Metales pesados y químicos como cianuro, arsénico, plomo, cadmio, zinc, mercurio, entre otros, son algunos de los elementos que pueden ser hallados en un relave, el depósito que se destina para acumular los residuos de las mineras.

Mencionados con mayor reiteración en los medios a causa de la catástrofe en el norte, -que, según voces no oficiales, amenaza con esparcir la basura de esta industria-, han operado por años en nuestro país, que históricamente ha tenido que lidiar con los desperdicios de la extracción del suelo debido a la masificación de una actividad que copa el 64% de las exportaciones nacionales.

Pero los relaves no son un centro de acopio común, ni funcionan como vertederos u otros centros de desperdicios conocidos. Según explica la ONG Relaves.org, estos se instalan en forma de pulpa, en donde el material sólido decanta en el fondo de una laguna artificial.

El mismo organismo (dedicado a la explicación del peligro que representan), divide los relaves en tres clasificaciones: activo, en operación y parte de una faena minera abierta; inactivo, sin operación o en proceso de cierre o reapertura; o abandonado, es decir, en desuso. Este último, con la variante de que muchas veces nadie se hace cargo de ellos y por ende pueden ser considerados una real amenaza para la salud.

¿Dónde están?

Actualmente, la cifra de relaves en Chile se estima en 449, 125 activos y 324 no activos, en base al documento ‘Catastro de depósitos de relaves’ de 2010, emitido por el Sernageomin.

Su concentración se encuentra, lógicamente, en el manto norte del país, sin embargo zonas mineras históricas como la cuenca del Bío Bío, pese al paso de los años, aún cuentan con depósitos de características similares.

De hecho, dos se contabilizan en Lota y otros dos en Curanilahue. En total, tres están abandonados y uno en estado de cierre –en Lota-, aunque mantiene el riesgo de contaminación de aguas por ruptura o colapso.

Un mapa desarrollado por Relaves.org intenta develar la ubicación de cada uno. (Clic para individualizar, scroll para ampliar)

Peligro en el norte

La misma ONG consultada detectó el pasado primero de abril un escurrimiento grave de relaves mineros mientras tomaba muestras al agua y lodo de los sectores afectados por los aluviones, en la región de Atacama.

Su vocero, Henry Jurgens, aseguró que durante el recorrido y la toma de muestras descubrieron infiltraciones en algunos depósitos, como el de Oajnco, abandonado por la minera Sali Hochschild en Copiapó, en 1997.

“Fuimos al río Copiapó a sacar muestras y encontramos que había bastante material de relave también en las orillas del río”, afirmó Jurgens en aquel entonces.

En respuesta, el Sernageomin sostuvo que luego de inspeccionar las regiones de Coquimbo, Atacama y Antofagasta, se determinó que los tranques y embalses se encontraban en una condición estable.

Por su parte, el alcalde de Copiapó, Maglio Cicardini, puso la voz de alerta y pidió a las autoridades del Comité Operativo de Emergencia analizar las muestras de agua y barro tomadas por los propios pobladores, quienes han advertido de la presencia de desechos mineros en sitios no aptos.

Pero, de ser efectiva la denuncia, ¿cuál sería el real peligro? Eventualmente, quienes resulten expuestos, podrían presentar síntomas como diarreas, molestias digestivas, dolores de cabeza y en articulaciones, entre otros.

Medidas de mitigación

Conocidos como métodos de remediación de relaves, algunos ya han sido puestos en marcha en el extranjero y se encuentran en aplicación en nuestro país, donde la ley (N° 20.551) de Cierre de Faenas e Instalaciones Mineras exige un plan de cierre para el correcto término y manejo de la basura de las minas.

Algunas de las medidas son la Meromixis, entendida como aislación del agua en dos fases, donde una se lleva los contaminantes más densos.

Otras son el reprocesamiento del relave hasta agotar su mineral y reactividad y el desvío y control de las aguas superficiales, método preventivo que consiste en direccionar los líquidos que se infiltran o pudieran infiltrar en el relave.

También existe la remediación por tratamiento químico del agua o por tratamiento físico químico.

Aunque la acción más conocida es la fitoestabilización, tecnología que emplea vegetación nativa capaz de sobrevivir en suelos con altos niveles de metales para devolver la vitalidad a la tierra.

Experiencias de fitoestabilización existen en Chile, como la de la planta Manuel Antonio Matta de Copiapó, donde, tras nueve años de gestión, se aprecian 1.219 árboles en lo que alguna vez fue relave.