El mismo día que Ornella Uribe se disparó, su madre, Rosita, recuerda que vivió una serie de “situaciones extrañas”. Ella todavía no lo sabía. Al menos no oficialmente. Hasta entonces, Carabineros todavía no se presentaba avisándole que al interior de las dependencias del Labocar su hija había usado su arma de servicio.
En el fondo, Rosita lo intuía. O eso asegura ella. Por eso recuerda que cuando finalmente un oficial tocó su puerta la mañana de 15 de mayo, ella repitió una y otra vez “yo lo sabía, yo lo sabía”.
El día del disparo, Rosita estaba a poco más de dos horas de distancia de su hija. Ella en Freirina, Ornella en La Serena. Estaba arreglando su casa y tenía a unos maestros construyendo. No se olvida que mientras compartían el desayuno entre todos, ella miraba la foto de su hija con el uniforme de la institución. Les hablaba de Ornella, orgullosa.
Las “cosas raras” vinieron cuando se pusieron a trabajar y un murciélago apareció vivo entre los ladrillos. O quizás días antes, cuando una paloma chocó sin parar contra la ventana o cuando los perros no dejaban de aullar. Como un mal augurio.
—Había algo en mí —recuerda Rosita.
Ese “algo” no venía de la nada. La madre sabía que su hija sufría hace meses de violencia intrafamiliar a manos de Esteban, su entonces pareja. Ella misma había interpuesto una denuncia en Carabineros que terminó en una orden de alejamiento y en un traslado de domicilio para Ornella. Llegó a acusarlo incluso de secuestro, pero la denuncia no prosperó.
Hoy, sigue mirando la foto de su hija sin entender por qué lo hizo. Bajo sus ojos, esto se trató de un suicidio femicida.
Un hombre “extraño”
Las primeras señales de que Ornella sufría agresiones por parte de Esteban comenzaron con su ropa. Sus amistades y familia recuerdan que cuando lo conoció, su forma de vestir cambió por completo. Usaba ropa ancha, sin colores y que idealmente no se le viera el cuerpo.
Después vino el aislamiento. Eliminó gente de redes sociales, dejó de asistir a compromisos y hasta se alejó de su familia.
En paralelo comenzaron los golpes. El cuerpo con moretones y heridas que a simple vista eran imposibles de ocultar.
—Ella era otra persona. Antes era extrovertida, alegre. Hacía manualidades —comenta a este medio su mejor amiga.
Su madre Rosita rememora. Desde un principio supo que Esteban “tenía algo extraño”. Según sus cálculos, Ornella partió su relación en abril de 2025. Ella recién vino a conocerlo en septiembre. Después de eso solo se presentó en otras tres ocasiones en su casa en Freirina.
Él era 25 años mayor que Ornella. Uruguayo. Ambos estaban inmersos en el mundo de las motos y fue en ese ambiente donde se encontraron. Poco sabían de su vida personal. Cada vez que Rosita le preguntaba a Esteban si estaba casado, si tenía hijos o si mantenía una relación con su exmujer, él respondía que “no le gustaba hablar de su vida privada”.
—Hasta le tiró los corridos a la hermana de Ornella— revela Rosita.
Violencia psicológica
Uno de los primeros conflictos que notó fue en octubre de 2025. Madre e hija estaban invitadas a un cumpleaños. Ornella se maquilló y se vistió mientras Esteban esperaba en el primer piso. Rosita lo describe así:
—Ella bajó con un vestido y tacos. Le dice: “Mira amor, voy a ir así”. Él se desfiguró entero.
Volvió a cambiarse. Le dijo a su madre que mejor iría con pantalones y una blusa. Rosita se demoró un poco más y bajó a los minutos. Ornella para entonces estaba llorando en el baño.
—Me dijo: “Mamá, lo que pasa es que mejor no voy a ir así. Es que Esteban se molestó —recuerda.
Comenzaron a discutir entre todos. El padre de Ornella también se involucró. Le planteó que no tenía ningún derecho a decirle a su hija cómo debía vestirse. Esteban les respondía que no tenía por qué darles explicaciones a ellos.
A la mañana siguiente Ornella se fue con Esteben a La Serena. Vivían allá. Rosita viajó dos días después para verla, pero Ornella no quiso juntarse. Se excusó que estaba trabajando. Más tarde se enteró que tenía el cuerpo lleno de moretones.
—¿Ustedes hasta esa celebración no sabían que le pegaba?
—Noooo, pero intuíamos que el tipo era machista y maltratador psicológicamente (…) Este tipo le levantaba la ceja y Ornella bajaba la mirada.
“Luchamos para que no la matara”
Ornella solo les había contado a sus amigas lo que estaba viviendo. Les pidió ayuda en más de una ocasión. Les enviaba audios o fotografías de lo que vivía. Un par de veces sus amigas la fueron a buscar a la casa y le ofrecieron alojamiento.
