Chile quiere alcanzar la carbono neutralidad al año 2050. Para lograrlo necesita capturar más carbono, recuperar suelos, aumentar el uso de recursos renovables y avanzar en la sustitución de materiales de mayor huella ambiental. Entonces, ¿cómo se explica que la estrategia llamada a conducir ese camino no reconozca adecuadamente el aporte productivo del sector forestal?

Esa es una de las principales contradicciones de la propuesta de actualización de la Estrategia Climática de Largo Plazo (ECLP), actualmente en Consulta Pública.

El problema aparece al revisar el tratamiento que entrega a las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN). La propuesta concentra su mirada en la protección, restauración y conservación de ecosistemas y coberturas forestales nativas permanentes, pero excluye del concepto a las coberturas forestales con fines comerciales o compuestas por especies introducidas.

¿Por qué importa? Porque la contribución climática del sector forestal no termina en el bosque. Comienza ahí. Los árboles capturan CO₂ mientras crecen. Luego, cuando esa madera se transforma en viviendas, estructuras u otros productos de larga duración, parte del carbono capturado permanece almacenado durante años.

Hay además un segundo efecto: la madera es un recurso renovable que puede sustituir, en determinados usos, materiales de mayor intensidad de emisiones. Por eso, construir más en madera también puede formar parte de una estrategia de descarbonización. Y su potencial va mucho más allá de la construcción: la fibra de madera es materia prima para cientos de productos y biomateriales, mientras que subproductos y residuos de la actividad forestal pueden valorizarse como biocombustibles para sustituir combustibles fósiles, que permiten avanzar hacia una bioeconomía basada en recursos renovables.

Excluir esta dimensión resulta difícil de conciliar con los principios de coherencia y costo-efectividad establecidos en la Ley Marco de Cambio Climático y con la propia Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) de Chile, que incorpora compromisos vinculados a los bosques y al uso de la madera. La ECLP debiera avanzar en esa misma dirección.

Esta mirada resulta aún más difícil de comprender si consideramos que en 2024 el Comité de Carbono-Neutralidad y Resiliencia, integrado por 19 especialistas del mundo ambiental, académico, empresarial y de la sociedad civil, alcanzó por consenso 14 propuestas para acelerar la carbono neutralidad del país. Una fue explícita: aumentar la captura de carbono del sector agroforestal incrementando la masa boscosa, incluyendo bosques naturales y plantaciones forestales.

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¡Ahí está la paradoja! La política climática no puede mirar únicamente el árbol que permanece en pie, sino también el aporte de la madera que proviene de él. Esta discusión tampoco puede reducirse a elegir entre conservación y producción. El desafío es proteger y recuperar nuestros bosques nativos y, al mismo tiempo, desarrollar una actividad forestal sostenible que genere madera, biomateriales, bioenergía, innovación y soluciones para una economía baja en carbono.

La consulta pública de la ECLP es una oportunidad para corregir esa mirada. No se trata de disminuir las exigencias ambientales ni de reemplazar conservación por producción, sino de reconocer todas las herramientas disponibles para alcanzar la carbono neutralidad. Conservar más, recuperar más y producir sosteniblemente no son objetivos incompatibles. Son partes de una misma estrategia.

Alejandro Casagrande
Presidente CORMA Biobío Ñuble.

Daniela Espinoza
Gerente de AChBIOM.

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