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La primera vez que robé
Publicado por: Christian Leal
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En las √ļltimas semanas hemos presenciado un verdadero desfile de pol√≠ticos y empresarios de todo el espectro pol√≠tico hacia Tribunales. Desde la pol√©mica del Partido Comunista con la Arcis hasta los financiamientos truchos de la UDI gracias a los dineros de Penta, sin dejar de lado el caso Caval y las boletas que la Nueva Mayor√≠a cursaba a SQM, pareciera que en nuestro pa√≠s fuera requisito tener las manos embarradas con algo para entrar en las arenas del poder.

Pero, ¬Ņson los pol√≠ticos una raza especial de corruptos que existen s√≥lo para aprovecharse de nosotros, los pobres y sufridos ciudadanos?

Aunque lo que les voy a decir no resulte muy popular, creo que no se diferencian tanto de nosotros.

Comencemos por los profesionales de medio pelo. S√≥lo en 2013 se devel√≥ que un sinn√ļmero de rostros televisivos y del espect√°culo hab√≠an conformado sociedades (ficticias en la pr√°ctica) para evadir el pago de impuestos. No son los √ļnicos. M√©dicos, abogados y otros profesionales independientes trabajan de la misma forma. Y esto es s√≥lo la punta de un iceberg de triqui√Īuelas tributarias que llegan hasta las ya tradicionales compras en el supermercado con facturas de empresa para descontar IVA (vamos… no me dir√°n que nunca han conocido a alguien que lo haga).

No en vano un profesor de empresa en la universidad nos dijo con elocuente franqueza: “en este pa√≠s, los √ļnicos que pagan impuestos son los que no tienen un buen contador”.

Pero no es necesario encumbrarnos tanto para seguir encontrando ejemplos de nuestra “viveza”. Hace poco, una amiga me contaba con orgullo c√≥mo hab√≠a “vencido al sistema” comprando un producto en una conocida multitienda, y adquiriendo a prop√≥sito la garant√≠a extendida m√°s cara, que cubr√≠a el objeto contra robo. Tiempo despu√©s, hizo una denuncia falsa en Carabineros y logr√≥ que la tienda le diera un segundo producto.

Todo su c√≠rculo de amigos hab√≠a celebrado su haza√Īa como una muestra de ingenio. En realidad, cometi√≥ fraude.

Aqu√≠ sucede algo curioso, pues cuando se trata de delitos de ciudadanos contra las grandes empresas, caemos en una relativizaci√≥n peligrosa. M√°s de alguna vez hemos publicado noticias de saqueos o timos a supermercados, grandes tiendas o farmacias, que son masivamente celebrados en el espacio para comentarios. “Est√° bien porque ellos nos roban a nosotros”, “ladr√≥n que roba a ladr√≥n”, y otras similares.

Parece que si el delito es cometido por un “poderoso”, siempre es deleznable. Si es contra √©l -m√°s a√ļn, si lo cometemos nosotros- siempre habr√° alguna excusa que justifique la acci√≥n.

Probablemente lo mismo pensaba un conocido m√≠o que, a√Īos atr√°s, me confes√≥ tener su “dealer” que le vend√≠a computadores, c√°maras, televisores y todo tipo de productos electr√≥nicos robados, vaya uno a saber de qui√©n o de d√≥nde. Cuando le pregunt√© si no le pesaba la conciencia comprar cosas que le hab√≠an quitado a otros, no manifest√≥ el m√°s m√≠nimo reparo. “No voy a pagar de m√°s cuando puedo conseguirlos m√°s baratos”, fue su pragm√°tica respuesta.

No todo tiene que ver directamente con dinero. ¬ŅQu√© me dicen de las licencias m√©dicas? Para muchos chilenos, las licencias se han convertido en pases de vacaciones extendidas cuando quieren irse de vacaciones o simplemente se sienten cansados. Un psiquiatra me contaba que cada cierto tiempo recibe pacientes que lo visitan con la sola intenci√≥n de obtener una licencia. √Čl, sin deseos de convertirse en una nueva doctora Cordero, tiene un m√©todo simple para deshacerse de ellos: les devuelve el dinero de la consulta y les dice que se equivocaron de m√©dico.

Incluso los instrumentos creados para la protecci√≥n de los m√°s desvalidos pueden ser mal utilizados. S√≥lo este a√Īo he conocido el caso de 2 personas -que no califican precisamente en el concepto de pobreza- que pidieron a sus municipios que les hicieran una Ficha de Protecci√≥n Social (FPS). S√≠, la misma por la que debi√≥ renunciar la gobernadora de Chilo√© cuando se descubri√≥ que le aportaba una pensi√≥n por “indigencia”, salvo que probablemente no ver√°n sus casos en las noticias.

Para muchos, la FPS es una especie de loter√≠a. “A ver si me toca algo…”

Francisco Castillo | Agencia Uno

Francisco Castillo | Agencia Uno

Y es que, ¬Ņqu√© podemos hacer cuando ni siquiera la misma autoridad tiene claro el concepto de delito? Perm√≠tanme que les cuente algo surrealista que me relat√≥ un colega en la radio. Un cajero de supermercado fue descubierto robando una cantidad acotada de dinero -digamos, unos 20 mil pesos- m√°s unas cajetillas de cigarrillos. Como cab√≠a esperar, fue despedido.

