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A sus 81 años, el kinesiólogo chileno Ramón Cuevas sigue en activo, impartiendo clases y atendiendo pacientes gracias a su innovadora terapia "Cuevas Medek Exercises" (CME), que ayuda a niños con síndromes neurológicos a mejorar su autonomía. Tras una carrera de 56 años, Cuevas ha logrado avances significativos en la rehabilitación de pacientes con parálisis cerebral y otros trastornos.
Ramón Cuevas, a sus 81 años, se encuentran plenamente activo. Con una carrera profesional de 56 años, el kinesiólogo chileno, tiene bastante energía para seguir atendiendo a sus pacientes e impartir clases.
De su propias observaciones, Cuenta Ramón, descubrió la terapia “Cuevas Medek Exercises” (CME), un método innovador que ha desarrollado para que niños que nacieron con un síndrome neurológico, puedan mantener un grado de autonomía en sus movimientos.
Así pues, desde que se tituló como kinesiólogo en la Universidad de Chile, ha podido aportar con su aguda mirada sobre la condición médica de muchos niños con problemas de movilidad.
En conversación con BioBioChile, Ramón relata que tuvo la posibilidad de ser publicista, pero la desechó, porque la consideraba un medio frívolo. De este modo, aprovechó de postular a kinesiología en la Universidad de Chile, que le permitía una mayor libertad. “Eran 200 postulantes para 42 vacantes”, rememora Cuevas. “Fue una necesidad de tener algo propio y después se fue dando el descubrimiento de mi terapia”, afirma el kinesiólogo. “Fui buen estudiante, lo tomé muy en serio, aunque me costaba las clases que tenía en la morgue”.
Después de terminar sus estudios universitarios, Cuevas quiso capacitarse fuera de Chile, para tener un punto de vista diferente de cómo se abordaba su disciplina.
La búsqueda de nuevos horizontes
Asimismo, al tener una personalidad inquieta, Cuevas buscó en Venezuela, la educación que creía que le hacia falta. “Es algo inexplicable, pero sentía una necesidad de salir de Chile a buscar nuevos horizontes”.
En 1970, Ramón viaja a Caracas y trabaja activamente en el Departamento de Fisioterapia de la Asociación Venezolana de Padres y Amigos de Niños Excepcionales. Una vez en el lugar, junto a un equipo multidisplinario y monitoreado por eminencias en la materia, empezó a tratar a pacientes con parálisis cerebral y síndrome de Down.
Más aún, el profesional chileno, llegó a aplicar el paradigma clásico a cada niño, con resultados dispares durante sus observaciones. Así pues, al revisar la evidencia de sus últimos tres años ejerciendo en el centro venezolano, Ramón experimentó con un nuevo enfoque, que sería la base de la terapia “Cuevas Medek Exercises” (CME).
De esta manera, Cuevas expuso claramente a sus jefes de la institución venezolana, su propósito terapéutico: “No tengo miedo de parar o hacer cosas en el aire con un niño de 10 meses que tenga parálisis cerebral y espasticidad (músculos tensos y rígidos)”. “Yo sentía que los niños que uno recibía, no te podían responder, no estaban en este mundo con atención, tenían lesiones y entonces no podía pedir colaboración a un niño de seis meses o de un año que tenía un síndrome neurológico”, resume el kinesiólogo.
“En el cerebro tenemos el potencial de hacer muchas cosas”
Con esta nueva meta, Ramón buscaba provocar reacciones motoras de origen genético, que se encuentran en el ADN del ser humano. En síntesis, busca que el terapeuta, provoque todos los movimientos posibles, ya sea sentarse o pararse, según las posibilidades biomecánicas y potencial de reorganización del cerebro de cada niño, pero si el cerebro del niño no tiene el potencial de reorganización, existe la posibilidad de que la terapia CME no sea lo indicado para el tratamiento. “Mi idea fue provocar una reacción con tomadas específicas (distales) para que el cerebro dé la respuesta y responda a ese pequeño reto que le estoy haciendo con mis manos en el aire o en una mesa”, explica Cuevas a BBCL. “La idea es provocar reacciones que estén ausentes”.
“Yo digo que uno no aprende a caminar, uno camina porque está la fuerza de gravedad, también está la normalidad genética que te impulsa a hacer las cosas”, puntualiza Cuevas. “En el cerebro tenemos el potencial de hacer muchas cosas. El ser humano, está formado para el desafío, ¿por qué hay gente que sube el monte Everest? porque está ahí y hay que subirlo”, destaca el kinesiólogo a la presente redacción.
