Mientras las ventas caen y se denuncian algunos cierres de fábricas, el gobierno de Javier Milei decidió avanzar con un discurso frontal contra la industria textil de Argentina, a la que acusa de haber vivido durante años bajo un esquema de protección que terminó castigando al consumidor con precios “dos, tres, cuatro y hasta diez veces” más altos que en países como Chile y Estados Unidos.
El discurso político se instaló días atrás cuando el ministro de Economía trasandino, Luis Caputo, dijo en radio Mitre: “Yo no compré nunca en mi vida ropa en Argentina porque era un robo”. Una frase que puede resultar incómoda desde un funcionario público, pero que refleja la realidad de buena parte de la ciudadanía.
Para el titular de Hacienda, el sector textil nacional “ha sido protegido por muchísimos años, mientras millones de argentinos han venido pagando textil y calzado dos, tres, cuatro, y hasta 10 veces lo que vale en el mundo”.
A modo de rechazo, el presidente de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), Claudio Drescher, lanzó: “Se convirtieron en parte de la casta, porque no resuelven los temas, los eluden y buscan siempre el camino corto para no resolver las cuestiones de fondo”.
Caputo redobló la apuesta y, en una nueva entrevista con el periodista Luis Majul en el canal LN+, mostró el origen del saco que llevaba puesto. “Este saco es de Massimo Dutti, confirma lo que dije. Lo compré en Estados Unidos. Debe tener 15 años seguro, así que ni me acuerdo el precio. Pero es una casa relativamente buena y barata”, dijo orgulloso.
Massimo Dutti, fundada en 1985 por Armando Lasauca y hoy parte del grupo español Inditex -dueño también de Zara, tiene 643 locales en más de 78 países. Obviamente, Argentina no está en esa lista. Pero lejos está de ser de lujo: en su página web, hay trajes desde 199 euros o camisas en los 59,95 euros.
Horas después, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, profundizó la línea oficialista en contra de los altos precios de la industria nacional. “Te comprás un jean en Argentina, y te cuesta, pongamos números hipotéticos, 100 dólares. Pero importarlo cuesta 25. ¿Dónde se pierden puestos de trabajo?”, expresó en televisión, en un intercambio que dejó al periodista Luis Majul en silencio durante varios segundos.
La senadora oficialista y exministra de Seguridad, Patricia Bullrich, también aportó al debate al contar que el traje azul que vestía lo había comprado por Amazon por entre 40 y 50 dólares. “Es barato y lindo”, remarcó, tras mirar la etiqueta frente a Majul.
Rechazo de empresarios y cifras de la industria textil de Argentina: ¿mejor o peor que antes?
Claudio Drescher, presidente de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), respondió: “Se convirtieron en parte de la casta, porque no resuelven los temas, los eluden y buscan siempre el camino corto”. Y amplió la crítica: “No compra ropa, tampoco autos porque valen el doble, no compra Big Mac porque es el segundo más caro del mundo, no compra aceite de oliva, neumáticos ni va al supermercado”.
Diseñadores como Benito Fernández pidieron que no los traten de “ladrones”.
En tanto, la empresaria textil Paz Cornú aseguró que “ni en la pandemia” sintió una situación similar y habló de una industria que “está muriendo lentamente pero drásticamente”. El eje de su reclamo apunta a la presión tributaria, los costos financieros y los alquileres.
Según datos de la fundación ProTejer, el costo de producción y rentabilidad de la prenda representa apenas 8,5% del precio final al público. El 50,3% corresponde a impuestos, 12,7% a alquileres y 12,2% a financiación con tarjeta. En términos prácticos, 75,2% del valor que paga el consumidor por una remera se destina a impuestos, servicios financieros y renta comercial.
Durante la gestión de Javier Milei, hubo medidas a favor de una rebaja de los precios, tal como analizó previamente BioBioChile. Por ejemplo, los aranceles para ropa y calzado bajaron del 35 al 20%, con reducciones también en telas e hilados (entre 12 y 16%).
Como muestra del comportamiento de los consumidores, entre enero y mayo de 2025, las compras de ropa importada vía courier crecieron 211% interanual. Solamente en mayo, los envíos “puerta a puerta” se dispararon un 253%, según la CIAI. En todo 2025, las importaciones de indumentaria subieron 97,3%; otros textiles, 121,2%; y calzado y partes, 25,2%, de acuerdo con la consultora Analytica.
El que sintió el impacto negativo fue el empleo local. De acuerdo a la Secretaría de Trabajo, durante la gestión del peronista Alberto Fernández, el sector había pasado de 109.000 trabajadores registrados en noviembre de 2019 a 121.000 en noviembre de 2023. Desde entonces y hasta octubre último, la cifra cayó a 103.000: 18.333 puestos menos en toda la cadena.
La molestia llegó al gigante del e-commerce, Mercado Libre, que incluso denunció a Temu por “competencia desleal” y “publicidad engañosa”, en pleno boom importador.
Desde Davos, en enero, Milei explicitó a Bloomberg la lógica que guía su política, sin marcha atrás. “Cuando se abre la economía, hay productos que van a estar más baratos y se van a perder puestos de trabajo, pero eso les permite a los individuos gastar menos dinero. En Argentina, una remera se pagaba 40 dólares; sale cinco. Esos 35 que se ahorra una persona los va a gastar en otro sector”.