Sociedad
Un ejército privado defiende en Sudáfrica al mayor rancho de rinocerontes del mundo
Publicado por: Agencia AFP
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La mayor granja de rinocerontes del mundo parece un fortín: por la noche un helicóptero equipado con cámara infrarroja sobrevuela este rancho sudafricano de 8.000 hectáreas. Por el día, hombres con fusiles de asalto y enmascarados patrullan en busca de cazadores furtivos.

Su objetivo: proteger este a√Īo a 1.200 rinocerontes.

La especie est√° amenazada por la caza furtiva, alimentada por la fuerte demanda de cuernos en Asia, donde se le otorgan propiedades medicinales. Aunque el cuerno de rinoceronte est√° compuesto √ļnicamente por queratina, al igual que las u√Īas, en el mercado negro alcanza los 60.000 d√≥lares el kilo. M√°s que la coca√≠na.

El hombre de negocios sudafricano John Hume está empecinado en salvar a este animal de formas prehistóricas.

Tambi√©n lucha por el levantamiento de la prohibici√≥n del comercio internacional de cuernos de rinocerontes, en vigor desde 1977. A finales de 2015 consigui√≥ que se levantara una moratoria para Sud√°frica. Seg√ļn √©l se trata de una primera etapa en su combate, pero sus detractores lo acusan de intereses mercantiles.

“Hoy los cuernos en el mercado proceden de rinocerontes muertos en cazas furtivas, cuando en realidad se puede responder a la demanda con rinocerontes vivos”, asegura este septuagenario.

“Podr√≠amos proteger a los rinocerontes con los ingresos generados por la venta legal de cuernos”, afirma en un pa√≠s donde 1.175 ejemplares murieron el a√Īo pasado a manos de cazadores furtivos.

Para abrir su rancho en 2008, John Hume vendi√≥ sus hoteles. En la actualidad emplea a unas 60 personas, sin contar a su “ej√©rcito” formado por un n√ļmero de personas que prefiere mantener en secreto.

“Y sobre todo no revele el lugar exacto” de la granja, insiste este hombre, que asegura que los costes de seguridad se elevan a 150.000 euros mensuales.

Como una picadura de avispa

Un arco√≠ris reluce sobre la granja. Esta ma√Īana descornar√°n a una decena de mam√≠feros.

El personal est√° acostumbrado. En la parte trasera de una camioneta, Menard Mathe identifica a los animales y la veterinaria Michelle Otto dispara para anestesiarlos.

“Es como si le picara una avispa”, asegura apurando un cigarrillo, a la espera de que la anestesia surta efecto.

Al cabo de unos minutos, el animal comienza a titubear. Entonces todo se encadena a gran velocidad. Michelle avanza con prudencia, un asistente inmoviliza con una cuerda las patas traseras del animal, que se cae a tierra. Otro le venda los ojos y le tapa los oídos a la vieja usanza (con unos calcetines viejos). Hay que evitar que el paquidermo entre en pánico.

Un empleado mide entonces los cuernos y marca con un rotulador el lugar por donde hay que cortarlos: a 80 cm de su base para no afectar a los vasos sangu√≠neos. Otro los sierra. Volver√°n a crecer, como las u√Īas. La operaci√≥n es indolora y dura un cuarto de hora.

“Les cortamos los cuernos por su seguridad para que no se lastimen los unos a los otros y para disuadir a los cazadores furtivos”, declara Michelle.

Pese a estas precauciones, la caza furtiva mató a 39 rinocerontes en el rancho desde 2008.

Guerretto | Flickr

Guerretto | Flickr

Pa√Īales para beb√©s

En un viejo hangar, el director general de la granja, Johnny Hennop, anuncia “¬°23 kilos!”: es el peso de hoy, el equivalente a una veintena de cuernos.

Posteriormente los numeran y los guardan en cajas met√°licas, en las que colocan bolas de naftalina y pa√Īales para beb√©s con el fin de protegerlos de los insectos y de la humedad.

Acto seguido sellan los cofres. Se dar√° cita a una compa√Ī√≠a de seguridad en un lugar secreto para exfiltrarlos.

John Hume posee 5 toneladas. Imposible verlos: se encuentran bajo fuerte protecci√≥n en bancos o en compa√Ī√≠as de seguridad. Una fortuna potencial que por ahora no vale nada y ni valdr√° mientras el comercio internacional siga siendo ilegal.

El debate sobre la conveniencia de levantar la prohibici√≥n levanta ampollas en el pa√≠s. El jefe de seguridad del rancho lo tiene claro tras haber visto a “unos sesenta” ejemplares muertos. “Hemos conseguido identificar a cazadores furtivos pero fueron condenados a penas bajas. Es frustrante”, cuenta Stefran Broekman.

A la vuelta de una pista enlodada, Broekman se maravilla descubriendo a una cría que mama bajo un árbol. Nació por la noche.

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