector económico, por lo que empresa y trabajadores, como base de la relación laboral, pierden el poder de negociar de acuerdo a su realidad; tampoco existen cláusulas de salida, es decir, la posibilidad de que una empresa salga del acuerdo ramal por razones económicas, incluso no puede hacerlo en caso de insolvencia.

Valga también decir, que el modelo ramal ha tenido modificaciones en varios países europeos, como en España y sobre todo en Francia con la Ley Macron de 2017, norma que puso en la empresa parte importante de las materias a negociar, todo ello atendiendo a las dificultades económicas que ese país experimentó en la época.

Por ello, nuestro sistema de negociación, válido para la OIT y para la OCDE, ha tenido resultados positivos para el mundo sindical, el cual ha acrecentado su poder negociador.

Luego de 35 años de democracia, Chile está demostrado que, con múltiples reformas legales, políticas públicas y sobre todo con voluntad y convicción política laboral, reflotar fórmulas del pasado y sin evidencia concreta de beneficios para empresas y sindicatos, resulta un espejismo.