El contexto de cambio constitucional nos ha desafiado como sociedad a dialogar, en lo público y en lo privado, y lo celebramos. También la pandemia, la crisis social, política y económica, y por supuesto la ambiental, han remecido nuestras vidas y queremos salir adelante como sociedad. Comprendemos que nadie puede por sí solo. Nos necesitamos.

Estamos como país enfrentando un tiempo inédito de diálogos, muchas veces incómodos, en que tenemos la responsabilidad de acordar un futuro común. Una conversación que solemos hacer entre quienes piensan parecido a nosotros y no necesariamente con quienes piensan distinto, y sin duda, la dinámica del debate público no ha hecho más que alimentar ese sesgo. El problema no es tener diferencias, sino la incapacidad de abordarlas.

El debate constitucional instala antagonismos basados en desinformación, en prejuicios, desconfianzas instaladas y, sin embargo, a lo que sí debemos temer es a la falta de diálogo, al racismo, al clasismo, a la exclusión, a la falta de democracia, a no poder experimentar todas y todos los mismos grados de satisfacción en ámbitos clave para el desarrollo humano: el trabajo, la salud, la educación, la vivienda digna, la seguridad, el trato desigual. Debemos temer a la falta de escucha.

Gracias a nuestra experiencia en SERVICIO PAÍS, trabajando junto a cientos de comunidades que enfrentan pobreza e injustas desventajas a lo largo de Chile, sabemos que la clave para construir y avanzar es la colaboración, la empatía, la participación conjunta en las decisiones y la generación de confianza.

Por eso nos sumamos varias instituciones al trabajo que hace un tiempo está liderando 3xi y que busca fomentar los diálogos entre pares improbables, instancias donde se juntan esos que piensan distinto, que viven realidades diversas en este mismo Chile, y que deciden, de buena fe, darse un tiempo para escuchar. Reflexionar sobre los escenarios futuros al 2030 es la invitación que estamos haciendo antes del plebiscito que definirá si avanzamos o no con una nueva Constitución para nuestro país. ¿Es incómodo para el activista conversar con el empresario? ¿para la dirigenta social conversar con el académico? ¿para el estudiante conversar con el político? Puede ser. Pero es importante que suceda.

Tenemos la convicción de que la sociedad civil puede ser bisagra, puente. Facilitador en procesos sencillos pero significativos, que generen inclusión e inviten a la corresponsabilidad. Y para ello es necesario a confiar, escuchar y dialogar sin cansancio. El 5 de septiembre, el día después del plebiscito, con mayor razón seguiremos disponibles para este proceso.

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