Tamara Hoffman, psicóloga clínica que estudia la ecoansiedad en los jóvenes chilenos, conversó con BiobioChile sobre esta preocupación, cómo afecta la crisis climática en la salud mental y qué se puede hacer para lidiar con ella.
Por allá en 2017, la Asociación Estadounidense de Psicología (APA) comenzó plantear el concepto “ecoansiedad” para definir las inquietudes y preocupaciones de las personas ante la crisis climática. A la fecha, se sigue discutiendo su validez y los psicólogos no han llegado a un consenso al respecto.
¿La ecoansiedad es adaptativa? ¿Puede llegar a ser patológica? ¿Cuáles serían sus síntomas? Hay expertos que lo están estudiando a fondo, incluso en Chile. Los más afectados por estas preocupaciones suelen ser los jóvenes, personas ligadas al activismo climático o pertenecientes a pueblos indígenas.
Tamara Hoffmann, psicóloga clínica y candidata a doctora en Psicoterapia por la Universidad de Chile y la Pontificia Universidad Católica de Chile, está estudiando la ecoansiedad en jóvenes chilenos. La experta estuvo en el Congreso Futuro 2026, donde habló del tema y presentó algunos hallazgos.
En 2024, en el sondeo Juventudes y Crisis Climática, de INJUV, el 91% de los entrevistados (1.513 jóvenes entre los 15 y 29 años) afirmaron que el cambio climático tendrá efectos muy negativos o negativos en la calidad de vida de las personas.
Asimismo, el estudio mostró que la preocupación (21%), la tristeza (18%) y el miedo (12%) son los sentimientos más recurrentes a la hora de pensar en este tema.
Hoffmann conversó con BiobioChile en el Congreso Futuro, allí explicó que, pese a que es un problema evidente, todavía no se contempla como un trastorno psicológico y probablemente no llegue a ser patológica, aunque sí debe ser validada.
“Los psicólogos ambientales dicen que es adaptativa. Si una persona empieza a estudiar toda la evidencia científica que existe del cambio climático, claramente va a sentir algún grado de preocupación y de angustia. Pero puede llegar a tener elementos ya desadaptativos que ahí los psicólogos clínicos empezaron a estudiarlo desde una base más sintomatológica”, plantea, “va siendo adaptativa, no patológica, pero puede llegar a ser de preocupación clínica”.
¿Tengo ecoansiedad?
La evidencia científica ha demostrado que los adolescentes y adultos jóvenes son quienes se ven más afectados por la ecoansiedad, explica Hoffman, pero también activistas ambientales e investigadores que trabajan en estas temáticas, especialmente mujeres.
Igualmente se presenta en pueblos indígenas “que resultan más afectados debido a esta conexión que tienen con la naturaleza. Eso yo también lo estoy viendo en mi estudio cualitativo, con personas de comunidades Mapuche, Aimara y Rapa Nui”, señala.
Tamara dice que estas comunidades mencionan el malestar que la misma Tierra siente, porque ellos sienten con ella. Apunta que “la ecoansiedad en ellos es mucho más fuerte, porque no solo tienen conocimiento de lo que está pasando, tambien porque presentan esta cosmovisión desde su propia etnia y eso hace que estén mucho más afectados a nivel emocional por lo que está pasando a nivel planetario”.
También influye el contexto. Por ejemplo, “personas que viven en territorios afectados por zonas de sacrificio, por escasez hídrica, que han tenido algun tipo de trauma ambiental, como las que han vivido los incendios forestales en Viña y Valparaíso. Eso presenta mayores niveles de ecoansiedad porque conocen las consecuencias de lo que puede llegar a ocurrir”.
Ahora, ¿se puede diagnosticar la ecoansiedad? Como dice la experta, no es una patología, pero “hay ciertos síntomas que podrían señalar que ya tienes que buscar ayuda psicológica”, como los pensamientos rumiantes, que ocurren cuando los sentimientos negativos comienzan a generar estrés, ansiedad y fatiga mental.
“Si estás pensando todo el día en las problemáticas ecológicas, el cambio climático, y eso te complica en tus actividades diarias o en tus relaciones interpersonales, ya tienes una señal”, añade.
En los jovenes se manifiesta a veces con acciones. Por ejemplo, jovenes que quieren hacer activismo, que comienzan a reciclar en sus casas o incluso que deciden llevar una alimentación vegana por las preocupaciones ambientales de la industria de la carne.
“Muchos padres, por ejemplo, invalidan estas emociones, les dicen que son exagerados o que se preocupan demasiado, y eso realmente es una invalidación emocional en los jóvenes que puede afectar en estas relaciones interpersonales”, advierte.
“La ecoansiedad también puede causar problemas en el sueño, insomnio, pesadillas recurrentes, hasta somatización en el cuerpo“, explica Hoffman, “ya cuando estamos viendo este grado de síntomas más complejos, claramente hay que hacer psicoterapia, buscar profesionales de la salud mental que puedan trabajarlo. Lo ideal es que los profesionales tengan conocimientos de la ecoansiedad”.
¿Por qué es importante validarla?
La experta plantea que invalidar la ecoansiedad sería caer en el negacionismo climático, y es crítica al respecto.
“Esto se ve en presidentes como Donald Trump, que niegan las problemáticas ecológicas del cambio climático y hasta quieren generar mayores problemas con estractivismo de materias primas en sectores que son de alta vulnerabilidad, como Groenlandia”, apunta, “invalidar estas emociones hasta llega a ser un acto político, porque están negando un problema grave a nivel planetario”.
“Si no se hacen cambios ahora, de aquí a unos años más, el futuro va a ser mucho más desesperanzador del que ya tenemos. Un ejemplo son los incendios que cada año son más en Chile, cada año hay más escasez hídrica, cada año hay sectores en Latinoamérica con más migraciones climáticas por inundaciones. Entonces es sensibilizar un problema grave que está existiendo”, añade.
Sin embargo, es importante que esta ecoansiedad sea guiada hacia la acción ambiental, aclara, “no hacia la desesperanza, sino hacia la búsqueda de un cambio”.
Hay varias razones por las que ocurre el negacionismo. Hoffman propone tres: la falta de educación ambiental; no tener las herramientas psicológicas para procesar un problema tan grave que recae en la negación; y por último, que la aceleración de la vida cotidiana hace que las personas sean indiferentes a lo que ocurre, el cambio climático, de hecho, podría llegar a ser la menor de sus preocupaciones.
Se puede lidiar con la ecoansiedad
La psicóloga es enfática al decir que la ecoansiedad tiene una base científica de peso, por lo que no hay razón para negarla. Lo importante es que haya, lo que ella llama “una esperanza activa”.
“No un optimismo simplista, sino una mirada de la acción, hacia la acción climática, la acción ecológica y todavía hay muchas razones por las que podemos tener esperanza. Hemos desarrollado tantas tecnologías. Hoy en día la IA puede ayudarnos a revertir las problemáticas ecológicas”, explica.
También apela al espíritu, Tamara expresa que “hemos logrado resistir tantas situaciones y la resiliencia humana es increíble, sobre todo a los más jóvenes: crean en su fuerza, en su rebeldía, en su ímpetu hacia el cambio y que ese espíritu de la juventud siga fuerte”.
Por último, advierte que “la naturaleza sigue su curso, independiente de que el ser humano la destruya, siempre va a resistir. De hecho, la naturaleza es más fuerte que nosotros mismos , los seres humanos somos más frágiles”.
“Hay razones para tener esperanza y si ya el malestar es mucho más grande, busquen ayuda psicológica, porque así pueden sentirse más acompañados frente a este problema a nivel planetario”, concluye.
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