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La muerte, los féretros y los trabajos olvidados del colegio
Publicado por: Francisco Ovalle
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Creo que el primer acto de madurez que tiene un ser humano es cuando toma conciencia de la muerte, cuando entiende que nada es eterno, que nada dura para siempre y cuando logra dimensionar que esa persona dentro de un cajón no está durmiendo. Está simplemente muerta.

Mi primer contacto con la muerte del que tengo recuerdo fue cuando ten√≠a como 6 a√Īos, el velorio de un familiar de mi abuelo. Tengo im√°genes vagas que deambulan por mi mente: un caj√≥n caf√©, cuatro luces, muchas flores, un olor raro que no hab√≠a percibido, gente rezando alrededor. Afuera, debajo de un parr√≥n, unas mesas con mantel blanco y muchos vasos de vino. Con otros ni√Īos, juntamos los conchos y… ¬°Zap! No recuerdo m√°s.

A los 10 a√Īos muri√≥ mi abuelo paterno y viajamos con mi madre al velorio. Poco me acuerdo de eso, pero creo que me molest√≥ que mientras unos lloraban, otros re√≠an a carcajadas afuera de la casa.

Despu√©s, a los 13 a√Īos, muri√≥ mi ‚ÄúTata Ernesto‚ÄĚ. Ese s√≠ me doli√≥ porque fue mi padre, mi ejemplo, fue el que me cri√≥. Alcanc√© a llegar corriendo del colegio antes que sellaran el f√©retro. Posteriormente murieron mi madre y mi t√≠a, y claro, fue doloroso, pero ya hab√≠a tomado conciencia de qu√© era la muerte; ya sab√≠a de qu√© se trataba.

Creo que la muerte y todo lo que la rodea est√° supeditada a las costumbres culturales de cada pueblo, y esas costumbres van cambiando seg√ļn la zona geogr√°fica, seg√ļn las distancias, seg√ļn los estratos socioecon√≥micos. Los velorios de provincia se realizan en las casas, se arregla el living y all√≠ se reciben a los que acompa√Īar√°n a la familia. Los velorios se transforman en verdaderos ‚Äúeventos sociales‚ÄĚ.

Esos primos que no se ve√≠an hace a√Īos se intercambian tel√©fonos y se hacen las t√≠picas promesas de que ‚Äúal finado le gustar√≠a que nos junt√°ramos m√°s seguido, no perdamos el contacto, al final somos familia‚ÄĚ, etc√©tera, etc√©tera. Llegan amigos y vecinos, no falta el que lleva una guitarra. Total, “al muerto le gustaba la musica”. Para pasar la noche el vinito navegado, el buen brasero en el patio y las mujeres pelando a la prima que lleg√≥ con minifalda y los hombres tratando de adivinar si est√° soltera.

En las grandes ciudades, velar a un familiar en la casa es ‚Äúmuy de clase media‚ÄĚ. Es m√°s c√≥modo y f√°cil mandar al finado a una capilla que se cierra a las 23:00 horas. Aunque tambi√©n es verdad que, con las casas de ahora, si metes un f√©retro al living debes sacar todos los muebles a la calle.

Fui bombero muchos a√Īos, especialista en rescates. Vi mucha gente morir, adultos, hombres, mujeres y tambi√©n ni√Īos. M√°s de alguno muri√≥ en mis brazos. Por eso mi relaci√≥n con la muerte es como cercana, es como si fu√©ramos amigos, o conocidos. Es como esa persona que te cae mal y que siempre se te aparece en un bar, en la feria, en la calle, en el supermercado… y te saluda ir√≥nicamente como diciendo ‚Äúaqu√≠ estoy otra vez‚ÄĚ.

Descanso eterno, irse a la diestra del Padre, caer en el sue√Īo final, son algunos de los eufemismos que usamos para decir que te mueres. Y cuando ese momento llega, en las circunstancias que sean, de forma tr√°gica o producto de una enfermedad prolongada, estemos o no preparados, difuntos y deudos, el ritual es el mismo. Un cuerpo inerte depositado en un f√©retro (car√≠simo, por lo dem√°s), rodeado de flores, m√ļsica, rezos, llantos y recuerdos del finado. Luego al cementerio, tumbas de tierra, nichos, mausoleos, algunos crematorios.

Despu√©s, en la intimidad que nos permite la soledad de nuestro entorno, cuando empiezas a ordenar la ropa del difunto, sus cosas, sus recuerdos, comienzas a darte cuenta de lo que ha pasado. Finalmente, en cada figurita del velador, en cada cuadro de la pared, en cada rinc√≥n de esa pieza hab√≠a algo de ti. Todos los recuerdos y las cosas del finado est√°n ligadas de una u otra manera a ti. La figurita del elefante se la hab√≠an regalado cuando justo t√ļ te ca√≠ste de un √°rbol. El cuadro de la pared lo trajiste de tus √ļltimas vacaciones y ni te acordabas, hasta ese momento.

Todo comienza a tener sentido, te das cuenta que lo que para ti fue un trabajo del colegio de hace 20 a√Īos, para esa persona era un tesoro. Y encontraste el t√≠pico fosforero o lapicero de palos de helado o una manos pintadas en una hoja que te hacen pensar en que alguna vez fuiste ni√Īo y te das cuenta que toda su vida giraba en torno a ti.

La muerte es ego√≠sta y nos ense√Īa tambi√©n a serlo. Reci√©n en ese momento, cuando ese ser querido se va, reci√©n ah√≠ pensamos en lo mucho que nos va a hacer falta, en cu√°nto vamos a sufrir. Todo comienza a girar en torno a nosotros mismos, y no somos capaces de pensar en que nuestro difunto ya no tendr√° que pagar deudas, no pasara fr√≠o ni calor, no tendr√° problemas, ni nada. Simplemente se muri√≥.

Hay culturas que ven la muerte como un paso, como una transición, como un viaje, incluso algunos la celebran. La muerte debe ser tomada como parte del proceso natural de la vida, aprender a disfrutar porque, desde que nacemos, todos traemos fecha de vencimiento.

Dicen que la muerte esta tan segura de su victoria sobre nosotros, que nos da toda una vida de ventaja.

Descansa en paz.

Francisco Ovalle, Radio B√≠o B√≠o en Valpara√≠so y Vi√Īa del Mar.

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