Sociedad
La historia del terremoto de Concepción que sorprendió a Charles Darwin en Chile
Publicado por: Alberto Gonzalez
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Eran cerca de las 11:30 horas de la ma√Īana de ese 20 de febrero de 1835 cuando un fuerte sismo sacudi√≥ nuestro pa√≠s desde Concepci√≥n a Osorno, con una magnitud de 8,5 richter. Tras el primer remez√≥n vino otra desgracia, debido a que un maremoto arras√≥ las costas desde los r√≠os Cachapoal (regi√≥n de O’Higgins) hasta el Valdivia.

Seg√ļn relatan Francisco Encina y Leopoldo Castedo en la Historia Ilustrada de Chile, durante la tarde de ese fat√≠dico 20 de febrero el intendente de Concepci√≥n envi√≥ un oficio al gobierno central, relatando el horror y la destrucci√≥n de la ciudad.

“Un terremoto tremendo ha concluido con esta poblaci√≥n. No hay un templo, una casa p√ļblica, una particular, un solo cuarto; todo ha concluido: la ruina es completa. El horror ha sido espantoso. No hay esperanzas en Concepci√≥n. Las familias andas errantes i fujitivas; no hay albergue segura que las esconda; todo, todo ha concluido; nuestro siglo no ha visto una ruina tan excesiva i tan completa (SIC)”, escribi√≥ Boza.

Y es que el terremoto había sido de tal magnitud que las ciudades de Chillán y Concepción quedaron prácticamente en el suelo, dejando edificios en el suelo mientras una nube de polvo envolvía los escombros que se acumulaban por todos lados.

Mientras las réplicas se sucedían una y otra vez, desde las profundidades se escuchaban estampidos, como el de un volcán haciendo erupción, generándose además grietas y otros accidentes geográficos.

Seg√ļn relatan los historiadores, en el patio de la casa de uno de los vecinos de Talcahuano, “revent√≥ el suelo, vertiendo un agua hedionda y sulfurosa, y el mismo fen√≥meno se observ√≥ en varios lugares vecinos a Concepci√≥n”.

De acuerdo a los testigos, una columna parecida a un chorro de agua lanzado por una ballena emergió desde la bahía de San Vicente. Al desaparecer la columna de agua, se formó un enorme remolino, alimentando la hipótesis de una actividad volcánica en el lugar.

Pero no solo eso sucedió en el mar, puesto que una enorme ola arrasó con lo poco y nada que había quedado en pie a lo largo de las costas desde Constitución hasta Valdivia, aproximadamente.

De acuerdo a los datos de la √©poca, ciudades como Concepci√≥n, Chill√°n, Los √Āngeles, Talcahuano, Penco, Tom√© y Arauco, quedaron reducidas a escombros.

Seg√ļn una creencia popular, la tragedia hab√≠a sido provocada por los mapuche que fueron expulsados de Talcahuano. En venganza, √©stos habr√≠an tapado el volc√°n Antuco para que reventara en la bah√≠a de San Vicente.

Debido a lo precario de las comunicaciones de la época, se ha calculado la cifra de muertos por el terremoto en unas 120 personas, entre quienes perdieron la vida aplastados con restos de edificios y los que terminaron carbonizados por los cuentos de incendios que se generaron.

Sin embargo, no hay cifras oficiales que incluyan a los desaparecidos producto del maremoto, aunque se especula con un n√ļmero peque√Īo, debido a la baja densidad poblacional y que sucedi√≥ a plena luz del d√≠a.

El testigo privilegiado

Esa ma√Īana del 20 de febrero, un connotado hombre de ciencias descansaba en un bosque de Valdivia, cuando fue sorprendido por el terremoto. Se trataba del reconocido cient√≠fico Charles Darwin, quien se encontraba en nuestro pa√≠s a bordo del “Beagle” haciendo un viaje de exploraci√≥n por Sudam√©rica.

El destacado investigador, testigo privilegiado del fen√≥meno tel√ļrico, hizo un completo detalle de lo sucedido en su famoso libro “Viaje de una Naturista alrededor del mundo“, relatando c√≥mo hilos de lava descend√≠a desde el cr√°ter del volc√°n Osorno.

