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RRSS y Agencia UNO | El Pájaro (izq) y El Poroto (der)

Narco-guerra en Santiago: las ejecuciones de traficantes que azuzan disputa por control de la zona sur

Viernes 02 octubre de 2026 | 06:00
Investigación

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RRSS y Agencia UNO | El Pájaro (izq) y El Poroto (der)

La sangrienta disputa del crimen organizado por el control territorial en el sur de la región Metropolitana vuelve a escena con los asesinatos de dos capos narcos y un carabinero en Lo Espejo. Robert Soto Guerra, líder de Los Pájaros, y Héctor "El Poroto" Cárdenas Venegas, de la población José María Caro, confluyen en una trama que sugiere más que simples ajustes de cuentas. Detrás de los crímenes, se perfila la sombra de "El Cojo César", un capo narco en la cárcel que podría estar orquestando un nuevo juego de poder. Pero esa no es la única hipótesis. Mientras tanto, la alcaldesa de Lo Espejo, Javiera Reyes Jara, apunta al retroceso estatal en las poblaciones como caldo de cultivo para el narcotráfico, mientras las investigaciones desvelan conexiones entre los narcos acribillados y la desarticulada banda de "El Barbas" en la Operación Betis.

Los asesinatos de dos capos narcos, ejecutados con poco más de seis meses de diferencia, sumados al reciente crimen de un carabinero en Lo Espejo, volvieron a exponer una sangrienta guerra entre traficantes que disputan el control del sector sur de la región Metropolitana. Se trata de una zona de la capital históricamente atravesada por el crimen organizado, en la que hoy proliferan asesinos a sueldo de origen extranjero a los que no le tiembla la mano cuando el objetivo está en frente.

El primero en caer fue Robert Soto Guerra (35), líder de Los Pájaros. Un avezado dealer, con centro de operaciones en La Legua, cuyo homicidio alteró un equilibrio que llevaba años tensionándose. Debido al grado de cercanía y respeto que mantenían, a su funeral asistió Héctor “El Poroto” Cárdenas Venegas (45), narco de la población José María Caro, en Lo Espejo, quien —coincidencia o no— el 22 de septiembre recién pasado terminó corriendo la misma suerte que su colega.

A diferencia de cómo ocurría en antaño, la fórmula para deshacerse de enemigos y despejarse el camino mutó: hoy quienes se encargan del trabajo sucio ya no son connacionales sino asesinos extranjeros a honorarios. Se presume que uno de ellos estaría detrás del homicidio de Cristopher Aguilera Fernández, cabo segundo de Carabineros abatido en medio de una fiscalización el pasado fin de semana. Recibió un tiro directo a la cabeza.

“En la zona sur esto es histórico. Es como una zona geográfica de asiento permanente, un enclave, de criminales”, dice un exfiscal de la vieja escuela que conoce al dedillo el bajo mundo capitalino.

El ascenso de Los Pájaros

Hasta el 19 de marzo de 2026, el poder en la zona sur de Santiago lo ostentaba de manera no exclusiva, pero ostensible, Robert Soto Guerra. En buen chileno, era el narco que la estaba llevando. El Pájaro encabezaba uno de los clanes con mayor presencia en La Legua y disputaba influencia con César Liberona Miranda, El Cojo César, otro de los nombres históricos del narcotráfico en esa zona.

—Robert empezó a tomar mucho poder, empezó a crecer —relata fuera de micrófono una fuente policial que ha seguido de cerca las investigaciones en esa zona.

Una de las razones que explica su ascenso es precisamente que otros líderes de clanes como Los Marchant y el propio Cojo César estuvieran, en el papel, fuera de combate. La primera banda, dueña de un fortín en la José María Caro, cayó en 2022, mientras que Liberona corrió igual suerte en 2024.

La versión que circula y toma más fuerza entre investigadores es que fue este último quien, desde la sombra de la prisión, habría decidido frenarlo antes de que siguiera creciendo. Lo propio habría hecho posteriormente con El Poroto.

Con el fútbol como fachada

Según cuentan fuentes policiales a esta Unidad de Investigación, la relación entre todos ellos no siempre fue hostil. Aseguran que El Pájaro y El Cojo César llegaron incluso a mantener un cierto grado de cercanía. Lo propio con El Poroto, quien derechamente era amigo de ambos. Un punto de reunión que acercó aún más al Pájaro con El Poroto era el fútbol amateur. Este último hacía de director técnico del Juventud Polonia, un equipo de la José María Caro que hasta 2018 se llamaba Juventud Varsovia. Ese conjunto hasta llegó a disputar en 2010 la Copa Chile. En su cruce con Audax Italiano cayó por 13 a 0.

