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Domingo 04 agosto de 2019 | Publicado a las 13:38
Carolina de Mónaco: la princesa sin cuento de hadas
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Carolina de M√≥naco, la primog√©nita del Pr√≠ncipe Raniero III de M√≥naco y la actriz hollywoodense Grace Kelly, parece haber estado tocada por las decepciones a lo largo de sus 62 a√Īos, generando portadas que quiz√°s nunca hubiese querido protagonizar, pero dejando un legado de elegancia incluso en los momentos m√°s dif√≠ciles.

La princesa, √≠ntima amiga del fallecido dise√Īador Karl Lagerfeld, se cas√≥ en tres ocasiones, pero con resultados tan felices como nefastos.

Además, protagonizó escándalos que no sólo estuvieron en boca de la corte de Mónaco, sino que también en las portadas de revistas alrededor del mundo, que la veía como la heredera rebelde de los Grimaldi.

Entre las cosas buenas que han marcado su vida están sus cuatro hijos y siete nietos, que han llegado a entregar el amor que una joven Carolina buscó mientras se educaba en Mónaco y pasaba los veranos en Estados Unidos.

Mientras que entre lo malo, están las relaciones que terminaron de forma abrupta e incluso trágica, aunque hay una que todavía mantiene.

El playboy Philippe Junot

Vanity Fair se refiere al romance que result√≥ en el primer matrimonio de Carolina como ‚ÄúEl Romance de la d√©cada, el divorcio del a√Īo‚ÄĚ.

Hace poco m√°s de un mes, su hija Charlotte le rend√≠a homenaje con una prenda parecida a la que ella utiliz√≥ el mismo d√≠a, pero en 1978 cuando a los 21 a√Īos se encamin√≥ ataviada con un vestido de organza de la firma Dior para casarse con el playboy de la costa azul, el franc√©s Philippe Junot.

Philippe Junot, 17 a√Īos mayor, era un empresario, aficionado a los deportes, diplomado en Finanzas en Nueva York e hijo de Michel Junot, presidente de Westinghouse en Francia. Pese a esto, era conocido por ser el rey de las discotecas de Par√≠s y Nueva York.

Aunque también fue marcado por ser el joven que causó que Carolina fuera retratada en topless mientras disfrutaban el sol en la cubierta de un yate, lo que terminó con cualquier aspiración a un matrimonio real, como por ejemplo con el Príncipe Carlos, consigna Vanity Fair.

La rebelde y juvenil Carolina quer√≠a casarse con Philippe, pese a que sus padres no quer√≠an que se realizara el enlace. Se califica este d√≠a como el menos feliz de los pr√≠ncipes de M√≥naco, que vieron a su ni√Īa caer en los brazos del franc√©s que no quer√≠an para ella, sin embargo, el tiempo les dio la raz√≥n.

Dos a√Īos despu√©s, Carolina viv√≠a un matrimonio en la soledad, mientras que Junot -en honor a su sobrenombre de Playboy– estaba muy acompa√Īado. Tanto as√≠ que en los medios de comunicaci√≥n aparecieron imagenes suyas junto a Giannina Faccio, una chica de Costa Rica que era la supuesta secretaria de Junot, pero que se transform√≥ en la causa de la ruptura del primer matrimonio de Carolina.

De esa forma, el capricho de la primogénita de Grace Kelly terminaba y los medios de la época hicieron alarde de la situación cuando publicaron la información el 9 de octubre de 1980.

El resultado fue que Carolina solicitó la dispensa papal para volver a casarse por la Iglesia Católica, algo que consiguió, ya que se declaró nulo el enlace, debido a la incapacidad del esposo para hacerse cargo -por causas de naturaleza psíquica- de las obligaciones conyugales esenciales, lo que generó escándalo en la sociedad de la época.

El País comentaba en sus páginas que la princesa había puesto en el tapete un tema complejo, considerando su posición de privilegio frente al Vaticano, pero también la que otros habían tenido al momento de acceder a la anulación de sus enlaces, como por ejemplo, la hermana de Jacqueline Kennedy, Lee Bouvier, quien la consiguió para casarse con el príncipe polaco Radziwill.

Han pasado 38 a√Īos desde aquel divorcio, pero Junot sigue siendo parte de los negocios de la costa azul y volvi√≥ a las portadas en 2008, v√≠ctima de una estafa.

A su juicio, su papel en la familia Grimaldi no fue tan terrible como se comentó, por lo que dolido decidió escribir un libro de sus memorias, con el objetivo de sacar el estigma que pesa sobre él: haber sido sólo una locura de juventud para Carolina, consigna Vanity Fair.

El amor de Stéfano Casiraghi

Stéfano es catalogado como el gran amor de Carolina. Un hombre proveniente de una de las familias más ricas de Italia, quien le dio a la princesa toda la felicidad que Junot le había negado. Empresario y deportista, Cariraghi era el complemento perfecto para la familia real monaguesca.

La rebelde Carolina se cas√≥ con √©l cuando a√ļn no obten√≠a la nulidad de su primer matrimonio por parte del Vaticano, pero eso no fue impedimento para que lograra el enlace.

