Para el segundo semestre de 2021 el denominado Barrio Boliviano de Iquique ya se había convertido en centro de operaciones del Tren de Aragua en la ciudad. A ese histórico sector, específicamente a la intersección de calles Esmeralda y Juan Martínez, llegaban en masa los cientos de migrantes que cada día atravesaban ilegalmente la frontera a la altura de Colchane. Algunos continuaban desde allí su recorrido a Santiago en buses fantasma y otros, que ya se habían quedado sin dinero, comenzaban a deambular por la ciudad.
La situación escaló un nivel de violencia insospechado —que incluso captó la atención de la prensa internacional— el sábado 25 de septiembre de 2021, cuando una marcha en contra de la migración ilegal en Iquique terminó con algunos descolgados quemando carpas y pertenencias de un grupo de extranjeros que se había asentado provisoriamente en una plaza.
Y es que a esa altura el crimen organizado internacional tenía el control absoluto de la frontera a la altura de Colchane por el lado chileno y Pisiga del boliviano, pues vieron allí un negocio rentable que, literalmente, defendieron a muerte.
La vacuna
—No puedes trabajar en Esmeralda ni el terminal…. esas zonas las tenemos nosotros tomadas. Si te volvemos a ver por ahí, te matamos.
Esa fue la advertencia que en noviembre de 2021 le hizo un miembro del Tren de Aragua al captador de pasajeros M.J.J.L, quien —a ojos de la organización— estaba operando por fuera de las reglas que ellos imponían para esa zona. El objetivo era que el hombre, también extranjero, se pusiera al día con el pago de la “vacuna”.
En simple, un impuesto que para este servicio estaba tasado en unos $5 mil pesos chilenos por cada pasajero que efectivamente abordaba el bus hacia la zona central de nuestro país.
En ese contexto el barrio comenzó a ser testigo de nuevos y diversos delitos. Los secuestros, por ejemplo, comenzaron a ser frecuentes en el sector. Muchos al ser parte de extorsión o vendettas no terminaron siendo denunciados.
“Hubo un tiempo en que nadie se quería acercar por esos lados. Hoy sí se puede pasar, pero continúa siendo un sector en el que hay que tener cuidado. Más que nada en las tardes o cuando ya va a caer la noche”, advierte un taxista iquiqueño que suma décadas recorriendo la ciudad.
La herencia
Si bien la acción de las policías, el Ministerio Público y la justicia en general lograron desarticular las operaciones del crimen organizado en la zona, hoy “la pequeña Bolivia” de Iquique continúa siendo un foco de incivilidades y, en buena medida, de inseguridad.
Basta con pasar por el lugar pasadas las 18:00 horas, una vez el sol comienza a bajar, para toparse con docenas de personas —la mayoría extranjeros— ejerciendo el comercio ilegal. Es que el barrio continúa recibiendo gran afluencia de público.
Hasta allí continúan llegando en buses y furgonetas numerosos ciudadanos extranjeros, hoy principalmente bolivianos, que arriban a la ciudad para abastecerse de productos en la Zona Franca (Zofri) o con el objetivo de moverse hacia otros puntos del país para trabajar.
Como sea, cada día por la tarde el barrio se vuelve un punto neurálgico por el que transita gran cantidad de personas. De ahí que la oferta vaya desde productos comestibles típicos a los que se pueden encontrar en las calles de Bolivia y Venezuela, a útiles de aseo personal y otras mercancías menos legales.
En palabras del fiscal regional suplente de Tarapacá, Juan Valdés Jeria, “el denominado Barrio Boliviano de Iquique se caracteriza por ser una zona urbana en la que se generan actividades comerciales asociadas al tránsito de pasajeros provenientes del extranjero, principalmente desde Bolivia (…) Este contexto ha motivado históricamente fenómenos delictivos, tipificados en la ley de drogas, delitos contra la propiedad, riñas, delitos asociados a especies objeto de contrabando y otros”.
El persecutor añade que “la presencia de migrantes irregulares vino a potenciar estas figuras delictivas en este sector y otros cercanos de la ciudad. Sin embargo, al día de hoy no hay activas investigaciones asociadas a actividades de crimen organizado o similares, sin perjuicio de eventuales procedimientos que se generen en el sector”.
El rol municipal
En la Municipalidad de Iquique el diagnóstico lo tienen claro. Así se desprende de las palabras del director de Prevención y Seguridad, Gonzalo Prieto Navarrete. En diálogo con BBCL Investiga, el sociólogo de profesión cuenta que en esa y otras zonas de la ciudad han detectado la venta ilegal de productos de contrabando como huevos, quesos, carnes, arroz y hasta fideos.
“El 2025 se decomisó un 53% más de este tipo de productos que en 2024 (…) eso da cuenta del enorme flujo de alimento de contrabando entre Bolivia y Chile. Eso tiene consecuencias en la salud pública, porque repercute, por ejemplo, en un alza de las enfermedades gastrointestinales lo que sobrecarga las urgencias de nuestros servicios de salud primaria”, detalla el funcionario.
En esa línea, hace un llamado a que otras instituciones se hagan cargo de investigar el origen del negocio, pues —remarca— hay mucha gente por detrás en la cadena de contrabando que se beneficia con el comercio ilegal en las calles de la ciudad.
