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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El bitcoin cayó por debajo de los US$65 mil, borrando las ganancias luego del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Se desacopló de los metales preciosos y se movió con la liquidez financiera, comportándose más como una acción tecnológica que como refugio de valor. La caída se asoció al retroceso del Nasdaq 100 y a factores macroeconómicos que redujeron la liquidez global. Analistas ven la baja como un reacomodamiento, anticipando mayor volatilidad y testeos de soportes técnicos.

El bitcoin perforó los US$65 mil y dejó atrás el optimismo que había dominado al mercado en los recientes años.

A detalle, el valor se desplomó más de un 12% esta jornada, hasta los US$63.966,74, su nivel más bajo desde octubre de 2024.

En los últimos cuatro meses, la principal criptomoneda del mundo acumuló una caída cercana al 50% desde su último máximo histórico de US$126.272, en un escenario global que volvió a castigar con fuerza a los activos de riesgo.

De esta forma, la cripto borró sus ganancias logradas tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, donde una mayor apertura a los criptoactivos por parte del mandatario avivó el interés de los inversores.

El desplome del bitcoin

La corrección se dio en paralelo a un fenómeno poco habitual: mientras los metales preciosos, como la plata, escalaron a máximos, Bitcoin tomó el camino opuesto y se movió al ritmo de la liquidez financiera.

El desacople reforzó una idea que gana terreno entre analistas: en el corto plazo, la criptomoneda se comporta más como una acción tecnológica que como un refugio de valor.

Esa lectura se ve reforzada por la elevada sincronización de Bitcoin con el mercado bursátil estadounidense, en particular con el sector tecnológico, que atraviesa una fase de corrección.

La caída de la criptomoneda se profundizó junto con el retroceso del Nasdaq 100, que llegó a perder más de 1,5% tras una ola de ventas concentrada en fabricantes de chips y empresas de software. En ese clima de aversión al riesgo, Bitcoin prolongó su tendencia negativa y volvió a moverse al compás del castigo a las acciones tecnológicas.

El trasfondo macroeconómico también explica buena parte del movimiento.

En Estados Unidos, las expectativas de tasas de interés elevadas por más tiempo y una política monetaria todavía contractiva redujeron la liquidez global, un factor clave para el desempeño del mercado cripto. En ese contexto, Bitcoin amplificó la volatilidad y acompañó la corrección de Wall Street, con fuertes liquidaciones y salidas de capital.

A ese escenario se sumaron tensiones geopolíticas crecientes entre Estados Unidos e Irán, con versiones sobre una posible escalada militar. La incertidumbre bélica suele reforzar posturas defensivas entre los inversores, que tienden a reducir exposición a activos volátiles, un comportamiento que también impactó sobre el mercado de criptomonedas.

¿Reacomodo o quiebre?

Desde el sector, la baja es leída más como un reacomodamiento que como una señal de quiebre.

Rodrigo Durán, director de Comunicaciones de la exchange Notbank by CryptoMarket, sostiene que la caída por debajo de niveles psicológicos relevantes responde a una combinación de factores macroeconómicos y dinámicas propias del mercado.

“En 2026 estamos viendo un entorno de menor apetito por riesgo global, ajustes en las expectativas de tasas de interés y una rotación de capital hacia activos más defensivos, lo que incrementó la presión vendedora y la volatilidad”, explica.

Durán remarca que Bitcoin sigue siendo un activo altamente sensible a la liquidez internacional. “Cuando el costo del dinero se mantiene elevado y el dólar se fortalece, los activos de riesgo tienden a corregir. Este movimiento debe entenderse como un reacomodamiento natural tras períodos de fuerte apreciación”, señala.

A corto plazo, anticipa mayor volatilidad y posibles testeos de soportes técnicos antes de encontrar un nuevo nivel de consolidación, aunque aclara que, mientras los fundamentos estructurales —adopción institucional, desarrollo regulatorio e infraestructura— se mantengan firmes, las correcciones forman parte del proceso de maduración del mercado.

Esta incertidumbre se profundizó, además, con las dudas en torno a la futura conducción de la Reserva Federal.

El posible nombramiento de Kevin Warsh al frente del organismo fue leído con cautela: su perfil monetario más duro fortaleció al dólar y enfrió el apetito por activos riesgosos. Esa combinación impactó de lleno en las criptomonedas y se reflejó en salidas relevantes de los ETF de Bitcoin, uno de los termómetros del interés institucional.