“Un terremoto trastroca en un instante las m√°s firmes ideas; la tierra, el emblema mismo de la solidez, ha temblado bajo nuestros pies como una costra muy delgada puesta sobre un fluido; un espacio de un segundo ha bastado para despertar en la imaginaci√≥n un extra√Īo sentimiento de inseguridad que horas de reflexi√≥n no hubieran podido producir”, relata.

Darwin relat√≥ tambi√©n como se vivi√≥ el tsunami en las costas,, se√Īalando el testimonio de una mujer que vio en la playa c√≥mo el agua se dirig√≠a r√°pidamente hacia la costa sin formar grandes olas, y subi√≥ r√°pidamente hasta el nivel de las grandes mareas, para luego recobrar su nivel a la misma velocidad.

Darwin r√°pidamente se dirigi√≥ a Talcahuano, hasta donde lleg√≥ trece d√≠as despu√©s del sismo. En ese lugar su mayor impresi√≥n fue ver c√≥mo la fuerza de las olas lanzaron un ca√Ī√≥n de cuatro toneladas hasta unos cinco metros de las fortificaciones del puerto.

“La costa entera est√° colmada de maderos y de muebles, como si un millar de buques hubieran ido a romperse all√≠. Adem√°s de las sillas, las mesas, las c√≥modas, etc√©tera, vense los techos de muchos cottages que han sido transportados hasta all√≠ casi enteros. Los almacenes de Talcahuano han compartido la suerte com√ļn y se ven tambi√©n inmensas balas de algod√≥n, de hierba mate y de otras mercanc√≠as”, comenta el naturista.

“En Concepci√≥n, cada fila de casas, cada mansi√≥n aislada, formaba un mont√≥n de ruinas bien distinto; en Talcahuano, al contrario, la ola que hab√≠a seguido al terremoto y que inund√≥ la ciudad no hab√≠a dejado al retirarse sino un confuso mont√≥n de ladrillos, tejas y vigas, y aqu√≠ y all√° alguna pared aun en pie”, se√Īala el sentido relato de Darwin.

Incluso, tuvo líneas para los saqueadores que hicieron de las suyas tras la tragedia.

“Los que hab√≠an podido salvar alguna cosa se ve√≠an obligados a velar de continuo, porque los ladrones se un√≠an a la partida, d√°ndose golpes de pecho con una mano y gritando “¬°Misericordia!” a cada peque√Īa sacudida, mientras con la otra mano trataban de apoderarse de cuanto ve√≠an”, se lament√≥.

Respecto del maremoto, Darwin refiri√≥ lo relatado por testigos, quienes se√Īalaron que poco despu√©s del sismo, se vio a una distancia de tres o cuatro millas, una enorme ola que avanzaba en medio de la bah√≠a, que derrib√≥ las casas y desarraig√≥ los √°rboles al avanzar con fuerza irresistible. “Llegada al fondo de la bah√≠a, se rompi√≥ en espumosas olas que se elevaron a una altura vertical de 23 pies (7,10 mts.) por encima del nivel de las m√°s altas mareas”, detalla.

Pero durante su relajo, Darwin tambi√©n alude a la posibilidad de una erupci√≥n volc√°nico, aludiendo incluso a la creencia respecto de la “venganza” de los mapuche expulsados de Talcahuano.

“Las clases inferiores, en Talcahuano, estaban persuadidas que el terremoto proven√≠a de que las ancianas indias que hab√≠an sufrido alg√ļn ultraje dos a√Īos antes, hab√≠an cerrado el volc√°n de Antuco. Esta explicaci√≥n, por rid√≠cula que pueda ser, no deja de ser curiosa; prueba, en efecto, que la experiencia ense√Īa a esos ignorantes que existe una relaci√≥n entre la cesaci√≥n de los fen√≥menos volc√°nicos y el terremoto”, se√Īala.

No obstante el mito, resalta la actitud de los habitantes de las zonas siniestradas.

“Confieso que vi, con gran satisfacci√≥n, que todos los habitantes parec√≠an mis activos y m√°s felices de lo que hubiera podido esperarse despu√©s de tan terrible cat√°strofe. Se ha hecho observar, con cierto grado de verdad, que siendo general la destrucci√≥n, nadie sent√≠a m√°s humillado que su vecino, nadie pod√≠a acusar a sus amigos de frialdad, dos causas que a√Īaden siempre un vivo dolor a la p√©rdida de la riqueza”, concluye.

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