Desde entonces, Cuevas ha atendido con cercanía a centenares de niños y a sus familias, en los cursos que dicta todas las semanas, en la clínica que lidera.
También hay un grupo de terapeutas de diferentes nacionalidades, que están aprendiendo junto a él, mientras atiende a los niños en su consulta, brindando un trato humano y acorde a las expectativas de cada familia. “En una semana puede llegar un niño que no puede ponerse de pie”, explica Ramón, sobre cómo funcionan sus consultas. A lo que agrega: “Puede llegar un lunes y ya para el viernes, lo tengo por los tobillos y el niño ya puede soportar el control de la rodilla y la cadera”, explica a BBCL.
“Esta terapia permite observar la reacción del cerebro, del niño, su capacidad de organización, porque cada ejercicio tiene un objetivo preciso del cual el niño debe aportar un porcentaje de respuesta”, afirma Ramón Cuevas a BBCL. “Estamos trabajando con lo mejor que tiene el ser humano, el potencial del cerebro de recuperarse”, puntualiza.
Pamela Delaporte, quien es kinesióloga e instructora de CME, trabaja en neurorehabilitación pediátrica. En entrevista con BBCL, declara que la terapia de Ramón Cuevas, “ofrece un poquito más, cuando los niños tienen una discapacidad más severa y cuando las características personales de ese niño lo permite”.
Según la especialista, la terapia tradicional facilita que un niño camine en andadores y ocupe órtesis (férulas, plantillas, corsés o rodilleras). Si bien estos dispositivos permiten que “se mantengan estables”, Delaporte opina que “quitan la movilidad”. Mientras la terapia CME “es una provocación de respuestas motoras que estaban anteriormente ausentes, para que el cerebro devuelva esta información, como una respuesta automática”, añade. “Lo que se habla en CME, es que uno puede sacar el máximo potencial neuronal de cada niño”, afirma la kinesióloga a BioBioChile.
Una terapia que cambia vidas
A raíz de los avances demostrados en su terapia, Ramón aún recuerda a sus primeros pacientes, los niños con parálisis cerebral y espina bífida, que llegaba a atenderse con él. Fueron ellos y su espíritu, que lo han motivado a seguir todos estos años.
Eso sí, Ramón sostiene que hay casos puntuales, de niños de dos y tres años, donde pueden caminar sin aparatos. No obstante, dependiendo de la capacidad de organización del cerebro, es probable que el paciente muestre avances significativos, ahora bien, si el cerebro se encuentra gravemente dañado no será posible provocar una respuesta. “CME no es una terapia de mantenimiento para que el niño se mueva, se trata de una terapia de maduración y de cambio positivo”, apunta Cuevas.
Para Daniela Vásquez, la terapia CME, marcó un precedente con su hijo Rafael, que nació con lisencefalia, una enfermedad genética que afecta el desarrollo psicomotor. Según relata a BBCL, “en el caso de Rafael, vimos respuestas que no habíamos observado antes, tanto en activación como en control postural y tono muscular, a una velocidad que nos sorprendió dentro de su condición neurológica. Para nosotros fue un punto de inflexión en su proceso”.
“Además de su aporte técnico, don Ramón es una persona muy sabia, de gran calidad humana, muy exigente y rigurosa en la formación de sus alumnos —de la vieja escuela, en el buen sentido—, con un estándar alto que se nota en quienes se forman con él. Siempre nos llamó la atención que en los intensivos en Chile había terapeutas de muchos países capacitándose, lo que demuestra el reconocimiento internacional de su método”, complementa Vásquez.
También Cuevas es categórico en señalar que en varias oportunidades, hay un porcentaje importante en el que no fue capaz de ayudar, donde no pudo hacer reaccionar al paciente. “Eso pasa, si a Dios no se juega”, precisa a BBCL.
“Yo creo que hay que tener humildad con esto, cada vez que un niño con daño cerebral, es un desafío que no vas a saber si va a reaccionar. Entonces hay que trabajar con humildad y sobriedad”, complementa. “Debe haber algo bonito en la terapia que me ha alimentado mi energía, al nivel de que todavía estoy trabajando igual que antes”, confiesa Ramón.
Respecto al aporte realizado por tantos años, el kinesiólogo aborda que ha perfeccionado su trabajo con estadías, en Canadá, Estados Unidos y parte de Europa, aunque cree que sin dudas, el cambio de paradigma que ofrece es de difícil asimilación para las terapias tradicionales.
“Llegué como 100 años antes, nadie es profeta en su tierra”, remata.
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