Una camaradería tan improbable como decisiva comenzó a gestarse entre Tomás González Quezada y Juan Abdón Flores Valenzuela, alias “Indio Juan”, mientras ambos permanecían recluidos en el Centro de Detención Preventiva Santiago 1. El vínculo terminó siendo clave para concretar el plan que, tiempo después, les permitiría escapar juntos desde la ex Penitenciaría, donde cumplían condenas por delitos de distinta naturaleza: González por graves ataques contra carabineros —entre ellos, un homicidio frustrado— y Flores por el femicidio de su expareja.
El primero en instalarse en la Galería 7 del recinto penal fue Flores Valenzuela. Tiempo después, cuando González Quezada recibió su condena y Gendarmería le preguntó si tenía algún módulo de la ex Penitenciaría donde prefería ser destinado —algún lugar donde lo fueran a “recibir”—, no dudó: pidió ir a la misma galería donde pasaba sus días el “Indio Juan”. No fue al azar.
Fue allí donde terminaron de afinar los detalles de la escapatoria. Sus perfiles delictuales, pese a ser muy distintos, se complementaron: Flores aportaba décadas de experiencia entre cárceles chilenas y extranjeras, además de un acabado conocimiento de la dinámica penitenciaria; González, en tanto, fue uno de los pocos reclusos que creyó ciegamente en un plan que el “Indio Juan” ya venía madurando. Y funcionó: sin forzar accesos y vestidos como gendarmes, ambos abandonaron caminando —como Pedro por su casa— el penal el 25 de febrero pasado.
La libertad, sin embargo, duró seis meses para uno de ellos. Los pasos del “Indio Juan” venían siendo seguidos de cerca por efectivos de la Brigada de Investigaciones Policiales Especiales (BIPE-Antisecuestros) de la PDI Metropolitana, que lograron reconstruir sus movimientos hasta cerrar el cerco sobre él. Flores Valenzuela terminó nuevamente tras las rejas. González Quezada, su compañero de fuga, continúa prófugo.
El reencuentro
Una vez concretada la fuga, las sospechas no tardaron en posarse sobre el eventual rol facilitador que pudieron haber tenido funcionarios de Gendarmería. La forma en que ambos reos abandonaron el recinto —sin forzar accesos y vestidos como custodios— encendió las primeras alertas. Fue así como la Fiscalía Regional Metropolitana Occidente, encabezada por Marcos Pastén, abrió una investigación que, en paralelo a indagar posibles delitos de corrupción al interior del penal, comenzó a reconstruir paso a paso los movimientos de los dos prófugos.
Las diligencias instruidas por Pastén y compañía se repartieron entre el Departamento de Investigación Criminal de Gendarmería y la mentada BIPE Antisecuestros de la policía civil. En ese contexto, se logró establecer que, apenas consiguieron abandonar la ex Penitenciaría, dividieron aguas. Uno abordó un taxi y el otro se fue en micro. Al poco andar, eso sí, comenta una fuente de Bío Bío Investiga, ambos se reunieron por algunos días en la comuna de El Bosque.
En paralelo, las diligencias llevaron a los investigadores hasta Villa Francia. Allí se concretó un allanamiento en uno de los puntos que aparecía bajo la lupa como eventual refugio de González Quezada, considerado un lugar al que el anarquista podía recurrir tras la evasión. La diligencia, sin embargo, era apenas una pieza más del rompecabezas que los equipos policiales intentaban armar.
Con el correr de los días, esa reconstrucción comenzó a extenderse más allá de las fronteras. Según asegura otra de las fuentes consultadas, los investigadores lograron establecer que el “Indio Juan” y González Quezada abandonaron Chile juntos a través de un paso no habilitado y se internaron en Argentina.
Indio Juan is back
Como sea, al cabo de algunos meses el Indio Juan decidió regresar a suelo nacional. Lo hizo aproximadamente en julio, según lograron establecer los investigadores. ¿La razón? Retomar sus actividades delictivas. Hasta ahora no se ha divulgado si Tomás González siguió sus pasos nuevamente.
Juan Abdón Flores Valenzuela estaba de regreso en Santiago y no pasó inadvertido para los investigadores. Como continuaba bajo monitoreo, una de las primeras alertas surgió a partir de imágenes captadas en el Metro, específicamente en el sector de Santa Rosa, donde su rostro y características físicas coincidieron con las de quien por esos días era uno de los prófugos más buscados de Chile. Ese antecedente permitió enfocar las diligencias y dar inicio a una vigilancia más estrecha sobre sus movimientos.
A partir de ahí, los detectives comenzaron a reconstruir su rutina. Las pesquisas permitieron establecer que se desplazaba con frecuencia entre Pedro Aguirre Cerda y el sector de La Bandera, donde mantenía un inmueble como punto habitual de llegada. Con esa ruta ya identificada, la BIPE Antisecuestros intensificó los seguimientos hasta conseguir confirmar dónde se estaba ocultando.
