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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Julián Ballon, modelo chileno, pasó de ser repartidor y lavaplatos en Barcelona a desfilar en Milán, cuna de la moda. Su determinación y perseverancia lo llevaron a firmar con agencias de prestigio y participar en la Semana de la Moda 2026. Superando varios obstáculos, ahora lucha incansablemente para lograr sus metas.

En las calles italianas, llenas de lujo y glamour, Julián Ballon Langdon (26) se encuentra viviendo su sueño. Aunque hoy su futuro se ve más que prometedor, lo cierto es que al comienzo de su carrera, el modelo vivió las asperezas de la inmigración, todo por querer soñar con un futuro mejor.

Desde Barcelona a Milán, el chileno ha apostado el todo o nada para ser modelo. Pero antes, su sueño era estar arriba de un skate.

“En la escuela nunca me fue muy bien”, comenta Ballon al principio de la entrevista con BioBioChile, desde su departamento en Milán. “Yo siempre fui más deportista, cuando tenía 10 años, comencé a andar en skate y mi vida giraba en torno al skate”, agrega. “Yo toda mi vida pensé que iba a ser skater para siempre. Yo tenía eso en mi cabeza, skate, skate, skate. La verdad, alcancé un buen nivel y estuve en la Federación de Skate en Chile con Mauricio Rodríguez, que le apodaban El Gato”.

“Para mí era un sueño ir a Barcelona para andar en skate. Ese era mi sueño, entonces con mi amigo Tommy Moreno, nos prometimos cuando cumpliéramos 18 años, ir a Barcelona”, comenta. “Cuando cumplí los 18, me puse a trabajar en lo que pudiera”, relata Ballon. “Trabajé como promotor en el supermercado, en la agencia Touch donde vendía papel higiénico, también repartiendo en Glovo y en un camión de comida con mi ex”, añade.

Entonces con el dinero de sus ahorros, Julián partió a la ciudad condal. “Cuando cumplí 19 en el 2019, viajé a Barcelona”, aunque después de unos meses, Julián pensó seriamente en regresar. Como en octubre se desencadenó el estallido social, el hecho que provocó que el chileno perdiera su vuelo de regreso. Por su parte, su madre, le planteó que podría buscar un futuro en España. Si bien había viajado junto a su amigo, Julián decidió quedarse, después que Moreno decidiera devolverse a Chile.

“Viví ilegalmente en Barcelona”

Haciendo caso al consejo de su madre, Julián se quedó. “Viví ilegalmente en Barcelona”, expresa el chileno a la presente redacción. Desde ese momento, Julián Ballon empezó “una guerra” para sobrevivir. Para lograrlo, básicamente tomó todos los trabajos que se le presentaban. “Empecé a vender empanadas en la playa, también trabajé de promotor en una discoteca y lavé platos en restaurantes”, afirma Ballon. “Hice muchos trabajos en negro, hasta que me dieron los papeles”, detalla.

“Me trataban como una mierda, me hacían hacer de todo y yo tenía que callarme la boca. En la disco que trabajaba como promotor, me pagaban dos euros por cada persona que yo entraba y yo a veces metía 100 personas porque los contaba y luego me decían que había metido cinco”, alega recordando la injusticia que vivió con un exjefe.

“Cuando trabajé de repartidor en una furgoneta, trabajaba 13 horas y me pagaban superpoco, me pagaban como cuatro euros la hora, es poquísimo. Estaba todo el día trabajando ahí de ocho de la mañana hasta las nueve de la noche”. En otra oportunidad, cuando estaba vendiendo fruta, lo quisieron multar, así que Julián le rogó al policía que lo dejará ir. Sin embargo, en ese tiempo —dice— tocó fondo. “Luego, me fui a mi casa, bueno, no tenía ni siquiera casa, yo dormía donde podía y hasta algunas veces dormí en la playa”.

