Este recorrido ilustra la fragmentación crónica del sistema de partidos peruano, donde las lealtades suelen ser coyunturales y las bancadas se reconfiguran con frecuencia.
José María Balcázar Zelada (nacido el 17 de enero de 1943 en Nánchoc, Cajamarca) asumió anoche como el octavo presidente del Perú en apenas una década, luego de que el Congreso aprobara la censura de su antecesor, José Jerí, cuestionado por presuntos vínculos con empresarios chinos y observaciones sobre contrataciones públicas.
Más que un simple relevo administrativo, su llegada confirma la persistente inestabilidad política que atraviesa el país.
Balcázar no accede al poder por voto popular, sino por designación parlamentaria, y gobernaría hasta el 28 de julio de 2026, cuando deberá entregar el mando al presidente electo en los comicios del 12 de abril. A sus 83 años, este abogado, exmagistrado del Poder Judicial y congresista de Perú Libre para el período 2021–2026, asume un mandato interino en un contexto donde la Presidencia ya no garantiza continuidad ni estabilidad.
No es irrelevante que Perú Libre haya sido el partido que llevó al poder a Pedro Castillo en 2021, con una propuesta de izquierda y retórica antisistema. Aunque Castillo terminó distanciado de la dirigencia partidaria, su gobierno -marcado por confrontación permanente con el Congreso y alta rotación ministerial- dejó una huella profunda en la percepción pública sobre el sistema político.
Hoy Castillo cumple condena por conspiración para la rebelión, tras su intento de disolver el Congreso y afectar el sistema de justicia en diciembre de 2022, lo que derivó en su destitución y un proceso penal posterior.
La trayectoria de Balcázar refleja volatilidad. Fue elegido congresista por Perú Libre en 2021; en 2022 renunció a la bancada y se integró a Perú Bicentenario; posteriormente retornó a Perú Libre.
Este recorrido ilustra la fragmentación crónica del sistema de partidos peruano, donde las lealtades suelen ser coyunturales y las bancadas se reconfiguran con frecuencia. Su trayectoria pública también ha estado rodeada de algunas controversias, incluida su postura sobre el matrimonio infantil, que le ha valido críticas de amplios sectores sociales y políticos.
La crisis presidencial en perspectiva
La alta rotación de Jefes de Estado responde a tres mecanismos principales: vacancias, censuras y renuncias bajo presión política o social, muchas veces vinculadas a acusaciones de corrupción o conflictos éticos.
La vacancia por “incapacidad moral permanente” permite al Congreso destituir a un presidente cuando considera que ha perdido las condiciones para ejercer el cargo. Su formulación amplia ha facilitado interpretaciones políticas que aceleran la sucesión presidencial.
La censura, por su parte, es un instrumento mediante el cual el Congreso retira la confianza a una autoridad -como ocurrió con José Jerí- obligándola a dejar el cargo mientras mantiene su condición parlamentaria.
A esto se suman renuncias motivadas por presión política o investigaciones fiscales en curso, algunas complejas y otras más puntuales, pero todas con impacto en la legitimidad del Ejecutivo.
Este patrón convierte la inestabilidad en una característica estructural: ninguna administración peruana puede considerarse asegurada hasta completar su mandato, y la gobernabilidad depende más de correlaciones parlamentarias momentáneas que del mandato electoral.
El discurso de Balcázar: optimismo político y señales simbólicas
En su mensaje ante el Congreso, Balcázar sostuvo:
“No es difícil gobernar un país… en un solo mes podemos hacer muchas cosas. Este país tiene todas las condiciones para mejorar… ¿Quién les ha dicho que es difícil? Convoquemos a las personas más lúcidas, que las tenemos en todos los partidos políticos. ¿Para qué peleas?”.
Además, anunció que no indultará a Pedro Castillo, calificó como “leyendas negras” las acusaciones en su contra, llamó a la calma de los agentes económicos y prometió estabilidad administrativa, evaluando mantener parte del gabinete anterior.
Se presentó como un presidente de consenso y no confrontación, buscando proyectar un perfil de transición funcional. Incorporó incluso referencias históricas al conflicto con Chile, en un tono reflexivo que subraya la importancia simbólica de sus palabras.
¿Qué significa para Chile?
Para Chile, la sucesión de presidentes peruanos exige prudencia estratégica. La interlocución con Lima -en comercio, migración, seguridad fronteriza y cooperación regional- debe gestionarse con conocimiento profundo del contexto y código político interno.
Aun cuando Perú enfrenta inestabilidad política, su economía mantiene dinamismo. Durante las dos primeras décadas del siglo XXI registró uno de los crecimientos promedio más altos de América Latina, con proyecciones de expansión por encima del 3% para 2026 y una inflación controlada, respaldada por una cartera activa de proyectos de inversión minera e infraestructura. Esto evidencia que la política y la economía en Perú funcionan por carriles distintos.
No obstante, la normalización de gobiernos interinos y designaciones parlamentarias convierte la transición constante en regla.
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