—Una la aconsejaba, pero ella volvía porque creía que él iba a cambiar. Muchas veces pidió ayuda, pero al final del día terminaba volviendo con él (…) Luchamos mucho para que no la matara —devela su amiga bajo reserva de identidad.
A principios de este año, Rosita recuerda que se fueron todos juntos a la playa de vacaciones.
—El tipo no la dejó bañarse con bikini. Ornella se puso un traje de baño y encima del traje de baño un short. Lo que nunca hacía Ornella.
El 15 de marzo Rosita se enteró de todo. Fue por un encuentro de motos al que ambos asistieron. Los testigos del evento recuerdan que Ornella apareció con las rodillas y codos llenos de heridas y en la misma moto que Esteban, no en la suya. Rosita asegura que ese día se puso celoso de un compañero y probablemente la arrastró o ella se lanzó arrancando.
—Yo cuando me enteré de todo lo que le hacía a mi hija le rompí los cuatro neumáticos de la camioneta. ¿Qué más puede hacer una mamá desesperada? Y que agradezca que no le quemé la ropa y las basuras que tenía en la casa de mi hija. Que solo se la tiré a la basura.
Orden de alejamiento
Los días previos al 15 de marzo la situación ya no daba más. Las amigas de Ornella le habían dicho que le contarían todo su madre si ella no se alejaba de una vez. Ella les pedía que por favor no lo hicieran.
Se fue a Argentina con Esteban el 17 de marzo. Sus amigas y su madre perdieron todo contacto con ella. Ya ni siquiera respondía los mensajes. Su madre pensó lo peor e interpuso una denuncia por secuestro.
—Fui a la comisaría y el capitán me dijo que no era su jurisdicción y que no podían hacer nada. Y además porque era mayor de edad y no era secuestro.
Así que dejó otra denuncia por violencia intrafamiliar. Ese fue el punto de quiebre. Cuando ambos volvieron carabineros los estaba esperando. Esteban quedó con una orden de alejamiento y tuvo que irse de la casa. Ornella fue trasladada a un departamento de solteros de la institución.
—Un carabinero me dijo que iba a ir buscar a Ornella y llevarla a los departamentos [de la institución]. También que le iba a quitar el armamento porque Ornella no estaba capacitada para cargar el arma, menos si estaba con esta cuestión de violencia intrafamiliar.
Su madre la ayudó a trasladarse. Recuerda que ese día la vio tranquila.
—Era como si hubiese respirado.
Ley Antonia
El 15 de mayo Ornella se disparó con su arma de servicio al interior de las dependencias de Labocar en La Serena. Cuando le avisaron a Rosita, entre todo lo que pensó, fue en el arma. No entendía por qué la tenía si le habían asegurado que durante tres meses no la podría usar.
Con su familia manejó lo más rápido que pudo desde Freirina a La Serena, pero en menos de dos horas el cuerpo de Ornella ya había sido levantado y el espacio limpiado. Le tocó verla en el Servicio Médico Legal.
Tras la denuncia, su madre sabía que Esteban incumplía la orden de alejamiento. Tenía una vecina que le mandaba fotos y le comentaba cuando los veía juntos en la casa.
El día que la encontraron, Ornella supuestamente dejó una nota al interior de su agenda. Decía tres cosas: que alimentaran a su gato, la marca de la comida y que la cremaran.
—¿A quién le dejó esa nota? —se pregunta su madre.
Tras lo ocurrido, el Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género (SernamEG), se contactó con la familia para recolectar la mayor cantidad de antecedentes. La directora regional del SernamEG Coquimbo, Priscilla Olivares Verasay, detalló que también establecieron una coordinación intersectorial con Carabineros, PDI y la fiscalía.
—Esto con el fin de recabar toda la información que permita esclarecer las circunstancias de los hechos y definir si estamos frente a un delito de violencia de género, específicamente el delito de suicidio femicida tipificado en la Ley 21.523, más conocida como Ley Antonia.
Sus amistades emitieron un comunicado que apunta en la misma línea.
“Queremos justicia, y también queremos que este caso pueda ser investigado con perspectiva de género y bajo la Ley Antonia, porque creemos que es importante que las instituciones comprendan el contexto de violencia que muchas veces existe detrás de estos casos. Pero además de justicia para ella, queremos dejar un mensaje a otras mujeres: no normalicen el control, los malos tratos, el miedo, las amenazas ni la violencia psicológica. La violencia no empieza con golpes; muchas veces empieza con aislamiento, manipulación y miedo”.
Pese a insistir en una respuesta a Carabineros, hasta el cierre de esta publicación no entregaron una respuesta y argumentaron que era “un tema delicado”. Bío Bío Investiga intentó ubicar a Esteban, sin resultados hast el cierre de esta edición.