Opinión
Por qué el boxeo no debería ser considerado como deporte
Publicado por: Christian Leal
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Esta es una columna de opinión escrita por el entrenador de corredores canadiense, Malcolm Smillie, publicado originalmente en la revista de medicina de Columbia Británica. La traducción es de BioBioChile.

El noble arte del boxeo… o el infame arte de revolver el cerebro humano.

El deporte de las peleas de gallos está prohibido en Canadá así como en casi todos los países del mundo. Es un anacronismo barbárico. La idea de entrenar animales para que se lastimen y maten unos a otros a fin de proveer breves momentos de entretención y placer, sin mencionar las ganancias de las apuestas, nos parece aborrecible a la mayoría de nosotros.

Pese a ello el boxeo, que tiene los mismos principios de las peleas de gallos, con mastodontes en vez de aves, guantes en vez de cuchillas, con pr√≥speros hombres de negocios en vez de trabajadores de clase media en la organizaci√≥n, y con el cerebro humano como objetivo en vez de las v√≠sceras de los pollos, contin√ļa.

Así como las peleas de gallos no humilla a las aves sino a la audiencia y sus propietarios, el boxeo no humilla a los boxeadores, sino a sus fanáticos y manipuladores.

La finalidad del boxeo es provocar da√Īo cerebral. La gente dice que tanto el f√ļtbol americano, como el hockey y el rugby son peligrosos, pero son perfectamente admisibles. Su objetivo no es causar lesiones. En el boxeo sin embargo, el m√°ximo logro es noquear a alguien. Y noquear a alguien es causarle da√Īo cerebral.

Los médicos han hecho todo lo posible para lograr la abolición de este deporte o al menos, modificaciones. Un neurólogo una vez me hizo sentir náuseas al describirme la textura del cerebro como unos huevos revueltos ligeramente cocidos, suspendidos en una envoltura huesuda llamada cráneo. Su analogía destaca cuán frágil es nuestro órgano, pese a que tengamos la percepción de lo contrario.

Todos los a√Īos sabemos por las noticias de alg√ļn pobre boxeador que colaps√≥ y muri√≥ tras una pelea, luego de recibir repetidos golpes en la cabeza. Peor a√ļn, ya sabemos -porque es un hecho cient√≠fico comprobado- que los golpes en la cabeza tienen un efecto tan acumulativo como devastador.

Una carrera de 20 a√Īos en el boxeo provoca el efecto conocido como borrachera de los pu√Īetazos, f√°cil de reconocer incluso para un lego en la materia: arrastrar el habla, piernas temblorosas, vac√≠os en la memoria, tendencias violentas y la apariencia general de haber bebido demasiado. Borrachera de pu√Īetazos es un nombre demasiado fr√≠volo para una serie de problemas tan delicados.

Hace pocos a√Īos, la Asociaci√≥n Brit√°nica de Medicina defini√≥ el boxeo como “una competencia donde resulta ganador el que le provoca m√°s da√Īo cerebral a su oponente del que ha recibido √©l”.

Con el paso del tiempo el boxeo ha tomado mayores precauciones, pero sigue sin ser seguro. Asaltos m√°s cortos, menos torneos y reducci√≥n de errores han reducido los problemas. Pero ir√≥nicamente, las protecciones para la cabeza en los eventos amateur hacen del cr√°neo un blanco a√ļn m√°s f√°cil.

Existe una sola forma de hacer el boxeo seguro: prohibir los golpes a la cabeza. ¬ŅAcaso eso no har√≠a la disciplina m√°s sobre agilidad y capacidades atl√©ticas? Los fan√°ticos del boxeo sin embargo dicen sin sonrojarse que eso le quitar√≠a la mitad de la diversi√≥n.

La idea de que los boxeadores eligen libremente si quieren ser golpeados en la cabeza no está en discusión. Mi percepción es que el boxeo en realidad se mantiene por quienes tienen un interés asegurado en él: managers y promotores.

Muchos a√Īos atr√°s vi una entrevista a Muhammad Ali donde se le preguntaba sobre el boxeo y el da√Īo cerebral. Con la m√°s dulce de sus sonrisas, indic√≥: “¬ŅA qui√©n le importa el cerebro de un par de chicos negros? ¬ŅA qui√©n le importan los cerebros de los chicos pobres de las zonas m√°s miserables de la ciudad?”.

Mike Tyson es la personificación de una de las mayores autojustificaciones del boxeo: que es una forma de salir de los guetos. Dejemos de lado la parte ridícula de la afirmación; la afirmación implícita es que hay un trabajo como campeón mundial de peso pesado para todos los chicos de barrios marginales, si logran superar las pruebas.

Oh, s√≠, la gente dice rom√°nticamente que no hay deporte como el boxeo. Que ning√ļn deporte produce tales personajes, tales confrontaciones o tan intensos torneos. Pero hay una raz√≥n sencilla para esto. La mayor√≠a de los deportes de uno contra uno son una forma estilizada de duelo con una pelota, una raqueta o una vara. La enemistad, el ataque, la defensa, son todos metaf√≥ricos. Pero no hay met√°forma en el boxeo: es una verdadera pelea, violencia genuina, un pasatiempo con el verdadero objetivo de causar da√Īo al oponente.

Sin duda que los torneos hacen hervir la sangre. Sin duda que los participantes son hombres míticos y temibles.

Pero el punto no es que “no haya deporte como el boxeo”, sino que el boxeo no es un deporte en absoluto. Es violencia expl√≠cita desplegada para el placer de millones. Y millones es precisamente de todo lo que esto trata finalmente.

Malcolm Smillie
Entrenador de Corredores Canadiense
Publicado originalmente en la Revista de Medicina de la Columbia Brit√°nica (BCMJ)

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