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Viernes 21 diciembre de 2018 | Publicado a las 00:05 · Actualizado a las 14:13
A 40 a√Īos del Conflicto del Beagle: el d√≠a que Chile estuvo a minutos de una guerra con Argentina
Por Jonathan Flores
La información es de Deutsche Welle
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Todos los testimonios hist√≥ricos coinciden: apenas unos minutos separaron a Chile y Argentina de enfrascarse en una guerra que seguramente habr√≠a lastrado el desarrollo de ambos pa√≠ses y que, muy probablemente, se habr√≠a convertido en el conflicto m√°s sangriento del siglo XX en el continente. Hab√≠a una fecha establecida y una “raz√≥n”. Hab√≠a dos dictaduras y, por suerte, tambi√©n hab√≠a un sentido religioso que permiti√≥ la mediaci√≥n del papa Juan Pablo II.

Es 22 de diciembre de 1978, y en el extremo austral del planeta, la Armada de Argentina avanza con el fin de tomar las islas Picton, Nueva y Lennox. La escuadra chilena detecta el movimiento y sale a su encuentro. La tensión en la frontera es elevada y en algunos sectores del sur los soldados se ven las caras. De pronto, a las 18:30 horas, la Armada argentina retorna. La guerra, que debía comenzar el 23 de diciembre, no se concreta.

Guerra total con muchos muertos

Esta historia comenz√≥ en 1971, cuando ambos pa√≠ses firmaron un compromiso de arbitraje para zanjar la soberan√≠a de las islas. Una corte arbitral determin√≥ el 22 de mayo de 1977 que la soberan√≠a era chilena, lo que a la dictadura argentina, encabezada por el general Jorge Rafael Videla, no le hizo gracia. De all√≠ que el 25 de enero de 1978 Buenos Aires considerara “insanablemente nulo‚ÄĚ el fallo e intentara, mediante la presi√≥n diplom√°tica basada en su poder√≠o militar, forzar a Chile a negociar. Fracasado dicho plan, se dio paso a la “Operaci√≥n Soberan√≠a‚ÄĚ, cuyo objetivo era invadir Chile y tomar las islas por la fuerza.

Para una parte del alto mando argentino el ataque ser√≠a un paseo. Pero la historiadora chilena Patricia Arancibia, coautora ‚Äďjunto a Francisco Bulnes‚Äď del libro “La escuadra en acci√≥n‚ÄĚ (Grijalbo, 2004), no est√° tan segura. Si bien es cierto que el Ej√©rcito y la Fuerza A√©rea de Chile estaban mermadas, ambos estamentos “pose√≠an un mejor entrenamiento, y, m√°s importante a√ļn, una f√©rrea voluntad de triunfo. Hubo mucha motivaci√≥n dado el convencimiento que las islas en disputa eran chilenas‚ÄĚ, dice la experta a DW.

“En 1978 estaba en su apogeo la fisiol√≥gica arrogancia argentina que empujaba a ‚Äėdarles una lecci√≥n’ a estos chilenos que hab√≠an osado poner en cuestionamiento, con la posesi√≥n de las tres islas, su liderazgo en el Cono Sur‚ÄĚ.
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El periodista argentino Bruno Passarelli, autor de “El delirio armado‚ÄĚ (Sudamericana, 1998), coincide en que el conflicto distar√≠a de ser un tr√°mite, y revela que el embajador de EEUU en Buenos Aires, Ra√ļl Castro, dijo al general argentino Carlos Su√°rez, uno de los m√°s duros impulsores de una guerra con Chile, que “no va a ser una guerrita circunscripta a la posesi√≥n de las islas, sino una guerra total en la que los muertos de ambas partes, solo en la primera semana, se ha calculado que ser√°n unos 20.000‚ÄĚ. Para Passarelli, “esto da una idea de la cat√°strofe que estaba por desencadenarse‚ÄĚ.

Se esperaba un conflicto a lo largo de toda la frontera, y los planes chilenos eran luchar tambi√©n en el norte, invadiendo territorios que luego servir√≠an para canjear los que pudieran perderse en el sur. En Argentina, los ciudadanos sal√≠an a despedir a los soldados y se hac√≠an ejercicios de oscurecimiento de ciudades. En Chile se hablaba bastante menos del asunto. Para Arancibia, esa fue “una de las mejores decisiones que tom√≥ el Gobierno militar. No se gener√≥ p√°nico y se logr√≥ el apoyo de la prensa tanto de gobierno como de oposici√≥n. A diferencia de Argentina, Chile mantuvo la calma‚ÄĚ.

