Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.
El historiador Shlomo Sand aborda en "Una raza imaginaria. Breve historia de la judeofobia" la construcción de conceptos sobre Israel, judíos, antijudaísmo y sionismo, destacando su honestidad y subjetividad. Analiza la genealogía del antijudaísmo, citando diversas perspectivas históricas y reflexionando sobre la racialización de la cultura judía y el impacto del nazismo. Expone posturas coloniales y racistas en el presente israelí, cuestionando la discriminación genética y la exclusión de derechos. Alerta sobre el resurgimiento de la judeofobia en medio de críticas a las políticas israelíes.
“Sin embargo, debo advertir al lector desde el principio: nunca he considerado la historia como una ciencia, y siempre he sabido que reconstruir el pasado no es un proceso objetivo.” (p 7)
Siguiendo su planteamiento, esta reseña tampoco es objetiva, está teñida por mis propios valores, formación, valores y vivencias.
El historiador israelí Shlomo Sand (Linz, Austria, 1946) entrega, en Una raza imaginaria. Breve historia de la judeofobia, una sintética y crítica mirada sobre las construcciones sobre Israel, los judíos, el semitismo y el sionismo. En su reedición, agrega una pequeña sección con su mirada sobre lo sucedido después del 7 de octubre de 2023.
Honestidad
El primer punto a destacar de Shlomo Sand es su honestidad y claridad. No busca establecer “una” verdad. Y reconoce sus subjetividades, incluso podríamos hablar de prejuicios, como todos tenemos (aunque algunos muy moderados y autocríticos, mientras en el otro extremo hay quienes funcionan desde ellos).
En esta breve historia de la judeofobia, Shlomo Sand busca entregar una mirada amplia sobre cómo ella se generó y ha evolucionado. Una mirada que entrega distintos puntos de vista a través de diversas, y algunas sorprendentes, citas.
“Os han contado cosas sobre los judíos infinitamente exageradas y a menudo contrarias a la historia. ¿Cómo compararlas con las persecuciones de que han sido objeto por diversos pueblos? […] Todavía se le imputan vicios y prejuicios, y el espíritu de secta y de interés los exagera. Pero ¿a quién atribuirlos sino a nuestras propias injusticias? Habiéndolos excluido de todos los honores, incluso de los derechos de la estima pública, no les hemos dejado más que el objeto de especulaciones lucrativas.” (p 50), cita en el libro Shlomo Sand a Maximilien Robespierre (1758-1794).
También va presentando contrapartidas, como el siguiente planteamiento:
“Los nativos de Palestina que viven entre nosotros se han labrado desde el destierro, la mayoría de ellos al menos, por su inclinación a la usura, una reputación de embusteros demasiado bien merecida” (p 49), cita Sand a Immanuel Kant, década de 1790.
O con esta postura, entre otras muchas más:
“Bernard Lazarellega a la conclusión de que, si bien el “antisemitismo” es universal y siempre ha existido, sus orígenes se encuentran en los propios judíos. Son responsables del odio que han suscitado, porque siempre han sido “asociales” y se han encerrado en sí mismos. Sus rabinos y sus rígidas leyes los han aislado del resto de la humanidad. Los judíos son orgullosos y se consideran un pueblo superior y elegido. Se creen exiliados de su tierra santa y siempre han querido conservar sus rasgos de carácter particulares. Puede que no sean una raza, pero son un pueblo extranjero.” (p 76)
Una raza imaginaria no entrega una mirada cerrada, terminada. Más bien es una invitación a que cada persona reflexione, genere su propia postura. Pero como bien advierte al principio, la historia no es una ciencia. Y Shlomo Sand expresa con claridad sus valores.
Lo anterior no evita una mirada muy crítica al mundo cristiano. Y las razones, citas y hechos históricos le dan una muy buena base para ello.
“En el Evangelio según san Juan, Jesús advierte a los creyentes que se niegan a seguirlo: “Vuestro padre es el diablo, y vosotros queréis hacer lo que vuestro padre quiere” (8:44). Quienes no estaban dispuestos a reconocer la verdad del Mesías eran, en última instancia, responsables de su sentencia de muerte.” (p 20)
“… el discurso judeofóbico de la tradición cristiana secular les sirvió de postulado inicial para formular la invención de un pueblo judío.” (p 88)
El autor, sin quitar en ningún momento el peso, la magnitud y las consecuencias del exterminio de los judíos llevada a cabo por los nazis, lo pone en contexto. Tanto en la historia de matanzas y brutalidad en la Europa de principios del s XX, pero también al incluir otros grupos humanos que fueron víctimas de masacres.
“Es imposible imaginar la empresa nazi de exterminio al margen de las matanzas masivas de la Primera Guerra Mundial: esa gran masacre endureció el estado de ánimo de quienes habían vivido largo tiempo en las trincheras y, en cierto modo, legitimó la crueldad desenfrenada de la siguiente guerra. Los nazis, que planearon el exterminio de los judíos y de otras víctimas, habían participado en esa primera guerra total…” (p 83)
Racialización de una cultura y una religión
Una raza imaginaria se va haciendo más complejo y, hasta cierto punto, perturbador a medida que avanza.
“Todo lo que puedo decir es esto: somos una entidad histórica, una nación de diferentes componentes antropológicos. Eso basta para formar un Estado judío. Ninguna nación presenta una unidad de raza.” (p 91), cita Sand en su libro a Theodor Herzl (1860-1904), uno de los impulsores del sionismo.
A medida que el libro avanza, muchos van asumiendo una postura colonialista y, en algunas ocasiones, abiertamente racistas.
“En la década de 1970, por ejemplo, Golda Meir, entonces jefa de gobierno, proclamó que un judío que se casara con una no judía se sumaba a los seis millones de muertos en el Holocausto: en su imaginación desbocada, hacer realidad el amor entre dos jóvenes equivalía a entrar en las cámaras de gas.” (p 111).
El verdadero “muro” social y religioso que establece esa afirmación es radical. Incomprensible para muchos que admiramos rasgos centrales de la cultura y de la producción intelectual y creativa de tantísimos judíos.
“Antes, un “antisemita” era alguien que odiaba a los judíos; hoy, un “antisemita” es alguien a quien los judíos detestan.
Broma israelí de nuestro siglo” (p 121)
El autor avanza hasta plantear una postura colonialista y, en cierto sentido, racista en el que han caído muchos judíos e israelís. Una donde habría una raza, que por supuesto sería blanca, pero con genes diferenciadores. Una raza que habría que preservar lo más pura posible.
“Al igual que la más que centenaria doctrina antijudía, la teoría de un gen judío a finales del siglo XX tropieza con un inquietante problema “científico”: el ADN no puede utilizarse para definir quién es judío y quién no.” (p 106)
En esa línea, no todos los que viven en Israel tienen los mismos derechos. Y, por nacimiento y genética, algunos nunca podrán tener los mismos derechos que los “verdaderos” judíos.
“Es una ironía de la historia que Israel, Estado que muchos de sus fundadores vieron como una respuesta y una solución al odio y la violencia antijudíos en Europa, esté generando ahora, más que nunca, un nuevo tipo de judeofobia.” (p 131)
Finalmente, Sand plantea su preocupación -y angustia- por la difícil separación entre quienes legítimamente reclaman contra las políticas y crímenes de Israel en Gaza, Cisjordania y otros lugares, con el resurgimiento de la judeofobia. Un panorama peligroso para muchos, de los diversos sectores.
Una raza imaginaria, Shlomo Sand, Ediciones Akal
Una raza imaginaria Breve historia de la judeofobia
Shlomo Sand
Ediciones Akal
2025
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