Para sorpresa de los due√Īos del supermercado, el sujeto los demand√≥ ante la Inspecci√≥n del Trabajo por “despido injustificado”. Y a√ļn m√°s sorprendente, la instituci√≥n fiscalizadora le encontr√≥ la raz√≥n, obligando a reintegrarlo, ya que “el monto robado era demasiado bajo”.

Es decir, no sea rasca. Róbese algo un poco más caro -una pata de jamón serrano que sea- y vuelva de nuevo.

¬ŅY les cont√© de esa vez estaba por entrar en los estacionamientos del Mall del Centro cuando un sujeto sali√≥ de la nada, se adelant√≥ y sac√≥ el ticket que me correspond√≠a? Tanto yo, como la fila que me segu√≠a quedamos at√≥nitos al ver que se marchaba muy campante, tomaba su auto y se largaba sin pagar. Por supuesto, fue un cacho volver a poner en marcha el sistema ya que la barrera no bajaba.

Ese es “el ingenio del chileno”. Debemos ser de los pocos pa√≠ses donde los actos deshonestos no s√≥lo no nos averg√ľenzan, sino que los celebramos: “La hizo”. “Se aviv√≥”. Ya saben.

Pero suficiente de culpas ajenas. Déjenme contarles una propia. Déjenme contarles de la primera vez que robé.

Debo haber tenido 7 u 8 a√Īos, pues cursaba segundo o tercero b√°sico cuando viv√≠amos con mi familia en Santiago. Hab√≠amos ido al Jumbo, que entonces s√≥lo ten√≠a un par de sucursales, pero ya era tan top como ahora, por ende, no era de extra√Īar que entre sus pasillos encontrara uno de los Transformers que m√°s anhelaba tener.

Sabiendo que no me lo comprar√≠an, mi mente infantil urdi√≥ un plan para apoderarse de √©l. Sigilosamente me ocult√© con el juguete bajo un colgador circular de vestuario, donde lo saqu√© del empaque y lo escond√≠ entre mis ropas. A√ļn no eran los tiempos de los detectores electr√≥nicos ni de las c√°maras de seguridad, as√≠ que nadie me descubri√≥.

Pero sucedió algo inesperado. Cuando regresamos al auto, mi padre me sorprendió con el robot y me hizo confesar cómo lo había obtenido. Entonces me llevó de un ala de vuelta a la tienda, pidió hablar con el administrador y no sólo me obligó a devolverlo, sino también a pedir disculpas por lo que había hecho.

No sé si habrá tenido que pagar el juguete pues ya le había roto el empaque (probablemente sí) pero no me lo devolvieron. No lo merecía.

Aquel hecho -quiz√° calificado como traumatizante por algunos actuales defensores de la infancia- marc√≥ a fuego en mi mente un concepto b√°sico: que robar era malo. La primera vez que rob√© tambi√©n fue la √ļltima. Desde entonces no recuerdo haberme apropiado de nada que no me perteneciera. Es m√°s, soy de los que he devuelto billeteras, chequeras y celulares encontrados en la calle, de los que no se toman el jugo para abandonar sigilosamente las cajas vac√≠as en los pasillos de los supermercados, e incluso de los que cuando olvidan cobrarme algo en el restaurante, advierte el garz√≥n para que lo incluya en la cuenta.

La honestidad tiene su premio: cuando era un ingenuo adolescente me salv√© de caer en el “cuento del t√≠o” s√≥lo porque -para fastidio de los timadores- insist√≠ desesperadamente en que hab√≠a que devolverle el supuesto fajo de billetes perdido a la supuesta v√≠ctima que los dej√≥ caer.

Por cierto, no espero recibir ning√ļn halago por esto. Todo lo contrario: simplemente hago lo debido. Lo que me ense√Īaron. De ah√≠ que me averg√ľence cuando publicamos como gran noticia que alguien devolvi√≥ un malet√≠n lleno de dinero. Un acto digno de ser agradecido por la molestia, pero de ninguna forma de ser noticia.

¬ŅQu√© tipo de pa√≠s somos cuando la honestidad es noticia o motivo de halago?

Por eso, no creo que los pol√≠ticos sean los √ļnicos que merezcan ser criticados, al menos no especialmente. Hace tiempo le√≠ la frase de una maestra del periodismo anglosaj√≥n cuyo nombre, por desgracia, no retuve. Dec√≠a algo as√≠ como “Los pol√≠ticos no son mejores ni peores que nosotros. Son s√≥lo el reflejo de la sociedad en que vivimos”.

Quiz√° s√≥lo en algo deba capitular: se supone que las autoridades deber√≠an predicar con el ejemplo. Ser modelos. Por algo son “honorables” o “excelencias”. Sin embargo es entonces cuando -con mayor motivo- debemos preguntarnos por qu√© est√°n ah√≠. Por qu√© siguen ah√≠.

¬ŅPor qu√© alcaldes, diputados, senadores y hasta presidentes procesados, condenados o con causas pendientes son electos y reelectos en sus cargos? Entonces s√≥lo queda recurrir a la sabidur√≠a de Winston Churchill y reconocer, amargamente, que cada pueblo tiene a los gobernantes que se merece.

Christian F. Leal Reyes
Periodista Penquista – Director de BioBioChile

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