Ambos aparecen también conectados a una misma red de abastecimiento de droga, vinculada al Betis de Cerrillos, otro club de barrio que era utilizado como fachada para esconder el tráfico de drogas. Una operación de la PDI en 2025 dejó a ocho personas arrestadas, incluyendo al exfutbolista profesional Cristopher Veas, alias El Lory.

Según antecedentes reunidos durante esa investigación, la banda trasladaba importantes cargamentos de droga desde el norte del país hasta Santiago y mantenía nexos directos con organizaciones asentadas en el sector sur. Entre ellas, las que lideraban ambos narcos acribillados este año.

Fue siguiendo esa ruta que los detectives llegaron tanto a Robert Soto como a Héctor Cárdenas.

—Los del Betis conocían a Robert, que tenía el equipo Legua Junior, y conocían también al Poroto con el equipo del Varsovia —dice uno de los investigadores que participó de las pesquisas.

El prefecto Eduardo Gatica, jefe de la Brigada Antinarcóticos Metropolitana, lo confirma:

—Estas investigaciones tienen un factor común, que es el haber nacido de una investigación inicial que fue la Operación Betis. Una investigación desarrollada en 2025 que logró desarticular una importante organización criminal que traía grandes cargamentos de droga desde Bolivia, la cual luego era distribuida en la zona sur de Santiago y donde luego existía un blanqueamiento de los ingresos a través de empresas de fachada.

De acuerdo con el oficial, uno de sus principales compradores, quien luego la comercializaba en poblaciones de la zona sur a través de sus diversos puntos de venta, era El Poroto.

Seguimientos policiales a “El Poroto”

Otra fuente lo ejemplifica así:

—Los del Betis abastecían con cocaína y pasta base a ambas estructuras mediante cargamentos que podían alcanzar hasta los 700 kilos. En ocasiones, cerca de la mitad de la mercancía transportada a la región Metropolitana tenía como destino al grupo del Poroto y la otra parte era entregada a Los Pájaros.

Otra hipótesis

Al Pájaro lo mataron a balazos la madrugada del jueves 19 de marzo de este año en La Legua. Iba en su automóvil junto a su sobrino, Diego Soto (25), cuando desconocidos los atacaron. Fueron llevados de urgencia al Hospital Barros Luco pero no alcanzaron a ser atendidos. Murieron en el camino.

Seis meses después fue el turno de El Poroto. Su suerte fue la misma: llegaba hasta su casa a bordo de un automóvil y, en la intersección de los pasajes 21 Sur con 6 Poniente de Lo Espejo, fue abordado por desconocidos que, sin mayor diálogo, le dispararon en reiteradas ocasiones.

Hasta ahora no hay detenidos por ninguna de las dos ejecuciones. No obstante, mientras algunas fuentes apuntan al Cojo César y su entorno, otros conocedores del movimiento narco en la zona sur ponen sobre la mesa a otro viejo y conocido clan: Los Marchant, cuya eventual participación en la muerte de El Pájaro y/o El Poroto también circula como hipótesis.

Aunque lleva años tras las rejas, los consultados por esta Unidad de Investigación fijan la mirada en Antonella Marchant, la líder del clan familiar dedicado al tráfico de drogas y que tuvo su centro de operaciones precisamente en Lo Espejo, la misma comuna donde El Poroto, después de la muerte de El Pájaro, se alistaba para erigirse como líder absoluto.

Contrato criminal

Las sospechas también apuntan a la utilización de sicarios extranjeros para concretar los homicidios. Una especie de mercenarios reclutados para la disputa territorial. Quienes conocen del fenómeno los describen como soldados mucho menos temerosos que los chilenos, a quienes les extienden verdaderos contratos criminales.

—Les pasan una pistola, les pasan un teléfono, les pagan diariamente. A algunos les hacen un sueldo y mantienen turnos incluso —explica uno de los investigadores consultados.

Se presume que uno de estos empleados del neo-narco estaría detrás del homicidio de Cristopher Aguilera Fernández, cabo segundo de Carabineros, quien murió de un disparo en la cabeza el pasado domingo.

