El primer ministro de Italia, Giuseppe Conte, ordenó en la noche del sábado el cierre de las empresas y fábricas no esenciales en todo el territorio nacional, detener una pandemia que en un mes provocó la muerte de 4.825 personas en el país.

“La decisión tomada por el gobierno es cerrar toda actividad productiva en el territorio que no sea estrictamente necesaria, crucial e indispensable, para garantizarnos bienes y servicios esenciales”, dijo Conte en un mensaje al país transmitido por televisión.

Conte agregó que farmacias, supermercados y tiendas de alimentos, servicios postales, financieros y de seguros, además de transporte continuarán operando.

“Estamos desacelerando el motor productivo del país, pero no lo estamos deteniendo”, dijo, para añadir que se trataba de una “decisión difícil”.

“No podemos ocultar la realidad que está todos los días ante nuestros ojos. Es la crisis más grave que ha experimentado el país desde la Segunda Guerra Mundial”, dijo.

“Las medidas adoptadas toman tiempo antes de que entren en vigencia. Debemos continuar respetando todas estas reglas con paciencia y confianza”, continuó.

Las medidas “son graves, lo sé. Pero no tenemos otra alternativa. Tenemos que resistir, es la única forma de protegernos a nosotros mismos y a quienes amamos”, agregó.

El 9 de marzo, el gobierno había decretado la prohibición de reuniones y severas restricciones a los viajes por todo el país, solo autorizado por razones profesionales o imperativas.

“El sacrificio de quedarse en casa es mínimo en comparación con el de otros conciudadanos, que corren mucho más riesgo”, señaló, como “médicos, enfermeras, fuerzas del orden, fuerzas armadas, trabajadores de supermercados, farmacias”.

El primer ministro, sin embargo, no especificó la lista de actividades consideradas esenciales, pero explicó que ha estado trabajando “con los sindicatos para hacer una lista detallada de los sectores más necesarios para el funcionamiento del Estado en esta fase de emergencia”.

Estos anuncios se produjeron después de numerosas llamadas de funcionarios del norte del país y de médicos que le pedían que reforzara aún más las restricciones a los italianos.

“El gobierno ha tomado una decisión muy difícil pero necesaria para proteger a los trabajadores”, reaccionó el alcalde de Bérgamo, Giorgio Gori, cuya provincia es la más afectada en Italia, junto con Brescia.

Además de los casi 5.000 muertos, unas 3.000 personas permanecen en cuidados intensivos en el país.