“En aquel momento, cuando yo no tenía para comer, iba a los templos en Barcelona, solo por ir a rezar, te daban comida”, recuerda Ballon. También vivió de la solidaridad de los dueños de cafeterías, que repartían la comida que sobraba de cada día. “Hambre no iba a pasar”, explica Julián a BBCL, que se autoconvencía de que ante su precaria situación, igualmente se las ingeniaba para sobrevivir. “Confiando en Dios me han salido otras cosas y también me ha hecho quitar la ansiedad”, expresa emocionado.

En ese sentido, para intentar quedarse en España, Julián fue práctico, tramitó la residencia, con una amiga, para ser una pareja de hecho, como se conoce a la figura legal, que implica una unión civil, sin oficialmente estar casados. Lo que le permitió ordenar su estadía en la ciudad catalana. “La pareja de hecho, es un negocio que todo el mundo hace en Barcelona, o sea, es lo más común que hay para dar residencia”, puntualiza.

La vida es una pasarela

Cansado y decidido para dar sus próximos pasos, Ballon decidió empezar con otro anhelo que jamás imaginó: ser un modelo. “Me pasó que estaba trabajando en una fábrica de cajas, donde estaba haciendo lo mismo por muchas horas. Como pensaba mucho, un día me vino una visión de ser modelo, o sea, tengo altura [mide 186 cm] y tengo rulos, como soy un perfil extravagante en Europa, podría intentarlo”, describe. “Lo estaba pensado y un día me pararon en la calle y un chico me pregunta de donde venía”, expone. —Yo soy de Chile, me llamo Julián—, rememora que le dijo.

Luego de cinco meses, en espera de regularizar sus papeles, Julián llamó al hombre, quien le mencionó que tenía una agencia de modelos. No obstante, aunque finalmente no lo llamaron, el hecho que lo consideraran para el modelaje, fue el motivo suficiente para presentarse en varias agencias de Barcelona. Bajo su nueva convicción, Julián empezó a contactar modelos en Instagram para invitarles un café, con el propósito de que le dieran una mentoría para introducirse en la industria de la moda. “Y ahí firmé con mi primera agencia en Barcelona, pero era una agencia de publicidad. Yo pensé que bueno, que ya estaba listo, ya soy modelo, pero no fue así, estuve sin trabajar por dos años, hasta que me dieron mi primer trabajo”, manifiesta.

Con una carrera recién empezando, Julián hizo incontables castings por teléfono —el modo más rápido y extendido— para reclutar modelos en Europa. Poco a poco, lo llamaron para campañas, trabajó primero para el desodorante masculino Axe y otra publicidad para la marca deportiva Adidas. Pero los llamados que soñaba que llegarían, no ocurrían nunca.

De este modo, con dos trabajos a cuestas, varias veces Julián repetía el mismo ciclo sin obtener resultados en Barcelona, hasta que un encuentro casual con otro chileno patiperro, Pablo Bustamente, iluminó su camino. “Un amigo me dijo, huevón, conocimos a tu doble, es igual a ti, tiene la misma personalidad y encima es modelo”, recuerda que le comentaron. Así pues, organizaron una junta, en el que Pablo —sin pelos en la lengua—, y para garantizar el éxito de su futuro yunta, lo mandó a cortarse el pelo. Gracias al corte que le hizo Pablo, quien también es peluquero, el modelo cuenta a BioBioChile que su “perfil” cambió instantáneamente.

“Hay mucha presión”

A todo esto, el chileno revela que un modelo debe ser carismático, antes que representar cualquier otra cualidad. Sobre todo, Ballon Langdon aclara que cada modelo debe ser portador de un “perfil único”, que lo diferencie sobre el resto de los participantes de castings. “Los clientes buscan perfiles específicos. Entonces, tú tienes que encontrar qué clientes trabajan con tu perfil y explotarlos”, explica. Ahí es vital la combinación de colores de la ropa, hasta el tipo de peinado, expone el modelo chileno.

Frente a la cadena de decepciones que vivió al principio de su carrera, Ballon aclara que “cuando estuve solo en Barcelona mucho tiempo, estuve en crisis, porque no sabía qué hacer y bueno, tuve gente que me ayudó espiritualmente, me enseñaron a meditar, a leer y todo esto, me ayudó muchísimo a ver la vida desde un lado positivo”, indica a BBCL. “En el modelaje hay que aguantar la presión, hay mucha presión y muchos modelos se retiran al año porque no aguantan”, sostiene.