El microtráfico de droga —principalmente marihuana y pasta base— es otro de los fenómenos que, al igual como ocurre en otras ciudades, afecta a Iquique. El Barrio Boliviano no es ajeno a esa realidad. Prieto detalla que las cámaras de seguridad que mantiene el municipio (en la vía pública hay casi 500 operativas a lo largo y ancho de la ciudad) captan transacciones y de inmediato se coordina con las policías y el Ministerio Público para combatir el problema. En paralelo, se trabaja en intervenciones territoriales concretas.
De hecho, en la central de cámaras de la municipalidad se monitorean 24/7 el medio millar de dispositivos que están en línea. Además, siempre hay un funcionario de Carabineros acompañando al personal del municipio. Eso, sumado al sistema espejo que permite a carabineros visualizar en tiempo real las imágenes en los cuarteles.
“La Unidad de Inspección Municipal desarrolla las labores de fiscalización y control de ordenanzas municipales. También cumple un rol de coadyuvante para Carabineros, la PDI, el Ministerio Público y la Policía Marítima. El alcalde Mauricio Soria ha instalado eso como un principio en su gestión”, recalca.
Barrio comercial
Para el presidente de la Cámara de Comercio, Industrias, Servicios y Turismo de Iquique, Rafael Montes González, hay un claro factor que impactó directamente el deterioro de este y otros sectores de la ciudad.
En conversación con la Unidad de Investigación de Bío Bío, Montes apunta contra la migración ilegal pre y post pandemia.
“Nuestra región de Tarapacá en su historia no había tenido un problema de inmigración como el que se dio hace unos años atrás. Era impactante, porque uno miraba las calles y estaban llenas de carpas y rucos cerca de las playas. Eso, gracias a Dios, se fue terminando. También gracias a las autoridades que paulatinamente fueron parando esto. Hubo hasta prostitución infantil en plazas, aumento de asaltos y agresiones a la policía”, rememora.
A su juicio, el fenómeno migratorio repercutió en la vida cotidiana de los iquiqueños y, en consecuencia, en el comercio.
“Más pasábamos nosotros encerrados en las casas que saliendo a las calles. El comercio modificó sus horarios y comenzó a cerrar más temprano”, recuerda.
Respecto del Barrio Boliviano, haciendo un poco de historia, el destacado dirigente gremial iquiqueño relata que “surgió como un área comercial que se fue formando de a poco. Los buses, como ocurre hasta ahora, llegaban ahí desde Bolivia y comenzaron a surgir negocios que se fueron estableciendo en esa zona. Está a pocas cuadras del centro de Iquique”.
En efecto, en el lugar funcionan formalmente una serie de lugares de alojamiento como el Hotel Oruro, la Residencial Esmeralda, improvisadas casas de cambio y sucursales de Western Union para el envío de remesas hacia el extranjero.
El problema, a juicio de Montes, radica en buena parte en la proliferación de las ventas clandestinas. “Cuando aparece el comercio ambulante, siempre está ahí escondida la delincuencia”, repara.
Despliegue policial
Consultados por la situación de este y otros barrios de la ciudad, desde Carabineros de Chile remarcaron el trabajo de prevención que se realiza en todos los rincones de la ciudad y el resto de la región.
El teniente coronel Marcos Estrada Arévalo, subprefecto de los Servicios de la Prefectura de Carabineros Iquique, detalló que personal de la policía uniformada constantemente está recorriendo sectores como el Barrio Boliviano precisamente para combatir fenómenos como el comercio ambulante e incivilidades.
“Carabineros se despliega conforme a una estrategia de repartición de nuestro mando, con el objetivo de reconocer los sectores y distribuir los servicios policiales diariamente. Hay servicios, por ejemplo, para la denominada línea bancaria con el propósito de otorgar más seguridad a los ciudadanos que realizan sus trámites y también en sectores como el Barrio Boliviano donde ocurren muchas incivilidades. Por las mañanas y en las noches tenemos presencia policial allí para frenar esta situación”, detalla.
Eso, subraya el comandante Estrada, se suma al refuerzo de personal que significa el Plan Verano Seguro que permite el despliegue de más funcionarios en la zona costera de la ciudad, buscando fomentar el turismo y brindar más seguridad a los visitantes.
“Tenemos desplegado a todo nuestro personal, tanto en la comuna de Iquique, Alto Hospicio, Pozo Almonte y su destacamento respectivo, haciendo un trabajo y servicio diariamente con el objeto de atacar incivilidades, algún tipo de situación que revista carácter de delito a través de sus patrullajes preventivos. Eso sumado a los servicios diarios que hacemos integrados con otras instituciones como la Policía de Investigaciones, la Seremi de Salud, las municipalidades, el SAG, la Armada de Chile, por nombrar algunas”, acota el oficial.
No solo patrullas uniformadas intervienen en el sector. Según detallaron fuentes policiales, también se realizan procedimientos con personal de civil. El martes 13 de enero, en horas de la tarde, este medio observó cómo un funcionario —sin uniforme y al parecer actuando en solitario— avanzaba por calle Juan Martínez con su arma visible en la cintura, mientras los ambulantes, agrupados por docenas, comenzaban a retirarse del lugar.