Su homicidio ocurrió a pocas cuadras y cinco días después del asesinato del Poroto. Todo en medio de un aumento de los controles en esa zona por los efectos de la guerra narco desatada en la capital. Su verdugo fue Brayan Farías Díaz, un ciudadano venezolano de 29 años en situación migratoria irregular, quien fue abatido en el lugar.

Portaba una Beretta, con cargador ampliado, que habría sido usada en otros dos homicidios y cinco ataques a policías, informó BioBioChile.

La narco-resiliencia

Un exfiscal de la vieja escuela que durante varios años investigó narcotráfico y crimen organizado en la zona sur de la región Metropolitana —y que hoy ejerce privadamente como abogado— describe el fenómeno de la narco-violencia como algo que excede largamente los episodios de los últimos meses.

—En la zona sur esto es histórico —afirma—. Es como una zona geográfica de asiento permanente, un enclave de criminales por décadas.

A su juicio, una de las particularidades es la persistencia de los clanes familiares.

—Eso provoca que cuando cae un capo narco, el negocio pasa a manos de alguno de sus hermanos, hijos u otros integrantes del mismo círculo.

El expersecutor recuerda, por ejemplo, que nombres como el del Cojo César circulaban en investigaciones criminales desde hace más de dos décadas.

—Yo lo vengo escuchando desde 2005 —manifiesta.

Según explica, la experiencia acumulada por esos grupos, el dominio de determinados barrios y la disponibilidad de armamento les permiten sobrevivir a sucesivos golpes policiales. Para él, la fórmula que mejores resultados entregó durante su paso por el Ministerio Público fue identificar primero a los integrantes que concentraban el poder y luego avanzar sobre el resto de la estructura.

“Cuando el Estado retrocede”

La alcaldesa de Lo Espejo, Javiera Reyes Jara, ha recibido amenazas de muerte de parte de los grupos narco que operan en la comuna. El Poroto incluso le puso precio a su cabeza. En conversación con Bío Bío Investiga plantea que detrás de este tipo de hechos hay un problema que excede las capacidades del municipio.

A su juicio, el crimen organizado encuentra más espacio para instalarse justamente en comunas que arrastran años de abandono y una menor presencia estatal.

—Cuando el Estado retrocede o llega con menos fuerza a las poblaciones, ese espacio puede ser ocupado por otros actores, entre ellos el narcotráfico —opina.

Sobre las eventuales disputas entre bandas, Reyes es cauta. Dice que son la fiscalía y las policías las que deben determinar si los últimos homicidios tienen relación entre sí y qué organizaciones están detrás. Desde el municipio, afirma, están disponibles para colaborar con los antecedentes que se les pidan.

La alcaldesa también enumeró parte de las medidas que han impulsado durante los últimos años. En 2023, por ejemplo, el municipio creó la Dirección de Seguridad Pública y Humana. A eso se sumó el derribo del primer mausoleo narco del país (a un miembro de Los Marchant), lugar donde después se construyó una plaza con juegos infantiles.

Durante 2025, agrega, se retiraron más de 130 cámaras instaladas irregularmente y utilizadas por organizaciones delictivas. También se han realizado operativos junto a las policías, retiros de mausoleos y otras estructuras asociadas al narco, además de intervenciones en plazas, luminarias y espacios públicos.

Para Reyes, ese trabajo también forma parte de la disputa por los barrios.

—Recuperar una plaza, mejorar la iluminación o transformar un espacio abandonado es una forma concreta de disputar territorio al crimen organizado —asevera.

Pero, según advirtió, ese esfuerzo tiene un techo:

—No podemos enfrentar este fenómeno únicamente con acciones reactivas cada vez que ocurre un homicidio o un hecho de alta connotación pública.

En ese punto, la alcaldesa pidió una mayor presencia del Estado. En concreto, más policías, mejoras en la capacidad investigativa para seguir la ruta del patrimonio, un plan de desarme en las poblaciones y recursos permanentes para intervención social y urbana.

También cuestionó la falta de financiamiento. Según afirma, este año Lo Espejo no ha recibido recursos del Ministerio del Interior para este tipo de intervenciones.

—Enfrentar al crimen organizado requiere mucho más que reaccionar frente a la contingencia —sentencia.

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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

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