“Uno de los puntos a favor que yo tengo, es que empecé a entrenar calistenia antes de ser modelo y eso me formó un cuerpo estético que a la moda le gusta. Entonces, para mí ese peso está fuera. Yo entreno porque me gusta, no porque la moda me lo exige”, remarca a nuestro medio.

El nuevo Julián

Por otro lado, notó que sus hábitos personales, eran las barreras que le impidieron tener un adecuado desempeño como modelo. “Yo tenía 20 años y estaba solo, me perdí un poco con las fiestas y comía supermal”, confiesa Ballon.

Después de meditarlo, la necesidad de cambio afloró como un impulso que se llevó al viejo Julián, para adoptar una vida consciente. Justamente este cambio personal, le permitió tener un físico y un perfil más idóneo, además que Ballon decidió estudiar teatro para tener un mejor desplante en los castings. “Estudié teatro y a la vez que iba entrenando, cogí más peso, o sea, me puse más grande y el Pablo que estuvo intentando venderme a su manager por dos años, no le gustaba mi perfil. Pero después cuando me vio de nuevo con el pelo corto y bien grande, le interesó mi perfil y entonces tuvimos una videollamada y me firmó”, destaca a BBCL.

Así pues, el chileno pudo firmar con las agencias Infinity y The Atelier, quienes le han gestionado castings en Milán, conocido por ser uno de los centros neurálgicos de la moda.

Haz una pose

De hecho, en Milán hay varios “santuarios de la moda” como el “Cuadrilátero de la moda”, que es el nombre del icónico barrio, donde las joyerías, boutiques de alta costura, cafés, tiendas y antiguos palacios, engalanan Milán, que es la sede de las casas de moda más prestiogiosas a nivel planetario como Armani, Versace, Prada y Dolce & Gabbana, entre otros.

Además, que en la ciudad se celebra “La Semana de la Moda” (Fashion Week, en inglés) el evento bianual en el que los grandes diseñadores presentan sus creaciones, durante las temporadas otoño/invierno y primavera/verano. Justamente, para el evento que se celebra desde 1958, convocaron a Julián y a Pablo a mediados de enero, quienes integraron el grupo nacional, con Mateo Ruiz, Alessandro Baroffio y León García.

En ese sentido, el chileno confiesa que la oportunidad le puede abrir puertas. “Tener trabajos hechos en Milán, te permite llegar a otros mercados, porque te ves más profesional”, destaca.

Asimismo, este evento que se celebra en las otras capitales de la moda, como New York, Londres y París, permite que el modelo tenga una mayor exposición. Al respecto, Julián explica que “para entrar a Nueva York, tú tienes que tener trabajos hechos en Milán y una carrera un poco más construida, para recién postular a la visa de Estados Unidos”.

“La mayoría de la gente piensa que ser modelo es solo ser bonito y no lo es”, reflexiona. “Yo antes de irme de Barcelona vendí todo lo que tenía para sobrevivir acá, porque los pagos de modelos son cada tres meses. “De momento, estoy haciendo horas extras como camarero en un bar peruano que queda en el centro de Milán”, complementa.

Finalmente, la corrida interminable y agotadora que inició en Barcelona, parece por fin rendir sus frutos, después de una largo camino, ya que ahora, Julián arrienda junto a su amigo Pablo y un modelo argentino, llamado Manu. Con Pablo, también Julián quiere mostrar cómo es el modelaje “crudo”, como le ha tocado vivir desde que se mudó a Europa. “Mi idea es poder ayudar a la mayor cantidad de gente y decirles que no tengan miedo”, cuenta esperanzado.

De todas maneras, Julián solo repite un mantra cada vez que asiste a un casting: “No hay que pensar que un chico rubio y de ojos azules, que parece Brad Pitt, es un mejor modelo que tú”, señala serenamente.