El cerco terminó por cerrarse el 1 de septiembre. Ese día, luego de poco más de seis meses prófugo, el “Indio Juan” fue detenido en La Bandera. Su captura puso fin a una búsqueda que se había iniciado tras la fuga del 25 de febrero y que, durante meses, combinó análisis de cámaras, vigilancias y seguimientos para reconstruir los pasos de uno de los delincuentes más experimentados del hampa criolla.
Fiscal destaca trabajo conjunto
Tras la recaptura del denominado “Indio Juan”, el fiscal regional Metropolitano Occidente, Marcos Pastén, valoró el trabajo desplegado por los equipos que participaron en la búsqueda del prófugo, quien alcanzó a permanecer 187 días evadido desde la ex Penitenciaría de Santiago.
“Esta es una respuesta del Estado, que ha sido sólida y muy técnicamente sustentada”, afirmó el persecutor luego del procedimiento. En esa línea, agregó que sus primeras palabras eran “para felicitar el trabajo de ambas instituciones” involucradas en las diligencias.
Pastén explicó que el operativo que terminó con la captura comenzó a gestarse desde el mismo día de la fuga. “Desde el momento mismo de la evasión de estas personas desde el recinto penitenciario se conformó esta fuerza de tarea en conjunto con la Policía de Investigaciones y Gendarmería”, señaló.
A partir de entonces, dijo, las pesquisas se desarrollaron con especial reserva para reconstruir los movimientos de los fugados. “Sigilosamente, reservadamente, se estuvieron realizando intensas diligencias para reconstruir los circuitos que se habían utilizado desde la salida del centro penitenciario”, sostuvo el fiscal regional.
De los últimos “choros viejos”
Quienes participaron de su búsqueda describen al “Indio Juan” como uno de los últimos exponentes de una vieja escuela del hampa chilena. Un delincuente avezado, curtido por décadas entre delitos y cárceles, y alejado del perfil más exhibicionista que hoy suele dejar huellas en redes sociales. En su caso, precisamente, esa escasa relación con aplicaciones y plataformas digitales fue una dificultad adicional para quienes intentaban seguirle el rastro.
Flores Valenzuela acumula, según una de las fuentes que trabajó en su captura, más de dos décadas de experiencia tras las rejas. No sólo en Chile. Su principal especialidad durante buena parte de su trayectoria fue como lanza internacional en Europa y otros países de Sudamérica. Esa actividad le permitió desenvolverse fuera del país, conocer otras cárceles y tejer vínculos que, según los investigadores, le daban una ventaja poco común a la hora de moverse en la clandestinidad.
Ese recorrido también le habría permitido farmear cierto respeto dentro del mundo delictual. “Son tipos respetados también a nivel del hampa por su experiencia”, explicó fuera de micrófono una fuente que siguió sus pasos durante estos últimos meses. En el caso del “Indio Juan”, agrega, ese conocimiento no se limitaba a las calles: conocía especialmente bien la ex Penitenciaría, sus rutinas, horarios y movimientos internos. Un cúmulo de información que, según el mismo consultado, terminó utilizando para diseñar la fuga que Tomás González, de perfil más anarquista, fue de los pocos reos en atreverse a secundar.
Incluso prófugo, Flores Valenzuela parecía saber cómo mantenerse a flote. Cuando finalmente cayó, vestía ropa nueva y, a juicio de los investigadores, contaba con medios suficientes para sostenerse en la clandestinidad sin demasiados sobresaltos. Él mismo habría asegurado durante la entrevista policial posterior a su captura que seguía dedicado a la actividad que mejor conocía.
De regreso al penal
La captura de Flores Valenzuela, sin embargo, no sólo permitió devolver tras las rejas a uno de los dos prófugos más buscados. Sobre el “Indio Juan” pesa ahora una nueva investigación, esta vez por un supuesto plan para asesinar al alcalde de San Bernardo, Christopher White, antecedente que terminó acelerando las diligencias que permitieron dar con su paradero.
De acuerdo con los antecedentes reunidos en la causa, revelados por Radio Bío Bío, escuchas telefónicas habrían permitido detectar la existencia de una organización encabezada por Flores Valenzuela que buscaba concretar un atentado contra el jefe comunal. El ataque, según lo conocido hasta ahora, debía ejecutarse antes del 18 de septiembre y estaría relacionado con las acciones impulsadas por el municipio contra el narcotráfico en sectores como Santa Rosa de Lima y San Esteban.
Por esos hechos, eso sí, el “Indio Juan” todavía no ha sido formalizado. El fiscal regional Occidente, Marcos Pastén, explicó que las pesquisas continúan precisamente para determinar si existen antecedentes suficientes para imputarle nuevos delitos. “Ahora lo que nosotros tenemos que hacer es seguir haciendo diligencias para eventualmente formalizarlo por lo que corresponda, si es que corresponde”, sostuvo el persecutor.
Mientras esa arista sigue su curso, Flores Valenzuela regresó a prisión para continuar cumpliendo la condena de presidio perpetuo que pesa en su contra por el femicidio de su expareja. Allí permanecerá también a la espera de que el Ministerio Público defina si da el siguiente paso penal y solicita su formalización en esta nueva causa por el supuesto plan contra White.