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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La salida de Natalia Duco del Ejecutivo se gestó antes de su reemplazo en el Ministerio del Deporte. Tras una reunión con Contraloría que reveló irregularidades en el uso de un vehículo fiscal, Duco regresó a La Moneda donde, entre lágrimas, escuchó del presidente Kast que debía renunciar. También se removió al subsecretario Andrés Otero. Francisco Riveros fue designado como su reemplazo, generando controversia por su relación con los Panamericanos. La ceremonia de despedida fue emotiva, con un almuerzo informal de hamburguesas encabezado por Kast, contrastando con la ausencia de la primera dama y sin discursos de cierre.

La salida de Natalia Duco del Ejecutivo comenzó a fraguarse mucho antes de que este viernes se oficializara su reemplazo en el Ministerio del Deporte. Sin embargo, el capítulo final se escribió entre lágrimas, silencios y un almuerzo encabezado por el presidente José Antonio Kast, tras una agitada noche en que la ahora exministra regresó a La Moneda para escuchar, de boca del propio mandatario, que debía dar un paso al costado.

La jornada del jueves había iniciado para Duco lejos del Palacio de Gobierno. A las 11:30 horas acudió a la Contraloría General de la República para reunirse con la contralora Dorothy Pérez. La cita, al menos en el papel, abordaría materias propias de su cartera. Sin embargo, la autoridad también aprovechó la instancia para entregar antecedentes sobre presuntas irregularidades en el cierre y las finanzas de los Juegos Panamericanos Santiago 2023. Lo que siguió después fue un giro intempestivo.

Cerca de las 15:00 horas comenzó a circular un video que revelaba el uso de un vehículo fiscal en una actividad previamente informada como reunión de trabajo. El problema para La Moneda no radicaba solo en el registro audiovisual. El Ministerio del Deporte ya había remitido una respuesta a Contraloría sobre esa misma denuncia y, de acuerdo con los antecedentes recopilados, esa explicación quedó severamente cuestionada tras salir a la luz las imágenes.

En el Palacio estalló el remezón. Entre los factores que encendieron la molestia interna figuró que la contestación enviada al organismo fiscalizador no había sido revisada por los equipos jurídicos de la Presidencia. A esto se sumó la amarga sensación dentro del Gabinete de que les habían mentido. Duco, mientras tanto, continuó con sus actividades programadas.

A las 17:00 horas sostuvo un encuentro con integrantes del equipo de Alejandro Irarrázaval, jefe de asesores de la Presidencia. En la tabla figuraban materias institucionales: las corporaciones deportivas, el Instituto Nacional de Deportes y Santiago 2027. Aunque su remoción aún no se planteaba de manera formal en esa mesa, el episodio del video irrumpió en la conversación. Quienes la vieron coinciden en que la secretaria de Estado se mostraba notoriamente afectada.

Pasadas las 19:30 horas, Duco abandonó La Moneda junto a sus colaboradores. Parecía el cierre de un día complejo, pero las presiones internas hicieron que el Ejecutivo la hiciera retornar.

A eso de las 21:00 horas, volvió a Palacio para reunirse a solas con el presidente Kast. Fue un diálogo franco cuyo desenlace quedó zanjado esa misma noche: debía dejar el cargo.

En la misma marejada cayó el subsecretario Andrés Otero. Respecto a él, comenzaron a circular sospechas sobre una eventual participación en la grabación y posterior filtración del material audiovisual, hipótesis que bastó para cuestionar su lealtad y dictaminar su salida.

La remoción de ambas autoridades terminó de consumarse en la noche, sumándose a una seguidilla de controversias que tensaron los primeros meses de Duco en la cartera: las dudas sobre el uso del vehículo fiscal, la controversia por la Beca Proddar, el episodio asociado a los conciertos de BTS en el Estadio Nacional y sus reparos iniciales a la candidatura de Chile para los Juegos Olímpicos de la Juventud.

Ceremonia entre lágrimas y un almuerzo informal

Resuelta la salida, la prioridad giró hacia la sucesión. Durante la mañana del viernes se intensificaron los contactos en Palacio para definir al reemplazante. Aunque resonó el nombre de Rodrigo Delgado, la apuesta del Gobierno se inclinó finalmente por Francisco Riveros, abogado, exgerente jurídico y de Asuntos Corporativos de la Corporación Santiago 2023, quien ya ejercía como asesor de Presidencia.

El nombramiento, de forma paradójica, abrió de inmediato un nuevo flanco: Riveros formó parte de la estructura organizativa de los Panamericanos, cuya gestión financiera y administrativa está, precisamente, bajo la lupa de la Contraloría.

Mientras se afinaba el juramento, Duco retornaba a La Moneda para la ceremonia que oficializaría su partida, en un ambiente que distaba mucho del de un cambio de gabinete habitual.

La exdeportista ingresó visiblemente conmovida y con lágrimas. En medio de su trance amargo, el ministro de Agricultura, Jaime Campos, se le acercó para darle algunas palabras a modo de consuelo.

Posteriormente, al ser abordado por los medios, el propio Campos confirmó el gesto: «La saludé, le di un abrazo y un beso», relató a la prensa apostada en la sede de Gobierno.

No obstante, al ser consultado sobre si consideraba que Duco le había mentido al ente contralor, tomó distancia: «No tengo idea de esas cosas», acotó tajante, evitando también evaluar su desempeño directivo: «Una gran mujer», se limitó a decir.

Por último, Campos terminó por revelar cómo concluyó la jornada para la exministra: «Sí, almorzamos con ella», deslizó.

El encuentro se desarrolló en uno de los salones de Palacio, encabezado por el propio mandatario y otros integrantes del Ejecutivo. El menú elegido fue marcadamente informal: hamburguesas. Una postal singular para clausurar otra jornada compleja del Gabinete desde su instalación.

Concluido el acto, Duco abandonó raudamente el salón Montt Varas sin ofrecer declaraciones, marcando un fuerte contraste con la exposición mediática de otras autoridades en ceremonias pasadas y con la marcada ausencia de la primera dama, Pía Adriasola.

Por su parte, el presidente Kast optó por un discurso de tono político y general, eludiendo los pormenores del caso. Agradeció el «compromiso, lealtad y trabajo incansable» de Duco, destacando sus extensas jornadas de trabajo durante los cinco meses de gestión.

Sin embargo, el jefe de Estado dejó caer una frase que terminó operando como la versión oficial de la crisis: habló de normas «casi inentendibles» y de un «error que cualquiera puede cometer», añadiendo que a veces quienes deben asesorar no lo hacen de forma adecuada y que, ante ello, corresponde adoptar decisiones «difíciles y dolorosas».

La estampa final distó ampliamente de las tradicionales despedidas ministeriales. No hubo discursos de cierre por parte de la exministra, ni punto de prensa, ni un balance de gestión. La jornada concluyó, en cambio, entre conversaciones breves, un gesto solidario entre pares, una ceremonia protocolar y un almuerzo con hamburguesas junto al mandatario y su equipo.