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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La ciencia confirma que las ondas sísmicas de un terremoto pueden viajar miles de kilómetros y desencadenar movimientos telúricos al modificar la tensión en fallas geológicas, un fenómeno conocido como activación dinámica. Aunque no implica que un gran sismo pueda activar cualquier falla, funciona cuando las ondas encuentran condiciones favorables para la ruptura. Ejemplos incluyen la falla de San Andrés activada por el terremoto de Japón en 2011. Investigaciones del USGS también muestran que temblores distantes pueden provocar respuestas retardadas, como en Napa. Estudios recientes, como el de Sierra Negra en Galápagos, indican que la intensidad de la activación aumenta con mayor tensión y deformaciones sísmicas. En Chile, por la subducción de la placa de Nazca, el desencadenamiento dinámico es relevante, pero no permite predecir terremotos.

Según ha comprobado la ciencia, las ondas sísmicas de un terremoto no terminan necesariamente cuando cesa el movimiento del suelo, ya que estas pueden recorrer miles de kilómetros y modificar la tensión de fallas geológicas, provocando otros movimientos telúricos.

Se trata de un fenómeno conocido como desencadenamiento o activación dinámica y ha sido documentado incluso a distancias superiores a 10.000 kilómetros.

La idea, sin embargo, no significa que un gran terremoto pueda “encender” a voluntad cualquier falla del planeta. El mecanismo funciona, principalmente, cuando las ondas generadas por el primer sismo encuentran una zona que ya presenta condiciones favorables para la ruptura, dicen los estudios.

¿Qué es el fenómeno de activación dinámica?

En términos simples, una falla como la de San Ramón en Chile o la de San Andrés en Estados Unidos puede acumular tensión durante años. Cuando las ondas de un terremoto lejano pasan por otra lejana zona, pueden darle un “empujón” momentáneo a la falla y hacer que se mueva si ya estaba cerca de romperse.

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) documentó este fenómeno tanto cerca de los terremotos principales como a distancias remotas y señala que la mayoría de los eventos desencadenados a miles de kilómetros son pequeños, generalmente de magnitud 3 o inferior.

Uno de los ejemplos más llamativos ocurrió en la falla de San Andrés. Tras el terremoto de magnitud 9,0 de Tohoku, Japón, ocurrido en 2011, investigadores observaron la activación de temblores tectónicos bajo Parkfield, California, a unos 8.200 kilómetros del epicentro.

Otro estudio de la USGS mostró que terremotos distantes también pueden producir respuestas retardadas. Por ejemplo, después del terremoto de South Napa (EE.UU), de magnitud 6,0, en 2014, se detectó actividad sísmica cerca de Parkfield (a unos 500 km) y, unas 12 horas más tarde, un episodio importante cerca de Cholame (a más de 400 km) que se prolongó durante días.

Solo un “empujón”

También, otra investigación publicada en Science Advances en 2021 estudió el volcán Sierra Negra, en Galápagos; los científicos observaron que la intensidad de la activación aumentaba cuando el sistema se encontraba sometido a mayores tensiones y cuando las ondas sísmicas producían mayores deformaciones dinámicas.

Después de la erupción del 2018, al disminuir la tensión y la sismicidad de fondo, perturbaciones equivalentes dejaron de generar actividad detectable, asegura el estudio.

Sin embargo, se concluyó que muchas de las fallas activadas probablemente habrían terminado deslizándose de todas formas, pero que las ondas habrían proporcionado el “empujón” adicional a fallas que ya estaban cerca de romperse.

Los autores, no obstante, advierten que la física exacta del proceso sigue sin estar completamente resuelta.

¿Puede pasar en Chile?

En Chile, el fenómeno adquiere especial interés debido a la subducción de la placa de Nazca bajo Sudamérica. Un estudio publicado en Earth and Planetary Science Letters analizó cuatro terremotos de magnitud 6,3 a 6,5 ocurridos cerca de la fosa frente al norte de Chile durante la secuencia del terremoto de Iquique del 2014.

Sus resultados mostraron que esa zona puede generar terremotos pequeños y moderados y que no constituye una barrera para una futura ruptura tsunamigénica de gran tamaño.

Eso sí, lo anterior no significa que un terremoto ocurrido en otro país pueda predecir o provocar automáticamente un gran terremoto en Chile. En concreto, el desencadenamiento dinámico no permite pronosticar cuándo ni dónde ocurrirá un terremoto.

En conclusión, un terremoto distante puede perturbar una falla que ya se encuentra en condiciones críticas y, bajo circunstancias muy determinadas, adelantar su ruptura.