Investigadores de la Universidad de la Frontera (UFRO), en la Araucanía, están desarrollando árboles más resistentes a partir de microorganismos nativos. La iniciativa se creó en respuesta a los incendios forestales que azotan Chile cada año.
El proyecto en cuestión, utiliza microorganismos nativos del suelo para producir árboles más resistentes y así aumentar significativamente la supervivencia de especies nativas en terrenos que ya fueron degradados por el fuego.
Esto último porque actualmente, cuando se queman cerca de 12 mil hectáreas de bosque y luego se reforesta una superficie similar, solo aproximadamente un 40% de las plantas logran sobrevivir.
Además, entre 2024 y 2026, los incendios ya han afectado más de 28 mil hectáreas en todo Chile, con tasas de mortalidad muy altas en los procesos tradicionales de reforestación.
Esto demuestra que la superficie que se quema cada año avanza más rápido que la capacidad de los ecosistemas para recuperarse.
Árboles más resistentes
El objetivo es poder producir árboles nativos que, desde que comiencen a crecer, desarrollen mayor tolerancia al estrés hídrico, térmico y nutricional, propio de los suelos degradados, lo que aumentará sus probabilidades de sobrevivir.
El Dr. Andrés Fuentes, académico de la Facultad de Ciencias Agropecuarias y Medio Ambiente de la UFRO y líder del proyecto, explica en un comunicado que “hoy la reforestación post-incendio fracasa en gran medida porque las plantas se producen en condiciones muy favorables, pero luego se enfrentan a suelos degradados por el fuego, que tienen pocos nutrientes y un alto estrés ambiental”.
“En este proyecto lo que hacemos es preparar las plantas desde la germinación para que puedan adaptarse y sobrevivir bien en esos escenarios extremos”, aclara.
En 2025, Fuentes y su equipo hicieron una etapa piloto de 9 meses, donde evaluaron una estrategia eco-biotecnológica basada en complementar el sustrato de cultivo con microbiomas, es decir, con microorganismos naturales benéficos, presentes en suelos de bosques nativos.
“Uno de los principales problemas de la reforestación post-incendio es que las plantas producidas de manera tradicional no logran adaptarse al ambiente degradado que deja el fuego. Más del 60% puede morir durante el primer año”, apunta el experto.
Sin embargo, con la ayuda de los microorganismos, que son clave para el crecimiento de las plantas, los árboles podrán tolerar condiciones adversas como sequía, altas temperaturas y baja disponibilidad de nutrientes.
Durante esta primera etapa, los investigadores pudieron ver que los árboles desarrollaron características fisiológicas y genéticas que los hacen más tolerantes y resilientes al estrés ambiental.
“Son plantas que vienen preparadas para enfrentar condiciones extremas, lo que es clave en suelos afectados por incendios y en un contexto de cambio climático”, agrega Fuentes.
Los árboles que mostraron mejores resultados fueron el raulí, roble, peumo, maitén y quillay.
Este año, la iniciativa obtuvo el primer lugar nacional en el concurso “Desafíos para la Recuperación Post-Incendios”, de ANID. Ahora, el proyecto comenzó una nueva etapa que se extenderá hasta el 2027, donde buscarán aplicar este método en terreno, en áreas afectadas por incendios en La Araucanía.