Un médico anestesiólogo fue condenado este martes en Argentina por un caso de mala praxis, que terminó con la muerte de Valentín Mercado Toledo, un niño de 4 años que murió durante una cirugía programada en 2024.
El hecho ocurrió en julio de 2024 en la provincia de Río Negro, cuando el médico anestesiólogo Mauricio Atencio Krause operó al pequeño Valentín, pero habría estado más atento a su celular, consignó el portal argentino Perfil
La condena se da luego de un largo proceso judicial que reconstruyó minuto a minuto lo ocurrido el 11 de julio de 2024 en el Sanatorio Juan XXIII de General Roca en Río Negro.
Cirugía
Valentín había sido internado para una intervención por hernia diafragmática, definida por el equipo médico como una cirugía de baja complejidad. Sin embargo, durante el procedimiento sufrió una grave falta de oxígeno que derivó en un daño neurológico irreversible.
De acuerdo con la investigación, durante al menos diez minutos no se registraron signos vitales esenciales, como presión arterial y oxigenación.
La fiscalía sostuvo que el anestesiólogo no monitoreó de manera continua al paciente, se distrajo con su teléfono celular y llegó incluso a retirarse del quirófano para buscar un cargador, sin dejar a otro profesional a cargo.
El fiscal Gastón Britos Rubiolo afirmó que la conducta del imputado combinó impericia, negligencia y violación de los protocolos básicos de anestesia.
“Solo debía observar el monitor o al paciente para advertir lo que estaba ocurriendo”, sostuvo durante su alegato.
Según la acusación, esa conducta provocó una encefalopatía hipóxico-isquémica, una lesión cerebral causada por la falta de oxígeno y flujo sanguíneo.
Juicio
El juicio se desarrolló en tres audiencias realizadas en noviembre pasado, y el 3 de febrero se discutieron las penas. Tanto el Ministerio Público Fiscal como la querella, representada por los abogados Miguel Ángel Zeballos Díaz y Agustín Aguilar, coincidieron en solicitar la pena máxima prevista para este tipo de delito, junto con una inhabilitación amplia para ejercer la medicina. La defensa, en cambio, pidió el mínimo legal y propuso que la eventual prohibición se limite al ámbito pediátrico.
Más allá del debate jurídico, el proceso expuso el impacto emocional del caso. Los padres de Valentín, Ariana Toledo y Daniel Mercado, esperaron durante horas noticias mientras la cirugía se extendía mucho más de lo previsto.
Cuando finalmente pudieron verlo, el niño estaba en terapia intensiva, sedado y conectado a múltiples dispositivos. Las explicaciones que recibieron fueron confusas y, con el paso de los días, contradictorias.
Durante casi una semana, la familia transitó un período de incertidumbre extrema. Aunque los médicos hablaban de evolución, el estado del niño empeoró: sufrió convulsiones, fiebre y fue diagnosticado con diabetes insípida, síntomas que eran indicadores de muerte cerebral.
Una psicóloga que declaró en el juicio calificó ese proceso como una “estafa emocional”.
Verdadero diagnóstico
El momento más revelador llegó cuando Ariana solicitó un certificado médico para presentar en su trabajo. Fue en ese momento que leyó, por primera vez, una referencia a la muerte encefálica.
El diagnóstico fue luego corregido a mano por personal administrativo, sin una explicación clara. Recién seis días después de la operación, una junta médica confirmó el estado de salud de Valentín.
“Durante esos días hubo estudios, médicos y todo el tiempo le decían que tenía que estar tranquila, que debía esperar la evolución. Pero sabían lo que había pasado en el quirófano. Fueron siete días de incertidumbre, recibieron un trato muy cruel. Ariana pasó un momento que, como padre, nunca quiero pasar en la vida: con su hijo en brazos escuchó ‘mami, lo vamos a desconectar"”, indicó el abogado Zeballo Díaz, consignó Clarín.
Tras la desconexión, la familia denunció lo sucedido y se inició una investigación que también reveló que, durante la crisis intraoperatoria, fue necesario convocar de urgencia a otros tres anestesiólogos y una cirujana pediátrica, cuando el daño ya había sido causado. Para la fiscalía, esa reacción reforzó la gravedad de la conducta inicial.
Este martes se conoció que el médico fue condenado a tres años de prisión condicional y inhabilitación especial para ejercer la medicina durante 10 años.