Stefano, quien consolidó su imperio gracias a negocios en el sector textil de Estados Unidos, conoció a la princesa en el verano de 1983, en una desoladora época para la joven por la reciente muerte de su madre, Grace Kelly, en un accidente de tránsito.

Carolina se enamoró de Stefano y sólo pasaron 6 meses para que decidieran casarse, aunque el detalle relevante es que la princesa escondía un embarazo que fue el primer hijo de la pareja, Andrea, a quien luego se sumaría Charlotte, quien nació en 1986, y Pierre, en 1987.

Casiraghi, además de empresario, era un aficionado al deporte y participaba usualmente en competencias de offshore, un deporte náutico en el que era el campeón mundial, destaca Vanity Fair. Sin embargo, nunca pensó que el deporte que tanto amaba, sería el mismo que le quitaría la vida.

El 4 de octubre de 1990, El País entregaba la noticia sobre la muerte del esposo de la mayor de los Grimaldi, producto del choque de su embarcación Pinot di Pinot, cuando intentaba sortear una ola mientras participaba en el Campeonato del Mundo offshore en Mónaco.

En ese momento, con s√≥lo 7 a√Īos de casados, la vida de Carolina y el principado se destroz√≥. Se le pudo ver afectada mientras asist√≠a al funeral del amor de su vida, con 3 ni√Īos a cuestas, lo que gener√≥ que la princesa tuviera un periodo de reclusi√≥n de dos a√Īos en Saint-Remy, una peque√Īa localidad de la Provenza Francesa.

S√≥lo aparec√≠a p√ļblicamente en contados eventos que exig√≠an su posici√≥n como parte de la familia real, mientras se recompon√≠a de su luto, bajo la denominaci√≥n de la “Princesa Triste” o “La Viuda de Europa”.

No llegaba a los 30 y su cuento de hadas se terminó, aunque vio un poco de felicidad en romances con Roberto Rossellini o Guillermo Vilas, como destaca Vanity Fair.

El título de un Hannover

Carolina continuaba su vida de la mano de sus tres peque√Īos, cuando lleg√≥ el pr√≠ncipe que le cambiar√≠a la vida, el alem√°n que habr√≠a sido el hombre perfecto para su madre, la princesa Grace, y que le dar√≠a el t√≠tulo que la pondr√≠a en lo alto de la realeza europea, ya que proven√≠a de la familia que durante a√Īos rein√≥ en Gran Breta√Īa.

Se trata de Ernesto de Hannover, el pr√≠ncipe alem√°n con quien se cas√≥ en una ceremonia privada en 1999, el mismo a√Īo que naci√≥ la cuarta hija de Carolina, la princesa Alexandra, duquesa de Brunswick y Luneburgo y princesa de Gran Breta√Īa e Irlanda, la √ļnica con t√≠tulo de sus reto√Īos, comentaba Cosas.

Aunque con esta uni√≥n Carolina volvi√≥ a brillar, esta vez como “Princesa de Hannover” y mostrando la faceta m√°s glamurosa de su vida, otra vez la felicidad fue esquiva para la princesa, ya que Ernesto protagoniz√≥ varios esc√°ndalos debido a su problema con las drogas y el alcohol.

Uno de los m√°s recordados ocurri√≥ en uno de los matrimonios reales m√°s importantes de la √ļltima √©poca, cuando el entonces pr√≠ncipe Felipe se casaba con Letizia Ortiz, la periodista que pasaba de ser plebeya a princesa, tal como un cuento de hadas.

Seg√ļn consigna El Mundo, Ernesto de Hannover protagoniz√≥ la anecdota m√°s conocida del enlace, ya que no particip√≥ de la ceremonia a la que deb√≠a asistir junto a Carolina, debido a la resaca que ten√≠a luego de haber tenido una escapada a la discoteca Gabana de Madrid, la que dicen que habr√≠a cerrado esa noche.

La humillación la vivió Carolina, que realizó a la rápida el paseo típico que realizan los invitados en la previa a la ceremonia, despeinada y en soledad.

Un par de a√Īos despu√©s se confirm√≥ lo inevitable, la pareja se separ√≥, tras los continuos desplantes que Ernesto realizaba a Carolina, lo que gener√≥ que la hija mayor de Grace abandonara la casa de Hannover y se refugiara en su M√≥naco natal.

Aunque llevan una d√©cada separados el divorcio a√ļn no es efectivo, por lo que Carolina a√ļn figura como la “Princesa de Hannover”, t√≠tulo que se le entreg√≥ y que tiene un peso mayor al de M√≥naco, raz√≥n a la que atribuyen el por qu√© a√ļn no se divorcia oficialmente, comenta Vanitatis.

Los √ļltimos a√Īos, la princesa que alguna vez caus√≥ sensaci√≥n en Europa, los dedica a vivir su papel como madre y abuela, participando activamente en la vida de sus hijos, aunque nunca dejando atr√°s su rol dentro de la familia real monaguesca.

Se le pudo ver junto a toda la corte en el matrimonio de su sobrino Louis Ducruet y Marie Chevallier, cuando llam√≥ la atenci√≥n al usar un vestido midi de manga ancha del dise√Īador Giambattista Valli, el mismo que dise√Īo el vestido de novia de su hija Charlotte, mencion√≥ Vanity Fair.

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