Algunas áreas urbanas, durante el verano, experimentan más calor que las zonas rurales, este fenómeno se conoce como islas de calor urbano (ICU) y puede llegar a tener efectos severos en la población.
De hecho, hoy los expertos las consideran uno de los desafíos más importantes para la habitabilidad de la ciudades modernas a nivel global, especialmente en zonas de altas temperatura.
Francisco Fuentes, líder de Sistemas Solares Térmicos en Fraunhofer Chile, explicó a BiobioChile qué pasa con este problema y cómo está afectando a algunas ciudades del país.
Resulta que este fenómeno se viene estudiando en Chile hace ya varios años. En 2016, un estudio hecho por el Departamento de Geografía de la Universidad de Chile, encontró que al interior de la capital hay importantes diferencias en la distribución de las temperaturas del aire, especialmente en las noches de verano.
“En Chile, este problema es transversal: desde el norte árido hasta las ciudades del sur, la acumulación de calor en superficies inertes y la falta de ventilación natural generan microclimas que pueden superar en 10°C a las zonas rurales circundantes”, señala Fuentes.
El experto explica que, según el Atlas de Riesgo Climático de Chile (ARClim), del Ministerio del Medio Ambiente, las ciudades que presentan mayor riesgo futuro por las ICU se concentran en la zona central, para el periodo 2035-2065.
Las más afectadas serían Santiago, Melipilla y Machalí, “ya que muestran una mayor intensificación del calor urbano en comparación con su entorno rural, lo que aumenta la exposición de la población a temperaturas extremas, especialmente durante el verano”.
¿Por qué ocurren las islas de calor urbano (ICU)?
Las ICU ocurren debido a factores como la infraestructura de las ciudades, por ejemplo, sus materiales como el asfalto y el hormigón, que atrapan más calor, “a esto se suma una menor ventilación entre edificios, la escasez de vegetación y el calor emitido por actividades humanas (transporte, industrias, aire acondicionado)”, dice Fuentes.
Además, durante las olas de calor, estas temperaturas se elevan aún más y el efecto de las islas “también impide que la ciudad se enfríe durante la noche, sometiendo a la población a un estrés térmico prolongado y sin descanso”.
Este fenómeno puede llegar a causar daños severos en la población, sobre todo en la salud pública. El experto apunta que las altas temperaturas a raíz de la ICU “provocan deshidratación, golpes de calor y agravan patologías respiratorias, pudiendo incluso aumentar la mortalidad“.
También tienen impacto en el sector energético, ya que “la retención de calor genera un mayor consumo de energía al disparar el uso de sistemas de aire acondicionado, aumentando la demanda eléctrica. Esto impacta negativamente en la resiliencia económica y ambiental de los municipios”, señala.
En consecuencia del mayor consumo eléctrico, aumenta la contaminación, deteriorando la calidad del aire y empeorando el efecto invernadero. “Por último, las ICU generan pérdidas económicas, investigaciones revelan que los costos económicos urbanos podrían ser 2,6 veces mayores para las ciudades al incluir el efecto de las islas de calor local en las pérdidas estimadas solo por el calentamiento global“, puntualiza.
¿Qué se puede hacer por las ciudades?
Fuentes dice que existen diversas medidas para mitigar las islas de calor. Por ejemplo, implementar cubiertas verdes en las ciudades, usar materiales fríos, instalar más infraestructura que haga sombra, paneles fotovoltaicos y sistemas de enfriamiento distrital (District Cooling).
Sin embargo, para abordar el fenómeno, primero hay que hacer un diagnóstico preciso y focalizado a nivel país, aclara, para comprender mejor la realidad local antes de crear alguna estratefia.
“Dicho análisis debe identificar las causas y evaluar el impacto potencial de las distintas soluciones, para posteriormente medir sus resultados en términos de reducción de temperatura, ahorro energético y rentabilidad climática”, concluye.