La Justicia confirmó la muerte de Willy Malessa, exintegrante del equipo de seguridad de Paul Schäfer y condenado por encubrir el secuestro de tres víctimas de Colonia Dignidad. Falleció en Colina I sin revelar la ubicación de las fosas donde fueron enterrados decenas de detenidos desaparecidos.
Willi Ferdinand Malessa Boll, uno de los hombres de confianza de Paul Schäfer y pieza clave en el ocultamiento de los crímenes cometidos en Colonia Dignidad, murió al interior del penal Colina I.
El excolono alemán cumplía una condena de seis años de cárcel por encubrir el secuestro calificado de tres personas, entre ellas una mujer embarazada.
La muerte de quien fuera escolta e integrante del equipo de seguridad del jerarca de la secta quedó confirmada mediante una resolución de la Corte Suprema, vista por BioBioChile, fechada el 3 de septiembre de 2026.
El máximo tribunal había recibido un recurso de casación presentado en favor de Malessa, con el que su defensa buscaba revertir la sentencia. Sin embargo, tras conocer su fallecimiento, ordenó devolver los antecedentes a la Corte de Apelaciones de Santiago y, posteriormente, al despacho de la ministra en visita extraordinaria Paola Plaza.
Malessa murió en el módulo especial de Colina I, donde permanecen recluidos numerosos condenados por violaciones de los derechos humanos cometidas durante la dictadura. Murió condenado, pero sin revelar la información que guardó durante décadas.
Muere Willi Malessa, condenado por hacer desaparecer cuerpos en Colonia Dignidad
En marzo pasado, la Corte de Apelaciones de Santiago confirmó por unanimidad la condena de seis años de presidio efectivo contra Malessa, como encubridor de los secuestros calificados de Juan Bosco Maino Canales, Antonio Elizondo Ormaechea y Elizabeth de las Mercedes Rekas Urra, quien se encontraba embarazada cuando fue detenida.
Las tres víctimas fueron capturadas por agentes de la dictadura en mayo de 1976. Después de su detención en Santiago, sus rastros se perdieron al interior de Colonia Dignidad, el enclave alemán ubicado en la comuna de Parral que funcionó como centro clandestino de detención, tortura, exterminio y desaparición.
La Justicia estableció que Malessa actuó con conocimiento de los crímenes y colaboró posteriormente para borrar sus huellas, perpetuando la incertidumbre sobre el destino de los secuestrados.
No solo participó en la desaparición de cuerpos. También desarmó y enterró piezas pertenecientes a los vehículos de las víctimas, impidiendo que pudieran ser encontrados por sus familiares o por los investigadores.
Para la abogada de derechos humanos, Karinna Fernández, la muerte de Willi Malessa sin entregar las coordenadas exactas de las fosas clandestinas “representa un golpe irreparable para el derecho a la verdad y una revictimización intolerable para las familias de Parral”.
“Mantuvo su pacto de silencio mediante declaraciones erráticas e imprecisas que solo prolongaron la agonía y el dolor de quienes llevan más de cinco décadas buscando a sus seres queridos. Con su partida biológica se extingue un testimonio clave, lo que vuelve indispensable y urgente que el Estado agote todas las pericias en Colonia Dignidad y que Alemania cese la protección a prófugos como Reinhard Döring, antes de que el tiempo consolide la impunidad total”, añadió.
El hombre de la retroexcavadora
Malessa no fue un colono ajeno a las atrocidades cometidas bajo el mando de Schäfer. Durante la década de 1970 integró su grupo de seguridad, ejerció labores represivas contra los propios habitantes del enclave y accedió a información reservada gracias a su cercanía y lealtad al pederasta alemán.
En ese contexto, tuvo una misión macabra: operar la retroexcavadora utilizada para abrir diez fosas clandestinas y sacar los cadáveres de personas asesinadas después del golpe de Estado.
Las exhumaciones se realizaron entre diciembre de 1978 y las primeras semanas de 1979, en el marco de las acciones destinadas a eliminar los rastros de los detenidos desaparecidos. Según estableció la investigación, cada fosa contenía al menos cuatro cuerpos.
El propio Malessa reconoció ante la ministra Paola Plaza la dimensión de la operación.
“Yo creo que saqué unos tres o cuatro cuerpos por fosa, que eran diez, por lo que estimo que en total fueron unos cuarenta cuerpos. Los cuerpos estaban completos, no desmembrados, no recuerdo que tuvieran ropa”, declaró.
Murió sin revelar dónde están las víctimas
La Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Parral envió una declaración a BioBioChile, en la que abordó la muerte de Malessa y cuestionó que se haya llevado a la tumba información clave para encontrar a las víctimas de Colonia Dignidad.
“Aunque Malessa reconoce su participación, se fue a la tumba sin revelar lo más importante para quienes llevamos 53 años buscando a nuestros amados familiares: la ubicación exacta de las fosas”, señalaron.
Para las familias, su silencio prolongó deliberadamente una búsqueda que se extiende por más de medio siglo. “Su actitud contumaz no hizo más que profundizar el dolor de los familiares. Fue una muestra más de la vocación criminal con la que han actuado los alemanes”, sostuvieron.
A juicio de la agrupación, ese comportamiento también desmiente la defensa levantada durante años por algunos antiguos integrantes de la colonia, quienes han asegurado que actuaban obligados por Schäfer.
Familiares apuntan a Alemania y emplazan a Kast
En el documento, la agrupación advirtió que, tras la muerte de Willi Malessa, solo quedaría una persona con información directa sobre la ubicación de sus familiares: Reinhard Döring Falkenberg.
Este último permanece en Alemania desde 2004, cuando salió de Chile sin que se adoptaran medidas para impedir su fuga. “Nuevamente la mirada se vuelve hacia Alemania, donde vive protegido por el Estado germano”, acusaron.
La organización exigió a las autoridades alemanas permitir la detención y extradición de Döring, Hans Jürgen Riessland y el médico Hartmut Hopp, todos requeridos por la justicia chilena debido a su participación en los crímenes cometidos en el enclave.
Asimismo, emplazó al Gobierno chileno y al presidente José Antonio Kast a iniciar gestiones concretas para que los prófugos sean llevados ante los tribunales.
“Solo nos interesa saber la verdad, es el momento de que hablen. Estamos dispuestos a escucharlos”, manifestaron los familiares. Sin embargo, advirtieron que, mientras persista el silencio, no queda más que concluir que los excolonos “siempre han sido parte de este macabro plan de exterminio de seres humanos”.
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