La importancia del Papa

Passarelli describe a DW c√≥mo se viv√≠a la posibilidad de un conflicto armado en Argentina. “Los vientos de guerra fueron compartidos por la mayor√≠a de los argentinos con un entusiasmo inconsciente, porque el pa√≠s viv√≠a una etapa de irresponsable euforia. Argentina hab√≠a ganado ese a√Īo el Mundial de f√ļtbol. Del tema ‚Äėdesaparecidos’ se hablaba poco o nada. En suma, en 1978 estaba en su apogeo la fisiol√≥gica arrogancia argentina que empujaba a ‚Äėdarles una lecci√≥n’ a estos chilenos que hab√≠an osado poner en cuestionamiento, con la posesi√≥n de las tres islas, su liderazgo en el Cono Sur‚ÄĚ.

Esos vientos de guerra eran un problema para Chile. Con un embargo de armas por las violaciones a los derechos humanos, el pa√≠s debi√≥ recurrir al mercado negro para abastecerse. Argentina, pese a tener una dictadura tanto o m√°s terrible que la chilena, dispon√≠a de libre acceso a material b√©lico. El √ļnico problema que pod√≠a frenar a los argentinos era que quedar√≠an, ante la comunidad internacional, como los agresores. Adem√°s, el papa Juan Pablo II ofreci√≥ a √ļltima hora actuar como mediador.

“La ONU intent√≥, pero al final fue el l√≠der religioso el √ļnico que tuvo autoridad ante los gobiernos, especialmente el argentino, para ser escuchado. Esa autoridad, por supuesto, no resid√≠a en la religiosidad de la Junta Militar, sino en la sociedad. El gobierno argentino no habr√≠a podido justificar internamente no haber recibido al enviado del Papa, el cardenal Antonio Samor√©‚ÄĚ, explica a DW Markus Weingardt, autor del libro “Religion, Macht, Frieden‚ÄĚ (“Religi√≥n, poder, paz”, Kohlhammer, 2007).

Vestigios de la cuasi guerra en Isla Navarino | Agence France-Presse
Vestigios de la cuasi guerra en Isla Navarino | Agence France-Presse

Un siglo de pobreza

“El hecho de que ambos pa√≠ses estuviesen gobernados por reg√≠menes militares tuvo un peso decisivo en la escalada b√©lica que llev√≥ a un paso (y a horas) de la guerra‚ÄĚ, dice Passarelli. Weingardt coincide, y a√Īade que es muy importante que los mediadores est√©n legitimados y que generen confianza en los l√≠deres pol√≠ticos. Samor√© reun√≠a esas condiciones a los ojos de Pinochet y Videla y, tras largas negociaciones, consigui√≥ que en 1984 ambos pa√≠ses firmaran el Tratado de Paz y Amistad que puso t√©rmino al conflicto del Beagle, como se llam√≥ a la cuasiguerra por tener como escenario principal el canal del Beagle, y disip√≥ el riesgo de una masacre entre pa√≠ses hermanos.

“(Si Argentina y Chile se enfrascaban en una guerra, ambos se condenaban) a un siglo de pobreza e incapacidad de salir del subdesarrollo‚ÄĚ
- Patricia Arancibia, historiadora chilena.

Con este acuerdo, Chile y Argentina libraron a todo el subcontinente de una fuente de problemas. Arancibia dice a DW que “siempre estuvo la hip√≥tesis de que Per√ļ y Bolivia podr√≠an sumarse (a favor de Argentina) y replicar una guerra como la de 1879. Ecuador, se hubiera aprovechado de disputar territorio a Per√ļ, lo que lo hac√≠a un posible aliado con Chile‚ÄĚ y, con ello, se habr√≠a regionalizado un conflicto local. Pero, m√°s all√° de eso, para la historiadora hay un hecho cierto: si Argentina y Chile se enfrascaban en una guerra, ambos se condenaban “a un siglo de pobreza e incapacidad de salir del subdesarrollo‚ÄĚ. Adem√°s, con seguridad habr√≠an sufrido “muchos muertos, destrucci√≥n de infraestructura y se habr√≠a generado una odiosidad dif√≠cil de revertir entre dos pueblos hermanos‚ÄĚ.

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